John Bolton: un halcón que sueña y reza


Durante el pasado mes de junio, la figura de John Bolton reemergió con cierta fuerza en el Coliseo político estadounidense. Aunque Netflix dejó de rodar la popular serie House of Cards, la Casa Blanca suele regalar algunos capítulos —de su propia cosecha— libres de costo. Aquí nos ocupa solo un segmento de la trama; aquel correspondiente a la política de la administración Trump hacia Cuba.

El showman de Nueva York ha apostado fuerte por Florida, y la añeja idea de John Quincy Adams se ha vuelto a vender en el sureño mercado. Nuestro archipiélago ha estado sujeto en los últimos tres años a una escalada sin precedentes en la aplicación de un bloqueo económico ininterrumpido desde febrero de 1962. El libro The room where it happened de Bolton no enseña nada nuevo, no explaya el proceso de toma de decisiones en lo que respecta a Cuba, pero permite realizar balance.

Explotar la derrota imperialista en las arenas de Playa Girón siempre rindió frutos para llegar a Washington –o mantenerse–. Eso hizo Trump durante la campaña electoral de 2016, o el 16 de junio de 2017 en el Teatro Manuel Artime. El exasesor de seguridad nacional recuerda que la reunión anual de veteranos de la Brigada 2506 era un evento que generaba «gran atención», imperdible para todo aspirante a político.

Las medidas adoptadas en el período 2017-2018 —desde el escritorio Resolute— respondieron al compromiso estratégico con este electorado de “línea dura” —también a tejer críticas alianzas en el Congreso—, pero hubo continuidad en áreas de interés mutuo por lo menos hasta septiembre de 2018. La ruptura con la estrategia refinada de Barack Obama provino más del discurso que de modificaciones concretas a las regulaciones que administra la Oficina de Control de Activos Extranjeros —OFAC por sus siglas en inglés—. El propio Marco Rubio criticó la burocracia del Departamento de Estado el 9 de noviembre de 2017.

En abril de 2018, luego de flirtear por más de un año en el Ala Oeste, John Bolton aterrizó en el gabinete de Donald Trump. Dice que su enfoque siempre ha sido absorber todo lo posible de las divisiones gubernamentales en que ha servido para alcanzar con facilidad sus objetivos. Viejo enemigo nuestro, contribuyó a tijeretear todavía más las relaciones bilaterales en un despacho oval frustrado por Venezuela. En ese empeño fue clave la elección —por él mismo— de Mauricio Claver-Carone para dirigir la política hacia el hemisferio occidental en el Consejo de Seguridad Nacional. Claver-Carone había tomado parte del equipo de transición del actual presidente en el Departamento del Tesoro, y tiene una larga trayectoria como cabildero contra Cuba.

Es importante destacar que durante todo el 2018, y hasta junio de 2019, no se enmendaron las Regulaciones de Control de Activos Cubanos —de la OFAC— ni las Regulaciones de Control de Exportaciones —EAR en inglés, del Buró de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio—, que definen las pautas esenciales de aplicación del bloqueo. Ello, a mi juicio, sugiere que existía cierto consenso en la Avenida Pensilvania para sostener el estado de cosas, y resalta por tanto el papel de los halcones a partir del segundo semestre de 2018.

Con Venezuela como prioridad emergente, a Cuba se le cobra en gran medida por la resistencia bolivariana, tras los torpes movimientos de la trinidad Rubio/Bolton/Claver-Carone. Factura injusta y cara, pero se paga con dignidad. Ciertamente el gobierno estadounidense está atrapado en un erial, si atendemos a los objetivos que se propuso en enero de 2019, cuando se encomendaron a un «chico» del que «nadie nunca había escuchado» —en palabras de Trump —.

Bolton quería una «licencia de conducción» y la obtuvo. Argumenta en su texto que cuando Estados Unidos impone sanciones, está empleando su enorme poder económico para avanzar sus intereses, y que son más efectivas cuando se aplican con la mayor amplitud, rapidez, decisión, y toda la fortaleza disponible. El egresado de Yale se muestra insatisfecho por el proceder hacia Venezuela en este sentido; no obstante, con Cuba se cruzaron líneas que incluso Bush hijo respetó en sus dos mandatos.

Likely Cuba

En un gol de otro partido, Major League Baseball —MLB— y la Federación Cubana de Béisbol —FCB— anunciaron un acuerdo histórico en diciembre de 2018, que permitía la inserción organizada de peloteros cubanos en el circuito profesional estadounidense. En cualquier caso, el arreglo tenía poca protección jurídica para un contexto harto infeliz.

MLB equivocó la estrategia para asegurar la legalidad del convenio, descansando en una licencia general de la OFAC —cuya aplicabilidad depende de cómo interpreta el Departamento de Estado la relación entre el Gobierno cubano y la FCB—, en lugar de buscar una licencia específica. La burocracia renovada del edificio Harry Truman modificó la conclusión de John Kerry, y, consiguientemente, el equipo del millonario Steven Mnuchin dictaminó el 5 de abril de 2019 que los pagos de MLB a la FCB no estaban autorizados. Bolton refiere que hubo oposición por parte de los dueños, pero la obcecación y el odio resultaron vencedores.

El 17 de abril de 2019 se promovieron otras acciones contra Cuba. Mike Pompeo anunció la inminente entrada en vigor de los Títulos III y IV de la Ley Helms-Burton, inactivos o en desuso desde su promulgación en 1996. Creo que la administración poseía una proyección de los efectos de esa medida, que se corresponde con el desarrollo que ha tenido hasta el momento; esto es: se trató de un movimiento más simbólico que práctico.

En Miami, Bolton agitaba las bases electorales comunicando más cambios en el régimen de sanciones, efectivos indistintamente a partir del 5 de junio, el 9 de septiembre y el 21 de octubre de 2019. Los viajes hacia Cuba bajo el auspicio de organizaciones estadounidenses; la entrada de cruceros, embarcaciones de recreo, vuelos privados y corporativos; el envío ilimitado de remesas; la autorización para procesar transacciones U-turn, arrendar aviones sujetos a las EAR, o importar productos con 25% —o menos— de materias primas o software del Tío Sam en su composición, son algunas medidas positivas del segundo mandato de Obama —aprobadas en modo realpolitik— que llegaron a su fin. Por otra parte, la rácana persecución de los suministros de combustible a Cuba, lanzó la señal más clara del descarrilamiento, en medio de la obsesión de Trump por asegurar Florida y salvar la partida en Venezuela.

En varias sentencias John Bolton dice que Cuba probablemente tiene o tuvo que ver algo con determinados eventos en la nación sudamericana. Nuestro país es —“likely”— el responsable de estrechar la vigilancia sobre la oposición venezolana. La inteligencia cubana —“likely”— intuyó con horas de antelación la conspiración del 30 de abril de 2019, obligando a adelantar los planes del bloque bendecido por Washington. Luego, según el también exdiplomático de mostacho blanco, la «presión fría [y] cínica» de nuestro Gobierno junto a Rusia contribuyó a su fracaso. Todo esto sin más evidencia que una serie de reportes de prensa —que apuntan a la misma tesis sin relacionar fuentes sólidas—, declaraciones de la oposición, y su viciada experiencia.

The room where it happened nos describe el vuelo de un halcón que se posó en la Situation Room para jugar su juego, pero que, por lo menos en lo atinente a Venezuela y Cuba, —amén de los perniciosos efectos de las acciones que defendió—, todo se redujo a un sueño inane en el que Juan Guaidó entra en Miraflores, mientras La Habana se apaga, llora, y hace las veces de Brigada 2506.

Son más de 60 años de obstinado cerco, agresiones, alrededor de 1 300 millones de dólares para subvertir el orden interno —que incluyen las asignaciones de Radio y TV Martí—, y hasta cantos de sirena como aquellas que tentaron a Odiseo. Desde los tiempos de James Monroe, pasando por Einsenhower, Trump, aconseje Gordon Gray, McGeorge Bundy, o John Bolton, Estados Unidos sigue avistando una fruta que sí maduró en 1959, pero insumisa y soberana. El veterano halcón, le reza a un altar de primigenios imperialistas que arrancaron en falso.

Foto: CNN en Español

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