Acción ciudadana en Red: los movimientos sociales en la Era de Internet (II)


Por MSc. Waldo Barrera Martínez

La pasada semana abríamos esta serie de artículos refiriéndonos a algunos elementos teóricos básicos para la comprensión del fenómeno que representan los movimientos sociales en red (MSR) y la importancia creciente que los mismos han adquirido en los últimos años en el terreno de la comunicación política.

En su designación inglesa, el sociólogo estadounidense Howard Rheingold, los acuñó también como flash mobs o smart mobs. En su libro Multitudes Inteligentes. La próxima revolución social, predice un futuro en el que las personas se organizarían a través de medios tecnológicos como los teléfonos celulares (1). La diferencia entre ambos términos estriba en que el primero se vincula a movilizaciones de carácter lúdico, cultural, y el segundo se utiliza para referirse a congregaciones con fines políticos o sociales, con un componente de reivindicación o protesta (2).

Según Rheingold, estas multitudes inteligentes tienen la capacidad de actuar de manera conjunta, convirtiendo los sistemas informáticos y de telecomunicaciones en «auténticos artilugios inteligentes de intercomunicación» (3). Es este detalle, en concreto, el que marca la diferencia con los movimientos sociales (MS) tradicionales.

Cristóbal Cobo Romani, partiendo de la definición de Rheingold, los describe como «Un grupo de personas que se reúne simultánea, transitoria y voluntariamente, sin que sea necesario que se conozcan con anterioridad, en un lugar público para realizar algo inusual o notable –suelen ser acciones simbólicas– para luego desaparecer de improvisto» (4).

Es preciso aclarar, no obstante, que no estamos ante un fenómeno completamente nuevo, pues los mismos guardan muchos elementos en común con los nuevos movimientos sociales (NMS) surgidos durante la segunda mitad del siglo XX.

La teoría sobre los NMS aparece como resultante de un cambio de mirada dentro de los estudiosos del tema, debido a que las corrientes precedentes se mostraron débiles o insuficientes al intentar unir las actuales presunciones con el contexto social de entonces. Es a partir del ciclo de protestas, iniciado a fines de la década de los cincuenta del siglo XX, con nuevos actores y formas de organización, cuando aparecen determinados rasgos distintivos que los diferencian de los movimientos tradicionales, como los obrero-campesinos, nacionalistas o comunistas (5).

Es importante precisar que en el caso de los MSR, el espacio digital no sustituye los repertorios, demostraciones y en general al plano físico u offline en donde los MS tradicionalmente han interactuado; es sólo la herramienta y el espacio público-social que podría contribuir en numerosos aspectos a la consecución de los fines de los MS.

Nacidos en EE.UU. como actos de entretenimiento, se ha registrado ya una cifra incalculable de ellos en casi todo el orbe con los más diversos fines. En un principio, asociados al uso del SMS como recurso de apoyo a las convocatorias físicas, evolucionaron después, a partir del desarrollo de Internet, y la explosión de las herramientas del universo 2.0, hacia el uso de las redes sociales de Internet (RSI) y otras plataformas, donde prima la filosofía colaborativa y de intercambio de información.

La investigadora Rocío Ortiz (6), basándose en estudios sobre una amplísima bibliografía de múltiples autores, distingue a los MSR, de:

  • Las acciones del repertorio de confrontación; es decir, de las tácticas de protesta colectiva organizadas, como las manifestaciones, huelgas, sentadas, etc., que forman parte de las estrategias de comunicación de los colectivos para llevar a cabo sus reivindicaciones.
  • Las protestas colectivas aisladas, acciones con mayor o menor grado de organización, cuyos objetivos pueden o no dirigirse al cambio social, iniciadas por colectividades que no vuelven a reunirse y no están vinculadas a un grupo con una identidad colectiva concreta perdurable en el tiempo.
  • Los estallidos espontáneos de comportamiento colectivo, fenómenos que se producen de forma súbita, sin organización previa, ante determinadas situaciones de pánico o furor colectivo no vinculados al cambio social, como los producidos ante catástrofes naturales, episodios de violencia o euforia colectiva.
  • Las asociaciones y redes sociales con objetivos privados y que no pretenden afectar al cambio social. No serían movimientos sociales aquellos grupos, asociaciones, o simples actividades colectivas cuya única pretensión es ocupar el ocio mediante actividades de juego, deportivas, artísticas, culinarias, entre otras.
  • Los partidos políticos que, aun cuando pretenden alcanzar el cambio social, lo hacen desde la esfera institucional, con una estructura organizativa vertical y jerarquizada y formas de acción convencionales.
  • Las ONG, que, si bien pudieran considerarse movimientos sociales por su defensa de objetivos de carácter público, se caracterizan por una participación más reformista ‒como la que se produce en los foros y encuentros internacionales‒, siendo objeto de críticas por la falta de independencia de muchas de ellas.

En la Era de Internet, como señala R. Cotarelo, «la importancia de la red es que se suprimen las barreras físicas al ejercicio ciudadano del derecho a estar informado acerca de la gestión de la cosa pública» (7), lo que facilita que el debate político se vea influido de manera creciente por los planteamientos de la sociedad civil en el ciberespacio; es decir, que «la red ha dado voz a los sin voz, los ha hecho visibles, les ha dado un lugar al sol»[8], puesto que «la acción política a través de la red tiene una resonancia, un alcance, una rapidez y una flexibilidad muy superiores a las formas tradicionales de actividad política» (9).

Entre las demandas de los MSR destacan, entre otras, las relacionadas con fenómenos resultantes de la globalización neoliberal, cuestionadoras del modelo capitalista contemporáneo, a partir de la denuncia de las malas prácticas laborales de empresas e instituciones trasnacionales, instrumentación de políticas de choque en la educación, la salud, los servicios sociales, la violación a los derechos humanos y la profundización de la democracia. No obstante, es posible encontrar en ellos también, usos y apropiaciones con proyectos que van desde la más extrema derecha –movimientos xenófobos o neofascistas, por ejemplo– hasta la más extrema izquierda, pasando por toda la escala de tonalidades existente entre ambos polos.

El Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Granada, Joaquín Fulleda (10), señala entre las acciones que definen los MSR, las siguientes:

  • Reuniones o asambleas virtuales.
  • Convocatorias para acciones offline.
  • Coordinación de acciones en tiempo real, a través de sistemas de mensajería instantánea (SMS, Chat, WhatsApp, etc.)
  • Información y difusión de acciones a tiempo real.
  • Búsqueda de adhesiones online mediante la recogida de firmas, envío de cartas a determinadas instituciones o parlamentarios, entre otras.
  • Boicot electrónico a determinadas empresas o instituciones nacionales o transnacionales, a través del envío de mensajes para colapsar la bandeja de entrada del receptor web (bombas de email)
  • Manifestaciones virtuales o sentadas online en las que se acude en masa a una web para bloquearla.
  • Ocupaciones ilegítimas de páginas web, a través del sabotaje con pancartas, grafitis virtuales o robo de información confidencial.
  • Introducción en sitios de instituciones u organizaciones de virus o troyanos informáticos.

El martes próximo, entraremos entonces a analizar las principales características de estos movimientos. Hasta entonces.

Notas


1- Rheingold, H. (2004). Multitudes inteligentes. La próxima revolución social (Smart Mobs). Barcelona: Gedisa, pp. 18.

2- Yuste, B. (2011). Del 11-M a Wikileaks, la revolución política en Internet. En J. Cerezo, Cuadernos de comunicación Evoca. 4 Comunicación política 2.0 (págs. 41-45). Madrid: Evoca Comunicación e Imagen.

3- Rheingold, Ob. Cit., pp. 18.

4- Cobo Romani, C. (2006). Las Multitudes Inteligentes de la Era Digital. Revista Digital Universitaria, pp. 4-5.

5- Perera Ramos, R. (2015). Movimientos 2.0. Memorias VIII Encuentro de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación y IX Congreso de la Unión Latina de la Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ICOM-ULEPICC 2015). Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba.

6- Ortiz Galindo, R. (2016). Los cibermovimientos sociales: una revisión del concepto y marco teórico. Communication & Society, Vol. 29, No. 4, pp. 169.

7- Cotarelo, R. (2010). La política en la era de internet. Valencia: Tirant Lo Blanch, pp. 19

8- Ibidem, pp. 107.

9- Ibidem, pp. 141.

10- Fulleda, J. (2012). Ciberturbas, movimientos sociales y nuevas tecnologías de la información y la comunicación. CLIVATGE, No. 1, pp. 100-101.

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