Acción ciudadana en Red: los movimientos sociales en la Era de Internet (IV y final)


Por MSc. Waldo Barrera Martínez

En las entregas precedentes abordamos algunos de los principales elementos teóricos de los denominados Nuevos Movimientos Sociales (NMS), el impacto que han tenido en estos las denominadas Tecnologías de Empoderamiento y Participación (TEP), dando lugar al surgimiento de los Movimientos Sociales en Red (MSR); analizamos, asimismo, las características de estas nuevas formas de actuación social y las acciones que los identifican, entre otros elementos.

A la hora de evaluar los impactos de los MSR en diversos ámbitos, la tendencia en una buena parte de los estudiosos ha sido la de valorarlos como un todo y no a partir de las diversas dimensiones que las TEP pueden tener para aquellos en específico. Concluimos esta serie, por tanto, presentándoles una propuesta que permite analizar con mayor objetividad este particular.

Dentro de los MSR, constituye un referente obligado el de la denominada Primavera Árabe, una cadena de sublevaciones populares iniciada el 17 de diciembre de 2010, en Túnez. Ese día, un joven vendedor de frutas, desesperado, frustrado, y sin horizontes, para protestar por una acción de la policía que lo dejó en paro, vació encima de sí el contenido de un bidón de gasolina y prendió fuego. Mientras se debatía entre la vida y la muerte –ocurrida 18 días después–, protestas sin precedentes se extendían como reguero de pólvora por todo el país, gobernado desde hacía 23 años por Zine El Abidine Ben Ali, quien, como resultado, debió abandonar el poder y buscar refugio en Arabia Saudita.

Tales acontecimientos constituirían el detonante de un importante proceso histórico casi sincrónico, desarrollado hasta varios meses después. Como resultado, se produjo la caída de las dictaduras de Hosni Mubarak (Egipto), Saleh (Yemen), la guerra civil en Libia, y manifestaciones en Argelia, Líbano, Jordania, Mauritania, Sudán, Omán, Arabia Saudí, Siria, Yibuti, Irak, Somalia, Bahréin, Kuwait y Marruecos.

Al referirse a los elementos comunes en los diversos países implicados en las revueltas, Yves González-Quijano, investigador del Institut Français du Proche-Orient, de Damasco, y autor de importantes libros sobre la temática, expresa «que se caracterizan por formas de movilización y de acción que otorgan un lugar muy importante a las últimas tecnologías de la información y de la comunicación. Este aspecto se ha vuelto incluso tan dominante que casi todo comentario sobre la primavera árabe implica que la palabra revolución esté acompañada de términos como Facebook o Twitter. Más que su carácter árabe, en definitiva, el acontecimiento parece constituirlo el hecho de que estas revoluciones 2.0 inaugurarían una nueva era en la cual el uso de las redes sociales da una dimensión inédita a la política» (González-Quijano, 2011). Es esa precisamente la tónica predominante en la mayoría de los análisis de los medios occidentales y en la diversa bibliografía existente en la Web, relativa al asunto.

Al respecto, el sociólogo estadounidense Duncan J. Watts, en su libro Six Degrees: The Science of a Connected Age, expresa:

«En vez de entender las redes como meros conductos a través de los cuales la influencia se propaga según sus propias reglas, [determinados autores] han tratado a las propias redes como una representación directa de la influencia. […] Implícito en la aproximación [a las redes desde el concepto de centralidad] está la asunción de que las redes que parecen ser descentralizadas, no lo son realmente. […] Pero, ¿qué pasa si no hay un centro? ¿Qué pasa si hay muchos centros no necesariamente coordinados ni incluso del mismo lado? […] ¿Qué pasa si pequeños sucesos repercuten a través de oscuros lugares por casualidad y encuentros fortuitos, disparando una multitud de decisiones individuales, cada una de ellas tomada sin una planificación tras de sí, y convirtiéndose por agregación en un suceso no anticipable por nadie, ni siquiera los propios actores? En estos casos, la centralidad en la red de los individuos o cualquier centralidad de cualquier tipo nos dirá poco sobre el resultado, porque el centro emerge como consecuencia del propio suceso» (Watts, 2003)

De tal modo, expresa Watts, que los defensores de este enfoque «en vez de entender las redes como meros conductos a través de los cuales la influencia se propaga según sus propias reglas, han tratado a las propias redes como una representación directa de la influencia.» (Watts, 2003)

En el caso específico de Egipto, los impulsores de la sublevación popular, estimaban reunir en la Plaza Tahrir de El Cairo, unos pocos miles de personas; sin embargo, llegaron a encontrarse allí casi 600 mil manifestantes, el 28 de enero de 2011 (Vaillant, 2016). Al cabo de una semana, se calculaba en ocho millones de personas las sublevadas, número que continuó incrementándose con el paso de los días (Maldonado, 2012).

Al referirse a estos hechos, muchos autores utilizan expresiones tales como revolución Facebook y revolución Twitter. Para Wael Ghonim ‒director de marketing de Google para el Oriente Medio‒, por ejemplo, la sublevación egipcia fue una revolución de Internet, a la que denominó revolución 2.0 (Swaine, 2011), señalando, además, que «Esta revolución empezó online [y] Arrancó en Facebook» (Bassets, 2012:347).

Ana Cristina Maldonado Jáuregui, por su parte, expresa que «la Primavera Árabe no solo marca un hito en la historia por las revoluciones que provocó, sino por la utilización de herramientas como el internet y las redes sociales para movilizar a las masas» (Maldonado, 2012).

Sin embargo ¿cómo explicar la importancia de Facebook y Twitter en un país donde sólo el 21,2% de la población tenía acceso a Internet, la tasa de penetración de Facebook era de tan sólo 7,66% y de 0,15% en Twitter, en marzo de 2011? ¿Cómo argumentar que en Facebook y Twitter se hizo la revolución cuando la primera plataforma sólo tenía en ese momento 6,586,260 usuarios egipcios y la segunda 131,204, de una población total de 85 millones de habitantes? (Dubai School of Government, 2011) ¿Qué importancia pudiera tener el uso de las TEP, en general, y las plataformas sociales, en particular, en un país donde ésta no es la regla sino la excepción para una minoría que podía acceder a ella, cuando más del 40% de su población vivía con menos de 2 dólares al día y el 30% era aún analfabeta? (Tavera, 2011).

A lo anterior debemos añadir, además, las fuertes medidas de censura oficial a Internet empleadas por el gobierno de Mubarak y la aplicación de la desconexión casi total de los servicios telemáticos ‒Internet y telefonía móvil‒, entre el 28 de enero y el 2 de febrero, dejando aislando al país de la red global en los momentos más álgidos de las revueltas ‒se calcula que entre el 88% y 93% de sus redes desaparecieron del mapa de Internet (Dainotti et al., 2011).

Evidentemente, los medios occidentales y muchos autores han subvalorado las importantes aplicaciones nativas del pueblo egipcio y su imprescindible papel para las movilizaciones. Entre estas, cabe destacar el tradicional volante en hojas A-4, escrito a mano o a máquina; el boca-oreja, los teléfonos de línea; la radio; las cadenas de noticias de televisión satelital panárabes, como Al Jazeera, BBC Arabic y Al Arabiya, e incluso Al Hurra, financiada por EE.UU., pero sobre todo las oraciones musulmanas vespertinas de los viernes, a las que acuden cientos, a veces miles de personas cada semana. Estas últimas, constituyeron los principales lugares de encuentro para los manifestantes, no precisamente por su valor espiritual, sino por la capacidad para reunir gente con poco o ningún esfuerzo (Mekay, 2011).

Con toda seguridad, no fueron solo las TEP las que harían posible el derrocamiento del gobierno de Mubarak, sino la hábil estrategia de comunicación aplicada por el movimiento social, que supo aprovechar las posibilidades de las tecnologías y de los mecanismos tradicionales. Para el periodista Emad Mekay, fue tan poderosa que aún hoy los medios occidentales dan poco o escaso crédito a los recursos de cambio social propios del mundo árabe (Mekay, 2011).

Según la activista egipcia Anur Gharbeia: «la red social es la gente en sí misma. Cosas como Facebook, Twitter, SMS y teléfonos son sólo herramientas sociales. Cuando bloquearon Facebook y la tecnología, nuestra red seguía operando porque es sobre la gente. Los activistas de Internet son sólo gente y mucha de nuestra organización, trabajo social y relaciones son desarrolladas offline» (Tavera, 2011).

Incluso, el cofundador y director de Facebook, Mark Zuckerberg, minimizó el rol de su plataforma en las revueltas: «Facebook no era ni necesario ni suficiente para desatar esos acontecimientos […] Sería extremadamente arrogante que una empresa tecnológica cualquiera se atribuya el mérito» (AFP, 2012).

Teniendo en cuenta lo anterior, consideramos que para lograr una valoración objetiva del impacto de MSR como el egipcio, es preciso enfocarlos a partir de tres dimensiones principales. Su repercusión en cada una de ellas pudiera ser diferente.

  • Como recursos de información: constituyen fuentes de conocimiento sobre los movimientos y sus agendas, para dar a conocer sus diversas acciones en los ámbitos nacional e internacional. Permiten romper eventuales barreras impuestas por los gobiernos y la maquinaria mediática al servicio de estos, logrando superar incluso las acciones de bloqueo tecnológico aplicadas por las fuerzas en el poder. No solo en calles y plazas; sus reivindicaciones y posiciones políticas circulan también a nivel mundial y logran visibilidad en los medios de comunicación de masas.
  • Como recursos de comunicación y coordinación: Facilitan la participación en los debates públicos y la realización de intercambios y la coordinación de acciones entre los diferentes actores. Incluye la coordinación informativa –para reforzar el conocimiento y la participación–; coordinación propositiva –para promover la acción–y la coordinación reactiva –de carácter defensivo. Los MSR no necesitan del apoyo de los grandes medios para coordinar y actuar; se comunican a través de la telefonía móvil e Internet ‒plataformas sociales, foros y webs. La difusión generalizada del mensaje entre amigos y conocidos, posibilita la creación de una cadena de comunicación capaz de movilizar a millones de personas.
  • Como recursos para captar adeptos y generar solidaridad en los espacios inmediatos, nacionales, e incluso a nivel global. Las TEP, han permitido sensibilizar y promover grandes manifestaciones de apoyo en todo el orbe, como lo fueron, por ejemplo, las protagonizadas en contra de los organismos y entidades rectoras de las políticas neoliberales mundiales.

A manera de conclusión, podemos afirmar que la incorporación de las TEP al repertorio de actuación de los NMS, ha provocado que el impacto de los denominados movimientos sociales en Red, sea superior al experimentado por las movilizaciones sociales ocurridas en diversas partes del mundo, y sobre todo en EE.UU., desde mediados del pasado siglo.

En los mismos, ha tenido lugar un significativo cambio en la manera de manifestarse los diferentes actores. En el nuevo paradigma, las TEP juegan un papel destacado, a la par de su propio desarrollo y expansión. La nueva arquitectura de convocatoria y protesta, el espacio híbrido (físico y virtual) como interfaz de acción, el surgimiento de nuevos actores y la pertenencia puntual a determinadas causas, están configurando un inédito prototipo de participación, creación e imaginación política.

Estos nuevos actores se han apoderado de las TEP, en general, y de las redes sociales de Internet (RSI), en particular, empleándolas como innovadores recursos de información, comunicación y coordinación y para captar adeptos y generar solidaridad en los espacios inmediatos, nacionales e internacionales, de manera creciente, a partir de 1995.

El poder de convocatoria generado por los MSR suele ser numeroso; sin embargo, el empleo intensivo de las TEP, y en especial de las RSI, no garantiza por sí solo la consecución de los altos fines de dichas formas de acción ciudadana, si no se combinan de manera hábil con las iniciativas físicas, en la calle, como quedó evidenciado en el caso egipcio y otras experiencias hasta el día de hoy.

Los MSR han demostrado, no obstante, las enormes posibilidades que como factores de cambio pueden tener. Por tal motivo, el tema amerita proseguir su observación, estudio y profundización futura.

A partir de la semana próxima, estaremos analizando en nuestras páginas las particularidades de algunos de los MSR más notorios de las últimas dos décadas.

Referencias Bibliográficas


AFP. (2012). Facebook dio a la primavera árabe un espacio para organizarse. Recuperado el 16 de septiembre de 2014, de El Nuevo Diario: http://www.elnuevodiario.com.ni/internacionales/240377-facebook-dio-primavera-arabe-espacio-organizarse/

Bassets, L. (2012). El Año de la Revolución: Cómo los árabes están derrocando a sus tiranos. Madrid: Editorial Taurus.

Dainotti, A. e. (2011). Analysis of Country-wide Internet Outages Caused by Censorship. Proceedings of the 2011 ACM Internet Measurement Conference. Berlin: ACM.

Dubai School of Government. (2011). Arab Social Media Report. Civil Movements: The Impact of Facebook and Twitter. Dubai School of Government, Vol. 1, No. 2.

González Quijano, Y. (2011). Las revueltas árabes en tiempos de transición digital: Mitos y realidades. Nueva Sociedad, No 235.

Maldonado Jáuregui, A. C. (2012). Análisis de la Primavera Árabe como un paso a la democracia en Egipto. Trabajo de graduación previo a la optención del título de Licenciada en Estudios Internacionales mención bilingüe en Comercio Exterior. Cuenca, Ecuador: Universidad de Azuay.

Mekay, E. (2011). COLUMNA: Las verdaderas herramientas de la Primavera Árabe. Recuperado el 16 de septiembre de 2014, de Agencia de Noticias IPS: http://www.ipsnoticias.net/2011/12/columna-las-verdaderas-herramientas-de-la-primavera-arabe/

Swaine, J. (2011). Egypt crisis: the young revolutionaries who sparked the protests . Recuperado el 16 de septiembre de 2014, de The Telegraph: http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/africaandindianocean/egypt/8317055/Egypt-crisis-the-young-revolutionaries-who-sparked-the-protests.html

Tavera, P. (2011). De lo virtual a lo real: Egipto y las redes sociales. Obtenido de El blog de ANCA.
Watts, D. J. (2003). Six Degrees: The Science of a Connected Age. London: Random House.

Vaillant Frías, O. (2016). Versión de la entrevista realizada al Licenciado en Relaciones Internacionales Otto Vaillant Frías, Embajador de la República de Cuba en la República Árabe de Egipto (RAE), en el período comprendido entre los años 2010 y 2014, y actual Director del ESTI. (W. Barrera Martínez, Entrevistador)

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