Primer debate presidencial en EE.UU.: el espectáculo político


Por: Eddy McDonald Torres emtorres@nauta.cu 

Cada cuatro años coinciden dos espectáculos muy diferentes que atraen la atención de todo el orbe, uno con características muy específicas y para un público doméstico como las elecciones en los Estados Unidos y, el otro los Juegos Olímpicos de verano, este último considerado el evento sociológico más importante del planeta, mientras el primero despierta interés allende sus fronteras por lo que implica la influencia de la superpotencia para el resto del mundo.

La política cual actividad omnipresente en las vidas de los ciudadanos se erigen cual vedette en tiempos de pandemia, donde todo cobra un significado mayúsculo en materia de organización social y económica, pues las decisiones de los gobernantes pueden salvar vidas o incrementar las cifras de fallecidos.   

Los debates televisivos forman parte de la campaña electoral y este martes correspondió al primero de ellos que puso frente a frente a los candidatos demócrata y republicano a la Casa Blanca. Como espectáculo caótico y virulento han calificado la mayoría de los medios especializados a este evento de unos 90 minutos aproximadamente, cuya sede fue en Cleveland, Ohio, uno de los estados pendulares que cambian su preferencia de una elección a otra y que el de cabello lenguado logró ganar en 2016.

Difícilmente los votantes indecisos puedan decantarse por uno u otro aspirante, debido a la falta de claridad en cuanto a planes para solucionar la profunda crisis que vive ese país, con un desempleo que alcanza el 8,4% y los efectos de la Covid-19 suman más de 6 millones de contagiados y 204.762 muertos. Además de la explosiva situación social con escandalosos excesos de los cuerpos armados -fundamentalmente contra los negros y otras minorías-, sin consecuencias apenas judicialmente hablando, lo que ha traído consigo sistemáticas protestas antigubernamentales, antirraciales e incluso aunque en menor medida antisistémicas paralelamente a un notable incremento de la venta, porte y uso de armas de fuego.

Sobre estos temas y el candente asunto del nombramiento por parte de Trump de una jueza conservadora para la vacante dejada tras el deceso de Ruth Bader Ginsburg, versó el show, más cercano a un Reality -donde el inquilino de la mansión oval se mueve como pez en el agua- que, a una vitrina para evaluar estrategias, propuestas, puntos de vista y políticas, encaminadas a resolver los acuciantes problemas de la nación.

Lenguaje tenso, interrupciones constantes de Trump a Biden, este le llamó payaso, mentiroso y le dijo que se callara en tono coloquial y firme, primaron en este teatro político.

Ante la interrogante recurrente en los últimos tiempos, sobre el traspaso pacífico del mando en caso de una derrota, Trump planteó no aceptar una derrota y cambió el foco de atención a las elecciones por correo descalificándola, llamándola fraudulenta.

En el tema de la violencia, tal vez se apreció la mayor falta de compromiso del mandatario para resolverla cuando respondía a una pregunta del moderador sobre si condenaría a las milicias y grupos supremacistas blancos que se han presentado en algunas protestas, culpó a los que él llama extremistas de izquierda. “Casi todo lo que veo es de la izquierda, no de la derecha”, sentenció Trump.   

El demócrata Joe Biden mencionó a Proud Boys, un grupo extremista de ultraderecha que ha acudido a protestas en el noroeste del Pacífico. El grupo neofascista, formado solo por varones, se describe como “chauvinistas occidentales” y se sabe que ha instigado a la violencia callejera.

Quizás lo más esperado en toda la noche sería el asunto de los impuestos a lo que ha contribuido la revelación del influyente diario The New York Times sobre los pagos fiscales de Trump  desde el 2000 hasta la actualidad,
habiendo este pagado sólo 750 dólares en impuestos
federales en 2016, el año que ganó la presidencia.
Biden respondió este martes publicando documentos que indican que contribuyó casi 300.000 dólares en impuestos el año pasado.
Trump insistió en el debate en que pagó “millones” de dólares de impuestos.

El impacto tenido tras este debate ha sido tal que una corresponsal del diario español El País, señalaba «…No hubo asunto en el que la discusión no acabase en llamas. Antes del minuto cinco, Trump ya había llamado a Biden “socialista”. Al cumplirse el 10, ya se había referido a la senadora Elizabeth Warren como “Pocahontas” y se había encarado con el moderador, Chris Wallace, una estrella de la cadena conservadora Fox. Y así durante 90 minutos…».

«Este se considerará el peor debate presidencial de la historia, y pone en duda la viabilidad de los dos próximos debates» que quedan antes de las elecciones, dijo a la agencia Efe el director de debates de la Universidad de Michigan, Aaron Kall. Ni Biden ni Trump ganaron claramente la pelea, apuntó Kall, pero el primero de ellos fue el más cercano a la victoria porque lleva ventaja en algunos estados clave, y ahora podrá “mantenerla”, concluyó el analista.

La democracia a lo made in usa, nos muestra su verdadera cara, importan más las puestas en escena, las formas que el contenido, ausente en esta pelea de grillos y donde el actual presidente descendió o mejor sería decir, se mostró tal cual es, un verdadero provocador, vulgar, prepotente y sin un mínimo de educación. Me pregunto que, si eso es lo que desean para nuestro sistema político, mejor será tomar notas, para alejarnos cuanto podamos de esta indecencia.

Referentes bibliográficos: AFP, AP, Cubadebate, EFE, El País, The New York Times.  

Fotos: Tomadas de Internet

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