Los enfadados franceses: El papel de las tecnologías (Parte II)


Por MSc. Waldo Barrera Martínez

El movimiento de los Chalecos Amarillos, primero en doblegar al presidente Emmanuel Macron, hasta hace poco intransigente con su plan de reformas, arribó el sábado último a su décimo tercera jornada consecutiva de protestas en Francia.

Aunque el número de manifestantes se ha reducido con el paso del tiempo, reportándose cerca de 51.400 personas en todo el país en esta última ocasión, de las cuales 4.000 correspondieron a los movilizados en París, la violencia y los enfrentamientos con las fuerzas del orden siguen marcando sus acciones.

Lo que comenzó como una protesta por el incremento de los precios del combustible, desencadenó en grandes revueltas contra la élite política, con un saldo hasta ahora de 4 muertos, 2.000 heridos y más de 100 lesionados graves, si bien estas cifras resultan contradictorias en las diversas fuentes.

En la anterior entrega de esta serie analizamos las causas que dieron al traste con el estallido social. La de hoy la dedicaremos entonces a valorar el empleo que de Internet y sus redes sociales ha hecho el movimiento.

Cualquier análisis objetivo del alcance de la utilización de Internet como recurso de información, coordinación y comunicación y para captar adeptos y generar solidaridad por parte de un movimiento social, debe partir del conocimiento de los niveles de penetración de la Red de Redes en el país en cuestión.

En el caso de Francia, según el informe Global Digital 2019 reports, dispone hoy de 60.42 millones de usuarios de Internet (92% de la población), 38 millones de usuarios activos de redes sociales (58%) y 33 millones de usuarios móviles de redes sociales (50%). Es YouTube la plataforma más empleada, con el 78% de los usuarios, seguida por Facebook, con 74%; Facebook Messenger, con 51% y Whatsapp, con 31%. En Twitter, por su parte, está el 28% de los usuarios de Internet franceses.

Tan privilegiados indicadores han hecho posible la amplia difusión y extensión de las acciones de los Chalecos Amarillos en el entorno nacional e internacional, y que llegaran a ocupar titulares destacados en los medios de todo el mundo.

El historiador, director de estudios en la École des hautes études en sciences sociales (EHESS) y autor de Una historia popular de Francia, Gerald Noiriel estima que “las redes sociales por sí solas nunca habrían podido proporcionar semejante magnitud al movimiento de los chalecos amarillos. Los periodistas destacan constantemente estas ´redes sociales´ para ocultar el papel que ellos mismos desempeñan en la construcción de la acción pública. Más precisamente, lo que ha dado a este movimiento su dimensión de inmediato nacional ha sido la complementariedad entre las redes sociales y las cadenas de información continua. Su popularización es en gran parte producto de la intensa ´propaganda´ orquestada por los grandes medios los días previos. Los grandes medios se hicieron cargo inmediatamente de este acontecimiento (que había partido de la base, primero en el seno de pequeñas redes vía Facebook) y anunciaron su importancia antes incluso de que se produjera. Las cadenas de información continua siguieron desde que comenzó el día de acción del 17 de noviembre, minuto a minuto, en directo”.

Las imágenes de la violencia policial filmadas por periodistas y los propios manifestantes, circuladas a través de las redes han tenido un impacto desastroso para el gobierno. Sindicatos de la prensa han declarado que “A muchos fotógrafos de prensa, claramente identificados como tales, se les confiscaron sus equipos de protección individual, a veces bajo la amenaza de un arresto, lo que tuvo como consecuencia impedir que algunos reporteros hicieran su trabajo […] Es totalmente inaceptable, en un país democrático y en un Estado de derecho, que los poderes públicos no garanticen la libertad de informar”.

Las redes sociales han jugado asimismo un papel fundamental en la coordinación de acciones entre los manifestantes. Gracias a ellas fue posible que un movimiento aparentemente espontáneo lograra alcanzar una dimensión nacional desde sus mismos inicios. Según el propio Noiriel, la protesta se desarrolló de manera simultánea en toda la geografía francesa, incluidas las provincias y territorios de ultramar, aunque con una representación local muy débil. La primera jornada reunió en total unas 300.000 personas, que sumaron los miles de acciones grupusculares repartidas en todo el territorio. Otras fuentes cifran en más de 287.000 los participantes.

Para algunos expertos los grupos en Facebook han sido el centro neurálgico del movimiento, constituyendo espacios cruciales para la movilización de los activistas, provenientes en su mayoría de pueblos de provincia y zonas rurales. “Utilizamos Facebook para informarnos y organizarnos”, cuenta Chloé Tissier, moderadora del grupo Conductores de Normandía enfadados, con más de 50.000 miembros. “Por ejemplo, cuando estamos alzando una barricada y vemos que no tenemos suficientes paletas para prender fuego escribimos un mensaje en el grupo y rápidamente alguien las trae. Hacer esto por teléfono sería imposible”, declaró a la prensa.

Ante la ausencia de verdaderos líderes que comanden las acciones, la organización viene de abajo: cada municipio o colectivo se cita y hace correr la voz. WhatsApp, Telegram, Twitter, han hecho posible superar fronteras , como ha ocurrido con la colonia de la Isla de Reunión, en el Índico, con estatus de departamento de ultramar francés, hasta donde han llegado las manifestaciones.

De igual modo, mediante los teléfonos móviles, el envío de mensajes, fotografías, el diálogo sobre los proyectos, crea una realidad virtual de influencia tan real como difícil de calcular. En las grandes movilizaciones de cada sábado, millares de manifestantes se consagran a filmar, fotografiar y retransmitir los acontecimientos en la que ellos mismos participan como actores y cronistas.

Diversas fuentes muestran coincidencia en que todo comenzó con la publicación, en mayo de 2018, de una petición de Priscillia Ludosky, una vendedora autónoma francesa de 32 años que necesitaba su auto para trabajar, en la plataforma Change.org con el título Pour une Baisse des Prix du Carburant à la Pompe! (algo así como “¡Por una caída en los precios del combustible en la bomba!”)

Según declaró a la prensa, la formuló al percatarse de que sus gastos personales por concepto de compra de gasolina se habían disparado, decidiéndose entonces a recabar el apoyo de otros “conductores anónimos” como ella para lograr “una bajada de los precios en las gasolineras”. En solo unos días, la petición logró 300.000 firmas, constituyendo, de hecho, la más firmada desde la apertura de esta plataforma en Francia, en 2012. Cuando redactamos estas líneas, ya superaba los 1,2 millones de firmantes y continuaban sumándose.

En octubre, un video colgado en Facebook por la usuaria de origen británico Jacline Mouraud, hasta ese momento una desconocida, interpelando al “señor Macron” y denunciando “la caza de los conductores” se convierte en viral, con más de seis millones de visualizaciones, según la BBC. Su éxito se debió a que exponía el drama de cientos de miles de ciudadanos obligados a vivir en los suburbios de las grandes capitales como consecuencia de la carestía de la vida en las metrópolis francesas.

Algunos medios atribuyen a Éric Drouet, un camionero de 33 años, la iniciativa de la primera protesta. Se dice que luego de ver publicada en un diario del departamento francés donde ambos viven, decidió compartir en su muro de Facebook la petición de Ludosky, y que fue este quien organizó la movilización del 17 de noviembre, junto a la asociación de conductores a la que pertenece. Posteriormente, contactó a Ludosky y es entonces que nace el movimiento de los Chalecos Amarillos.

La convocatoria, desplegada a través de las redes sociales, buscaba bloquear el mayor número de carreteras posibles para hacerse escuchar.

Los llamados se multiplican en la red y desde entonces comienzan a surgir números grupos en Facebook y vídeos en YouTube de diferentes usuarios que se hacen igualmente virales.

Por último, no podemos dejar de abordar la utilización de estos canales de comunicación para la propagación de imágenes, videos e informaciones y noticias falsas (Fake News), extendidas como reguero de pólvora a través de la red.

Son frecuentes los mensajes alarmistas o imágenes que no siempre corresponden a las protestas actuales. Entre los múltiples ejemplos se encuentran las imágenes y videos de la supuesta parcialidad de los medios a la hora de informar sobre el número de heridos en las manifestaciones. Así, un post del 20 de noviembre que denuncia una represión policial no cubierta por los medios, fue verificado detenidamente por la AFP, que constató que dos de las fotos venían de España, cinco eran auténticas, y cuatro procedían de la prensa.

También está el caso de un video de Snapchat, difundido en varias ocasiones por Twitter y Facebook, que muestra a militares vistiendo chalecos amarillos supuestamente en apoyo al movimiento. Sin embargo, el diario francés Libération logró verificar que se trataba de militares belgas, que siempre visten estos chalecos mientras viajan.

La semana próxima volveremos con otra arista del asunto…

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