Mensaje a mis graduados


Por: Ing. Madelín Haro Pérez

Escribir nunca ha sido problema para mí, mas se torna difícil hacerles las palabras de la graduación de la facultad. Haberlo hecho otras veces no facilita las cosas. Sigue siendo el mayor de los honores que un profesor puede recibir. Por ello y como no concebimos el fraude, los respeto muchísimo y cada generación es diferente, no creo necesario repetir las palabras, aunque el propósito sea similar.

Les cuento que no hay placer mayor para un profesor que ver, a sus hijos de aulas, crecer, formarse y hacerse “grandes”, aun cuando los hijos no lo perciban. Ese placer es el que voy a intentar mostrarles en este pequeño detalle que les redacté.

En términos de empresa: ustedes son mis clientes.

En términos de ingeniería: son el engranaje que mueve esta fábrica llamada universidad.

En términos de pedagogía: son nuestro objetivo, y el que ustedes laboren en institutos, centros y empresas, es nuestra evaluación.

En términos filosóficos: son la causa por la que estamos aquí y son el efecto de sus, mis, nuestras decisiones.

En términos matemáticos: son la prueba viviente de que una carrera no son 5 años y en términos de prueba, que no podemos esperar los mismos resultados cuando aplicamos el mismo experimento.

En términos de sistemas operativos: que no existen parches ni antivirus que los detengan y que, en términos teológicos, rezamos porque el motivo de ímpetu sea voluntad, alegría, esfuerzo y resultados.

No hay diseño metodológico absoluto para mostrarles la ciencia de lo abstracto ni llevarlos por la frontera de la informática.

No existe paradigma, algoritmo ni programación que los haga funcionar como cada uno de nosotros, sus profesores, sueña.

Son el idioma extranjero que todo buen educador, debe aprender. Son la Historia, la Teoría y el Problema.  Son el motivo de defensa de nuestros salarios.

No hay proyecto sin riesgo, el proyecto TRANSFORMACIÖN EN HOMBRE NUEVO Y NECESARIO, no es la excepción.

Queridos estudiantes, pueden ser muchas cosas incluso la mezcla de blanco y negro que explica el ying y el yang; pero en los términos más importantes, en los términos del amor, son mi razón de ser.

El reto de ingeniar en un lugar que todo se tiene, no es tan meritorio como hacerlo en una isla como esta. En mi Cuba sobran los problemas, las contradicciones, y las cosas por hacer. Eso no es malo puesto que no nos faltará el trabajo nunca; siempre y cuando tengamos como lema el sentimiento de pertenencia, el compromiso con los nuestros, la firmeza de la palabra dada y el respeto de ser ingenieros.

Los cubanos tenemos el don de saberlo todo, independientemente del tema, en este ambiente de exceso de jocosidad y falta de seriedad. Cuidado con ese pensamiento. La autosuficiencia hace vulnerable a quien la padece y no hay rasgos más bellos que sencillez y humildad. Eso asegura el valor como informático y como persona.

En este país, hay muchas cosas por hacer y cuento con ustedes para hacerlas bien, con cabeza. Pónganle empeño y sudor. No teman porque alguna vez, y solo alguna vez, me sintieron estresada, preocupada y con exceso de ocupación por hacer mi trabajo, el que me gusta. Eso denota ocupación y es la mejor manera de ver frutos.

Tampoco van a tener la posibilidad siempre de hacer lo que quieran, pero hay que hacerlo tan bien o mejor que lo que prefieren. Si no están de acuerdo solo tienen que recordar qué hubiese pasado en ese primer año para aquellos que hoy están aquí sentados y que pidieron su carrera en 9na opción (aun guardo sus diagnósticos), o de ese conjunto que por malas decisiones y poca madurez se metieron en problemas en más de una ocasión. No me disculpo con el grupo que se llevó (solito) a segundas convocatorias: causa el trabajo que no imaginan, pero debo demostrarles, en un ambiente académico, controlable y sin mayores complicaciones, aunque no lo entiendan en el momento, la consecuencia de no responsabilizarse con entregar correctamente, en tiempo y con el rigor profesional que requiere.

En el ámbito profesional, esto no tiene perdón o se tolera mal. Deben aprender eso, tanto como a ser comprensivos, no juzgar antes de saber; arriesgar, pero antes valorar. He tratado de enseñarles lo mejor que sé.

En término personal, es mi deber, mi orgullo y mi deseo celebrar esta graduación con mis hijos de 6, 5 (los mayores) y 2 años. Comparto la opinión de Isabel Waxman cuando expresó: “es irónico que pasemos nuestros días deseando graduarnos y el resto de los días sintiendo nostalgia de la universidad”. Me queda informarles que este no es el fin de la historia y que aun están lejos de sentir confort. Escriban sus propias experiencias, las que un día van a contar. Háganlo mejor que sus padres y que nosotros, sus profesores. Los que faltan por intentar lo que desean, háganlo y amen su vida en el proceso. Hagan del día que viven el mejor del resto de sus días. Comienzan sus propias revoluciones.

No me digan adiós, solo despídanse bien porque nos veremos en algún reencuentro. Muchas felicidades. Los quiero con mi alma. De corazón. Su profesora principal.

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