Aplausos de gratitud


Los días en Cuba y en muchas regiones del mundo transcurren en total monotonía y la tranquilidad de la cuarentena. Algunos salen temprano en la mañana para ir a sus funciones laborales, otros a la gestión de algún producto necesario que va faltando en el hogar, aunque no faltan los ejemplos de algunos desentendidos de la realidad que nos rodea. La vida ya no es como antes, cuando la vecina no aguantaba las ganas de ir por una tacita de café cuando el aroma inundaba el barrio o cuando barrenderos y panaderos hacían sus funciones sociales cada mañana antes que el sol le sorprendiera en plena faena laboral.

La tranquilidad quizás pueda ser la expresión de cuanto está afectando a las emociones de los seres humanos esta situación. Y mucho más a nosotros los cubanos que miramos la vida de una forma diferente, donde sonreír es un pasaporte a la vida, aunque tu día, sea tan gris como una tormenta.

Se escucha poco tránsito en las calles, el sonido fuerte de la ficha del dominó de la cuadra ya no es como en los días normales, la música aunque no ha dejado nunca de faltar, ya no suena tan constante.

También a pesar de esa tranquilidad encontramos a personas deambulando sin necesidad alguna, en algunas ocasiones sin cumplir con las medidas establecidas para combatir al virus invasor de nuestra armonía o aquellos que deciden formar parte de las largas colas para adquirir algún producto deficitario o necesitado en el hogar, pero que no se conforma con lo asignado o al fumador que en plena vía pública decide prender unos de esos cigarrillos que también acaban lentamente con sus vidas y a los que le rodean.

Ya casi nadie sale a coger el fresco de la tarde y se sienten pocas voces, aunque casi todo el mundo está en casa. Todo en silencio, quizás porque estos días sabemos o estamos ya un poco más convencido de cuanto puede afectarnos el nuevo coronavirus.

El momento más movido de todos estos días solo transcurre en las noches, justo después de cada emisión del estelar las personas desbordan de alegría e invaden la soledad que acompaña a las calles. Los aplausos de gratitud se sienten por todas partes para agradecer a todas aquellas personas que se visten con el uniforme del deber y que en muchas ocasiones no podemos ver ni sus rostros.

La tranquilidad de la noche se quiebra y su sentido cambia por unos minutos, no solo con aplausos, también con iniciativas propias de cada lugar, casa o familia. Donde el más joven de la casa también aplaude, las mascotas también acompañan a su manera este acto sagrado de desafiar el peligro que nos supone el nuevo coronavirus.

Por estos días siempre recuerdo a todos aquellos que decidieron ser valientes para toda la vida y apostaron por brindar su humanidad a cambio de devolverle la vida a un enfermo y en muchas ocasiones algún momento de felicidad a una familia afectada. Quizás los aplausos sean la única moneda que tengamos en este momento para agradecerles a todos lo que de una forma u otra cuidan y velan por la salud de los pueblos.

Fotos: Tomadas de Internet

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