Trump y el fantasma que recorre…


El 2020 ha estado marcado por noticias esencialmente desagradables, desde las postrimerías del anterior período, las desgracias por enfermedades acechan al planeta y a partir de los primeros compases del actual año hasta la fecha, no cesan de invadir nuestras fuentes noticiosas diarias.

La pandemia alcanza ribetes de protagonismo, aunque también, es justo plantearlo, el esfuerzo de profesionales de la salud, la seguridad ciudadana y un largo etcétera, como prueba inequívoca de la voluntad humana por superar las situaciones límites.

Se debaten en predios académicos y en los medios de comunicación el papel del Estado y el Gobierno ante estas situaciones excepcionales y, todo indica que donde hay un mayor control de los institutos políticos, la respuesta es más eficaz para enfrentar con el menor daño social, político e incluso económico posible.

El epicentro de las fatalidades se ubica en el país más poderoso del mundo, incapaz de resolver con éxito esta crisis que supera lo sanitario, su presidente el señor Donald Trump, continúa dando la nota discordante, las críticas a su gestión se hacen cada vez más audibles y visibles, su desprecio por la vida se había hecho patente unas semanas antes, al aseverar que si llegaban a cien mil muertes habrían hecho un buen trabajo, por estos días se ha materializado la maldita realidad y sus condolencias hacia los seres humanos con sus respectivos familiares y amigos que sufren, brilla por su ausencia.

A todas luces, parece más interesado en su campaña para mantenerse cuatro años más como inquilino de la mansión oval que por sus responsabilidades como jefe de un país, fuertemente golpeado por una enfermedad -donde las muertes y contagiados se suman por miles diariamente-, añádale problemas estructurales como la desigualdad social, la violencia, la xenofobia o el racismo, entre otros, percatándose que dirigir es cosa muy seria y no es tiempo de irse a jugar golf, ni de hacer “bromas” induciendo a inyectarse o ingerir  sustancias de aseo, contraindicada por los especialistas médicos, debido a sus efectos nocivos en el organismo humano.

En política exterior no es menos controvertido su accionar, cerrando la relación de los EE.UU., con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y eliminando de esa manera cerca del 18% del aporte financiero que recibía esa entidad, lo que agrava sus esfuerzos para combatir la actual pandemia, especialmente en los países menos desarrollados.

La declaración el pasado viernes del presidente de EE.UU., ordenando a su gobierno iniciar un proceso de eliminación del tratamiento especial para Hong Kong y amenazando sancionar a funcionarios y empresas chinas, tras la nueva legislación de seguridad nacional adoptada por el gigante asiático. Inmiscuyéndose, de esa manera en los asuntos internos de dicha nación, la cual  ha advertido que el retiro del estado especial de centro financiero podría ser contraproducente para la economía estadounidense. Sin dejar de mencionar la cruzada lanzada contra, precisamente al gobierno que más efectivamente ha tratado la enfermedad, no sólo para sus connacionales sino para todo el mundo, es otra de sus trumpadas.

La movilización de cerca de 800 efectivos militares hacia Colombia, alegando una colaboración con dicho país para el enfrentamiento al tráfico de drogas y las medidas económicas, financieras, comerciales contra Cuba, Irán y Venezuela -para esta última, los hechos y las declaraciones ponen todas las cartas sobre la mesa-, abren frentes de combate a quienes no se alineen con sus políticas.

Tal vez, lo más llamativo de los últimos días ha sido, primero, su espectacular enfrentamiento contra la red social Twitter por aplicar su política de verificación a uno de sus tuits sobre las elecciones por correo que. según él, daría lugar a votaciones fraudulentas, algo muy conveniente cuando algunas encuestas lo ubican hasta 10 puntos porcentuales por debajo de su principal contendor, el ex vicepresidente Joe Biden.

Durante más de un mes Donald Trump apenas movió ficha para proteger a los estadounidenses de la pandemia más letal del último siglo, pero solo ha tardado 48 horas en tomar medidas para castigar a Twitter por tildar como “potencialmente engañosos” dos de sus mensajes en la red social. Apuntaba un medio español que Cubadebate reproducía este jueves, refiriéndose a las acciones legales emprendidas por el mandamás conservador a la compañía de microblogging

Twitter añadió a los dos tuits de Trump una advertencia en la que se lee: “conozca los hechos sobre las boletas por correo”, la cual dirige a los usuarios consultar artículos de CNN, The Washington Post y The Hill, así como otras informaciones sobre la temática.

Jack Dorsey, director ejecutivo de Twitter, señaló el miércoles de la semana anterior, en el sitio web de la compañía, que los tuits del mandatario “podrían confundir a la gente y hacerles creer que no tienen que registrarse para votar”.

El jueves el mandatario norteamericano, firmó un decreto que insta a las autoridades a reinterpretar la ley perdiendo sus protecciones bajo la Sección 230 que había concedido inmunidad legal a las empresas tecnológicas por los comentarios, vídeos o memes publicados por sus usuarios.

La decisión está lejos de allanar el cierre de las redes sociales, según expertos, una de las amenazas que Trump llegó a invocar la víspera, pero podría ciertamente, dañar a los gigantes de la virtualidad.

Lo segundo, pero más reciente, en los acontecimientos noticiosos del señor Trump y la sociedad estadounidense, ha sido la explosión popular acaecida por el brutal accionar de las fuerzas policiales, específicamente contra los ciudadanos de piel negra, los que -al señalarse en un parlamento de la obra teatral y filme: American Son– no son parte del Sueño Americano, producto de una sociedad construida desde sus cimientos por la desigualdad social y donde el racismo es una expresión concreta de dicho fenómeno.

Para la inmensa mayoría de los estadounidenses que han nacido con la pigmentación de la piel no blanca, lo hacen con un estigma para toda su vida, ¿podrá un país denominarse desarrollado cuando cobran centralidad problemáticas como esta? ¿Cómo se explica que el 13% de los habitantes de ese país sean negros y, las cárceles estén sobrepobladas de ellos? ¿Qué garantías y oportunidades tienen aquellos que son obligados a reproducir la pobreza?

Estoy plenamente convencido que a Donald Trump y las élites que representa, estas u otras interrogantes sobre temas peliagudos de su realidad social, les amerita el tiempo que requiere, mas, para mantener los mecanismos de dominación social y el statu quo que ha llevado a unos pocos, gozar de privilegios que muchos han creado. Mientras esta situación prevalezca, ese fantasma del que hablaba Marx en el siglo XIX, pudiera corporizarse y los sempiternos vilipendiados, sean los líderes de la emancipación.

Fotos: Tomadas de Internet

Referencias:

Cubadebate, El Periódico, Mundo Digital, Reuters.

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