Antonio Muñoz: “El único requisito, respetar las cuatro letras”


MuñozPor Roberto Ariel Lamelo/Cubacomtemporánea

Lo primero que le dije a Muñoz al volver a verlo para culminar la entrevista prometida es que el día anterior había recordado que fue solo a raíz de haberse “mudado” él de Sancti Spíritus para jugar en Cienfuegos que yo me “convencí”, cuando apenas tenía diez años, de pasarme de las filas del Villa Clara para los hoy conocidos como “Elefantes”. Y que lo había recordado del modo más triste posible, pues horas antes de encontrarme con él esta vez me habían comunicado del fallecimiento de mi viejo.

A Muñoz no pareció interesarle mucho el detalle de mi cambio de filas. A fin de cuentas él también se había pasado de bando, ¿no? Más bien se preocupó por lo otro. Por mi dolor. Se interesó por mi viejo, dónde vivía, la edad que tenía, si estaba enfermo, y sin esperármelo me dijo: “Dime dónde es la casa, para pasar por allí y expresarle mis condolencias a tu familia”. Aclaro algo: Muñoz no es mi amigo. Yo quisiera que lo fuera… o quizás lo es, sin yo saberlo o sin que él lo sepa, pero que alguien que no te conoce se te ofrezca para cumplir el triste deber de expresar una condolencia a tus familiares, a los cuales él tampoco conoce, me dejó desconcertado. O más bien no. Me confirmó las ideas que desde niño mi viejo me hizo sentir sobre el ya entonces legendario número 5 del béisbol cubano.

Muñoz es un caballero. Un guajiro que nació en pleno monte, hace muchos años; que no tuvo, siquiera, la posibilidad que yo tuve para estudiar en una escuela con, digamos, “todas las de la ley”. Pero Muñoz me supera en estatura moral, en valores, a mí y a muchas personas. En las cuatro horas que conversamos jamás mencionó una ofensa contra el periodista que tuvo el altercado con él hace unos días en el Bucky Dent Park. Y el tema se abordó par de veces. Muy pocos llegan ahí. Ante personas así, independientemente de lo que crean, yo prefiero cantar cuatro bolas malas. O mejor dicho: prefiero poncharme.

Entonces comenzamos hablando de Faustino, de su curva, que si era mejor que la de Changa, y el Guajiro me atestiguó que sí. “La curva de Faustino era tan grande, que a veces yo pensé que me iba a dar un pelotazo y de pronto aquella bola caía… La de Changa era buena, pero no tan pronunciada. Fíjate que Faustino llegó a Italia, un día, a un juego… ya él estaba medio retirado y llegó así flaquito, con ese caminado medio raro que tenía, y cuando los contrarios lo vieron empezaron a hacer burlas. Contrarios que estaban activos en el béisbol, jóvenes… ¡23 ponches les metió esa noche! Y Pestano, Muñoz, ¿era mejor que Juan Castro?

Como Juan Castro ninguno y Pestano es bueno, pero el mejor, sin dudas, ha sido Juan Castro… Luego lo ayudé a pesar el equipaje, pues regresaba a Cuba en 48 horas. “Estás pasado de libras Guajiro” -le dije. Y él se sentó en el sofá, en una esquinita, como si fuera un niño pensando en un examen en la escuela, o como arrepentido de haber hecho algo malo, mientras parecía preguntarse: “Y ahora… ¿qué saco yo de ese maletín?”. Y en el quita-esto-mejor y el no-saques-eso-que-te-va-a-hacer-falta, comenzó la entrevista. La segunda parte.

Guajiro, hay quienes opinan que tras el retiro de los Muñoz, los Casanova, los Kindelán, los Pacheco, los Linares, Cuba no ha vuelto a tener un trabuco de pelota. Pero ahí está el segundo lugar en el Clásico Mundial de Beisbol de 2006. Otros dicen que antes de 1992 Cuba solo enfrentaba a “peloteritos” universitarios que al otro año rendían decorosamente en las Grandes Ligas. Pero ahí está el 1-1 ante los Orioles de Baltimore, o la derrota por la mínima y en el último inning ante los Senadores de San Juan. ¿Son suficientes estos tres argumentos contra quienes tratan de ensombrecer la grandeza de “aquel béisbol”?

Nosotros enfrentamos un buen béisbol. No solo enfrentamos a peloteros universitarios. Casi todos esos peloteros que enfrentaron a Cuba en aquellos años, principalmente los japoneses, dominicanos, y de otros países incluso, llegaron a Grandes Ligas y triunfaron en Grandes Ligas, lo cual sin dudas nos testifica una cosa: tenían calidad y nosotros los vencíamos. Nosotros teníamos calidad para estar en las Grandes Ligas.

Pero también enfrentamos seleccionados muy débiles, tan débiles que el hecho de apabullarlos constantemente y sin misericordia les hizo creer a muchos que éramos los mejores del mundo, y que nuestro campeonato nacional era, sin dudas, tan fuerte como las Grandes Ligas, y ese empate ante los Orioles parecía corroborarlo. Pero ¿y ahora?

Ahora sucede una cosa y no podemos negarla. La mayoría de los peloteros cubanos, te hablo de los de mejor calidad, han decidido venir a jugar para acá para las Grandes Ligas. Se han ido de Cuba. Por una vía o por la otra, y se ha perdido digamos ese pelotero “maduro” o “ya hecho”. Ha bajado el nivel sí, pero hay calidad. Hay talento para trabajar.

He recordado ahora a Juan Gelman, un poeta y escritor argentino que dijo: “Solo la esperanza tiene las rodillas nítidas. Sangran”. Tú que te raspaste las rodillas durante 20 años por ver el nombre de Cuba en lo más alto del parnaso beisbolero, ¿dónde tienes las esperanzas? ¿Sangras? ¿En qué piensas cuando ves los resultados recientes de Cuba en el beisbol?

La verdad es que no se está jugando un béisbol como el que nosotros jugábamos antes. Hay mucha juventud, pero se ha ido perdiendo esa experiencia adquirida por un grupo de atletas consagrados dentro del béisbol cubano. A muchos se les retiró por la fuerza cuando aún podían aportar más. Eso molestó a muchos de ellos. Y sí, me duele ver a Cuba en un nivel en el cual nosotros no estamos acostumbrados a estar.

Por este motivo, por el papel tan pobre que internacionalmente está desempeñando el beisbol cubano numerosas voces, y bastante autorizadas por cierto, reclaman el cambio de la estructura del Campeonato Nacional. Exigen la concentración de la calidad en, digamos, seis equipos. ¿Es Muñoz una de esas voces?

Esto ya se ha discutido unas cuantas veces, pero fíjate, ahora de lo que era la provincia Habana hicieron dos equipos: Mayabeque y Artemisa. Entonces, hacer eso que tú me dices, en una provincia X, después de que la provincia está trabajando con esos atletas, “quitarle” el equipo de pelota es quitarle la vida a esa afición; dejarlos sin béisbol, y dejar a un cubano sin béisbol…

Lo que sí te puedo decir, y que en este caso sería como una propuesta, es que a mí no me gustan las series divididas esas en que se juegan 45 juegos y luego los primeros ocho equipos son los que siguen jugando, mientras los otros se retiran del campeonato. Eso es fatal para el béisbol, que un atleta apenas pueda jugar 45 juegos. Pienso que debería hacerse como yo he visto se hace en los campeonatos de muchísimos países, incluido Estados Unidos, y es jugar una X cantidad de juegos superior a 70 u 80 y después sí, hacer un play off con los ocho mejores, como se hace aquí en Grandes Ligas. Es verdad que el campeonato nacional cubano necesita mejorarse, y que falta calidad en los atletas. ¿Qué calidad puede existir en los peloteros de ocho equipos que queden eliminados que al final jueguen solo 45 juegos en el año?

Y por suerte “apareció Japón”… pero después de aprobada la ley, en un año apenas cuatro peloteros han podido ajustarse a este nuevo esquema, que se maneja con hermetismo. Cuatro atletas este año… y la chapucería del pasaporte falso de Despaigne, la mala preparación que tenía Yordanis Samón cuando lo mandaron de “corre corre” para México y la lesión –ahora- del pitcher Vladimir García. ¿Tienes alguna opinión crítica o a favor de cómo se está llevando este proceso, o del proceso en sí?

Mira, si un atleta entrena en Cuba es Vladimir García. Y él tuvo una lesión en el brazo cuando estaba de refuerzo con Pinar del Río. No lanzó más, se fue de vacaciones como puede decirse ya que la Serie Nacional terminó. Pienso que se relajó, no entrenó lo suficiente para ir a mostrarse ante los japoneses -que, te aclaro, están entrando con fuerza en el “mercado del béisbol cubano”- y no lo hizo bien. Se está empezando ahora con esto de llevarse peloteros a jugar a Japón. Nosotros no tenemos esa experiencia. No existe esa experiencia. Pueden suceder estas cosas. Hay factores que el atleta no maneja, como puede ser saber cuándo va a venir un japonés a Cuba a “buscar” peloteros, pero yo creo que si a Vladimir “le avisaron” de la prueba, así haya sido con tiempo suficiente o no, y él no se sentía bien preparado, no debió presentarse.

Michel Enríquez dijo que no compartía la idea de que los peloteros cubanos que residan fuera de Cuba, puedan integrar la selección nacional. Eduardo Paret, por el contrario, opinó recientemente que él cree que todos merecen integrar el equipo Cuba. ¿Cree Muñoz que todos los atletas cubanos, independientemente del lugar donde residan, tienen derecho a representar a su país en los eventos internacionales?

Yo estuve al tanto de esas dos declaraciones y mi opinión es que se puede tomar un acuerdo entre las Ligas Mayores y la Dirección Nacional del INDER para lograr eso, porque al final ya ellos están aquí y tienen sus regulaciones propias de aquí. Pero sí te hago esta aclaración y me resulta fundamental: si esos peloteros van a representar a Cuba, tienen que hacerlo con calidad, con entusiasmo.

Pero supongamos que esta integración se logre, que se autorice. ¿Cómo armar este rompecabezas? Porque aparte de la confrontación que pudiera existir entre los atletas que se quedaron y los que se fueron, hay otras piezas muy diversas e históricamente opuestas.

Eso se logra con la convicción y el absoluto respeto a las cuatro letras que llevan en el uniforme y a la enseña nacional de su país. Siempre que esos atletas tengan eso claro, eso puede lograrse.

La labor de Antonio Castro en este aspecto y en la posible inserción de los peloteros de la Isla en la MLB, parece la de Don Quijote contra los molinos. ¿Conoces de alguien más que “allá arriba” esté a favor de este proceso?

Te voy a hablar con toda sinceridad. Con la sinceridad absoluta que me caracteriza. Esto se habló en Cuba, pero a mi entender fue un comentario callejero. Luego llego aquí a Miami y me dijeron lo mismo: que Tony estaba aquí haciendo gestiones de este tipo… porque al final, y esto no lo puede negar nadie, existe un tráfico ilegal de peloteros cubanos con destino final a Grandes Ligas, y eso debería frenarse, porque son en su inmensa mayoría personas jóvenes, atletas jóvenes, seres humanos que arriesgan su vida en el mar y salen de su país “a correr fortuna”… Tal vez yo no sea la persona más adecuada para hablar sobre eso, o emitir un criterio sobre lo que está haciendo Tony o si lo está haciendo o no, pero puede llegarse a un acuerdo, claro que sí. Y que ellos puedan salir, ir a jugar al extranjero y luego regresar y representar a Cuba en los eventos internacionales.

Voy a hablarte de un suceso triste de la pelota en Cuba. La sanción a Cheíto Rodríguez. Tú lo defendiste desde un inicio, más que por ser tu compañero, tu hermano, porque tu argumento parecía bastante sólido. ¿Qué significaban 80 dólares versus un cheque en blanco que el mismo atleta había rechazado unos meses antes? Según contaba el propio Cheíto en un documental, “quisieron enterrarlo” al extremo de que, probablemente, de haberse podido le hubieran prohibido hasta jugar en un pitén de barrio. ¿No crees que ahora, con la nueva política de contratación de los deportistas en clubes extranjeros y el correspondiente pago en dólares, en cifras como las que rechazó Cheíto, se justificaría una reparación moral, mucho mejor que el aquel “ya puedes jugar” que un día, demasiado tarde, le dijeron?

Yo fui uno de los que defendió a Cheíto. Lo defendió Víctor. También lo defendió Juan Castro. Pienso que moralmente, dentro del pueblo cubano, digamos, él está reconocido. Como atleta y ahora como entrenador. Lo que sí estaría de acuerdo es que al Cheo se le hiciera un reconocimiento público, porque nunca se le hizo, en un estadio delante de su público. En Cienfuegos donde jugó o en Matanzas donde actualmente se desempeña. Esto, repito, nunca se hizo, y es probable que por ello actualmente Cheo esté en la circunstancia que se encuentra. Un poco triste, decepcionado, deprimido quizás, porque fue un hombre que lo entregó todo por el béisbol. De eso yo no tengo dudas, y que no la tenga nadie: Él lo entregó todo, y yo pienso que ha recibido muy poco.

En Cuba se ha desatado una especie de lujuria del no-diálogo –o, digamos- un diálogo no tan pacífico entre Víctor Mesa y la prensa escrita. Digo escrita porque se sabe que los locutores de televisión -en su mayoría- son complacientes in extremis. ¿Crees tú que esa actitud de Víctor con la prensa es fiel con su credo, o que esta ha empeorado como reacción defensiva ante el hostigamiento de quienes exigen resultados en el béisbol y lo hallan a él cabeza de turco?

Yo creo que a Víctor le achacan culpas que él no merece. Él trata de hacerlo lo mejor que puede y la muestra palpable está ahí. ¿Quién sacó al equipo de Matanzas del sótano y lo puso de golpe en el tercer lugar y ahora en el segundo? Víctor. Nadie más que él. Es cierto que ha contado con el apoyo de la gente de Matanzas, pero ha sido su labor la que ha puesto a Matanzas en el lugar en el que está. Él se defiende. Víctor es un excelente ser humano. Es valiente, arriesgado. No tiene miedo y asume su culpa y sus errores. Quien dude de su capacidad como manager… Ahora se quedó sin Herrera y sin José Miguel Fernández, dos piezas claves en el equipo de Matanzas, y si Matanzas no gana ¿es su culpa?

Hemos llegado al final de esta entrevista. Ahora, dime ¿qué es para ti Cuba? ¿Qué es para ti ser cubano?

Para mí ser cubano representa muchas cosas. Cosas que nos enseñaron desde jóvenes. Amar nuestra bandera, nuestros símbolos, la palma… el busto de Martí en la escuela. Ser luchador, consecuente con sus sueños y sus creencias. Mira, ser cubano no es vivir dentro de Cuba. Ustedes mismos que están aquí… ¡Ustedes se sienten cubanos! Yo lo veo, lo percibo… como ese hombre que nos saludó en la calle allá en San Luis porque teníamos un pulóver que decía Cuba y nos saludó con tremendo orgullo. Uno viene aquí a este país, así como yo vine, que ahora estoy aquí, y ustedes me han dado la satisfacción, el cariño, un calor que es propio de los cubanos. Esa solidaridad. Eso es cubanía. Eso es ser cubano. Abrazarnos y ser hermanos independientemente de donde vivamos y de cómo pensemos.

 

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