La historia absolvió a los moncadistas


moncada

Por: Abel Castillo Noriega

El domingo 15 de mayo de 1955, en la entonces llamada Isla de Pinos, el calor y el entusiasmo popular reverberaban juntos desde que se supo la noticia: serían excarcelados los jóvenes asaltantes de dos de las fortalezas militares más importantes de la tiranía en el oriente cubano.

Un año antes el dictador Fulgencio Batista, movido por intereses electorales, había decretado el indulto de sus opositores. Pero excluyó inicialmente a los asaltantes de los cuarteles de Santiago de Cuba y de Bayamo, recluidos en el mal llamado Presidio Modelo.

La lucha de todo un pueblo, emprendida por el Comité de Familiares Pro Amnistía, fue la que obligó al Presidente de la República a disponer la liberación de los valerosos jóvenes. El decreto oficial resultó ratificado por la Cámara de Representantes y el Senado.

Pero el tirano no cedería tan dócilmente. Maniobras oficialistas pretendieron hacer ver que la aprobación de la amnistía llevaba implícito un entendimiento con los combatientes, para lograr “una equilibrada solución nacional”.

Los jóvenes revolucionarios también conocieron los rigores de aquel lugar de muerte. Separaron a Fidel del resto y lo mantenían bajo amenaza; no obstante, el líder cubano se las ingenió para escribir de manera clandestina La Historia me absolverá, alegato de su defensa que luego se convirtió en el programa político de la Revolución, para el desarrollo económico y social de Cuba, y que entonces fomentó la rebeldía entre los cubanos que ya miraban la posibilidad real de ser libres.

Aquellos días de presidio devinieron fragua para, quienes liderados por Fidel Castro, convirtieron la cárcel en escuela, donde los libros eran armas y trincheras en la academia Abel Santamaría Cuadrado y la biblioteca Raúl Gómez García.

Fidel Castro respondió a este intento mediante la Carta sobre la Amnistía, fechada el 19 de marzo de 1955 y publicada en la revista Bohemia el 25.

Con ella reveló las artimañas de la dictadura para que el grupo de revolucionarios abandonase la lucha a cambio del indulto. Esta denuncia pública provocó que el Consejo Disciplinario del Penal dispusiera la total incomunicación y extrema vigilancia sobre los jóvenes patriotas.

De esa manera, la presión de la opinión pública obligó al régimen tiránico de Fulgencio Batista a firmar la Ley de Amnistía, que abrió las puertas a los revolucionarios el 15 de mayo de 1955 y que se convirtió en una fecha de ratificación de compromisos y apuesta por el futuro de nuestra nación.

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