De Trump y otros demonios…


Cuando transcurren más de tres semanas del asesinato del ciudadano estadounidense negro, George Floyd, a manos del policía blanco, Derek Chauvin, en Minneapolis, Minessota, un fatídico acontecimiento que se reitera y saca a flote las profundas diferencias en ese país, se suceden las noticias asociadas con protestas y luchas por el poder.

En el ínterin entre el 25 de mayo hasta la actualidad, hemos sido testigos de protestas masivas iniciadas en los Estados Unidos y que han abarcado cientos de ciudades de todo el mundo, conmocionado por la brutalidad policial y el racismo, recobrando fuerza movimientos como Black Lives Matter o Antifa, este último al que Trump acuñó como terrorista y que como indica su nombre está contra el fascismo, algo que parece molesta mucho al presidente norteño.

El clímax de las manifestaciones ocurrió en Washington frente a la Casa Blanca, el viernes 29, provocando que el jefe de la superpotencia se escondiera en un búnker, clasificando el servicio secreto a los protestantes y las protestas como una amenaza a la seguridad nacional de los EE.UU., por lo que salió muy mal parada la imagen del magnate, reaccionando posteriormente en un gesto propagandístico y con pose electorera, caminando a la iglesia -vandalizada previamente- próxima a la oficina oval, mostrando una biblia, dejándose ver como el hombre fuerte, mas, arrollando literalmente a los comunes que estaban reclamando justicia.

Desde las redes sociales, especialmente en Twitter, se movía como elefante en cristalería apelando al uso de la fuerza, el ejército, las armas de fuego y la violencia del Estado contra los ciudadanos. Baste solo este ejemplo: “Cualquier dificultad y asumiremos el control pero, cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo”, además de amenazar con enviar la Guardia Nacional a Minneapolis y criticar al alcalde por -según su consideración- haber hecho un mal trabajo.

Varios días después en la ciudad de Seattle, se empoderaban los ciudadanos y creaban una zona autónoma de la policía e instituciones gubernamentales lo que enfureció al monarca imperial, reaccionando en la plataforma del microblogging con sus acostumbrados ataques personales a líderes y manifestantes: ‘Terroristas del país han tomado el control de Seattle, gobernado por
demócratas de la izquierda radical, por supuesto.
-ORDEN Y LEY!
. Refiriéndose a la alcaldesa demócrata de la ciudad, Jenny Durkan fustigó: ‘Recupera tu ciudad AHORA. Si no lo haces, lo haré. Esto no es un juego. Estos anarquistas feos deben ser detenidos’. Respondiendo esta con un lapidario: ‘Haz que todos estemos seguros. Vuelve a tu búnker.#BlackLivesMatter’.

Fuego cruzado

Ante esta situación, no son pocos los deportistas, artistas, científicos y políticos, incluso algunos correligionarios de su partido o peor aún, miembros activos de su administración quienes se desmarcan de las erráticas declaraciones y acciones del gobernante.

Los expresidentes George W. Bush y Barack Obama son de las figuras políticas más prominentes que han hecho diana en la faz de Trump, el republicano apuntaba al mal manejo de la crisis por parte actual inquilino de la mansión oval, en tanto, el primer emperador posmoderno no blanco, en un reciente artículo, analizaba la situación de su país con precisión, al aceptar que detrás de esos estallidos de violencia, existe una enorme cantidad de razones procedentes de la extensa historia de opresión y exclusión sufrida por los norteamericanos negros.

Y haciendo un guiño a Joe Biden, recomendaba mantener la protesta pacífica para transformar esa energía en organización, activismo y captar los votos necesarios que permitan cambiar estructuras mediante victorias electorales de candidatos con plataformas nuevas.

Altos jefes militares tanto retirados como activos también se sumaban al séquito de críticos, entre ellos el muy influyente Collin Powell -oficial negro de más alta graduación: general de 4 estrellas y exjefe del Estado Mayor Conjunto-, cuando llamó la atención del público estadounidense en entrevista a la CNN: “Tenemos una Constitución. Tenemos que seguir esa Constitución. Y el presidente se está alejando de ella”, y remató al acusarlo de “mentir sobre muchas cosas”.

Quizás lo más sorprendente, han sido las declaraciones reflejadas por la agencia francesa de prensa (AFP) el pasado jueves 11 de junio, del general Mark Milley actual jefe del Estado Mayor Conjunto del ejército de los EE.UU., quien afirmó su pesar por haber acompañado a Donald Trump en su ya famoso “paseo” hasta la iglesia de Saint
John: “No debería haber estado allí. Mi presencia en ese momento y en ese
ambiente creó una percepción de participación militar en la política
interna
”.

Sobre este mismo asunto, le ponían la clásica tapa al pomo, el otrora y el actual secretario de Defensa, James Mattis y Mark Esper, respectivamente, el primero apuntaba que Trump no es “un líder maduro” y lo culpó de “intentar deliberadamente dividir el país”. En tanto, Esper, sobre la presencia militar en las calles para contener las protestas -lo que, a todas luces constituye evaluar al pueblo como su enemigo-, señalaba que no apoyaba “…la invocación de la Ley de insurrección. Estas medidas solo deberían utilizarse como último recurso, y en situaciones más urgentes y extremas”, remataba el jefe del Pentágono.

Más recientemente el controvertido John Bolton, ex asesor de seguridad nacional aseveraba a la cadena ABC News, a propósito de su libro: “La habitación donde sucedió: una memoria de la Casa Blanca”, que el presidente Donald Trump no está “apto para el cargo” y no tiene “la competencia para llevar a cabo el trabajo”. Así como revelar otras incapacidades del magnate, lo que ha provocado un enorme revuelo en predios trumpistas.

Rebelión contra símbolos del odio

En esta contienda cuyo origen ha sido la mezcla de racismo y violencia institucional, ha ido moviéndose hacia distintas formas reivindicativas, independientemente que el rechazo a la discriminación por el color de la piel continúa siendo protagónica, es así, que los manifestantes en EE.UU. y otras partes del mundo, la han emprendido contra las estatuas de figuras que representan la opresión, el colonialismo y la esclavitud.

No debe olvidarse que siglos antes, se dieron debates teológicos en torno a si los indios y los negros tenían alma, determinándose que los primeros podían ser evangelizados, mas, los segundos eran instrumentos parlantes, es decir, poco menos que animales. En múltiples sociedades modernas subyace el sentimiento de superioridad y supremacía racial, en EE.UU., especialmente esto cobra ribetes de centralidad.

No es estéril el debate que se está dando en ese país sobre los símbolos de esa barbarie, aunque personalmente considero que tendrán que suceder muchas cosas para alcanzar cambios sustantivos, no obstante, en el Congreso los demócratas encabezados por Nancy Pelosy, pidieron que se retiren 11 monumentos a figuras
confederadas, además de moverse la idea de cambiar los nombres de las instalaciones militares que hacen honor a dichas figuras.

Esto después de que el gobernador de Virginia, el también
demócrata Ralph Northam, anunciara que quitará la estatua del general Lee de un monumento en Richmond, la que fuera capital de los Estados
confederados.

En esa misma ciudad, una estatua de Jefferson Davis,
presidente de la Confederación, fue vandalizada y derribada la noche del miércoles 10 de junio.

La disputa de sentidos, ha hecho que por un lado personajes como Trump salgan abiertamente en defensa del conservadurismo, por otra parte, otros se muestren convenientemente de acuerdo con el cambio, mientras los verdaderos indignados, tendrán que mantener con inteligencia y tesón una bandera de justicia histórica y social.

Epílogo

Como preguntara recientemente en artículo publicado en Granma, el intelectual cubano Victor Fowler, refiriéndose a la temporalidad de la oleada contestaria: “…¿qué hacer con la lógica económica que conduce al sistema a seguir produciendo, sin parar un segundo, desigualdad y excrecencias?; ¿qué ocurre cuando extraemos los hechos de su contexto micro-localizado en una esquina en Minessota y los proyectamos en el escenario global de las relaciones económico-político-militares de Estados Unidos consumidor y los países del Tercer Mundo proveedores? Además de todo lo que percibimos a primera vista, ¿qué más hay en el sociópata Chauvin, sus compañeros cómplices pasivos y la víctima Floyd?

Respondiéndose con extraordinaria nitidez: “Son preguntas que tienen que ver con relaciones de propiedad, distribución e intercambio desigual, esclavitud, migraciones, invasiones, revoluciones, protesta, fragmentación, silencio de los medios, manipulaciones políticas, países pobres y países ricos, opresión, alianzas, muertes cercanas y lejanas, hambruna, guerras civiles, subdesarrollo, drones, vigilancia cibernética y mucho más, o todo.

El mundo de hoy, harto de desigualdades, imperios y emperadores que pretenden imponer la ley y el orden de acuerdo a sus intereses ante los justos reclamos históricos, es poco probable que no sufra modificaciones, el éxito de estas sería capitalizar dichos anhelos en un mundo vivible, amable y servible para todos.

Referencias:

AFP, ANSA, Cubadebate, El Pais, Granma.

Fotos: Tomadas de Internet

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