CRÓNICAS DE UN MÉDICO: Cuando a la ciencia la acompaña el milagro


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CubaxDentro comparte hoy una nueva Crónica de un Médico de manos del doctor y amigo Eduardo Andrés quien desde el lejano Reino de Suazilandia, en África, continúa relatándonos las vivencias de nuestros especialistas.

Por: Eduardo Andrés González León

Hacer un milagro para los médicos cubanos que cumplimos misión internacionalista en el hermano Reinado de Suazilandia ya se convierte en rutina, pero nunca nos dejan de llegar las historias conmovedoras que dan a conocer al mundo cómo haciendo gala de nuestros conocimientos científicos, también rezamos para que ese algo sobre natural que existe y no puede explicarse, ponga su mano y nos ayude en nuestro hacer diario; y es que un médico es un ángel puesto en la tierra para que cuidemos de los más necesitados y Dios nos utiliza como instrumento para perpetuar la raza humana, la misma que tantas veces ha sido amenazada con la extinción, en muchas ocasiones, por nosotros mismos.

El 3 de mayo del 2017, cumplió un mes el pequeño Mavusi, quien nació bajo peso producto de una prematuridad a las 25 semanas (6 meses con una semana aproximadamente) y con 1110 gramos de peso (2 libras y 311 gramos). Esto sucede por disímiles causas, entre ellas y la más frecuente, la malnutrición materna y las enfermedades de transmisión sexual, algo que es de esperar en una tierra tan pobre y desprovista de servicios de salud y economía como es este país.

Mavusi vino al mundo condenado a morir. A las doce horas de nacido comenzó con una dificultad respiratoria que se manejó como distress respiratorio. ¿La causa? La Enfermedad de la Membrana Hilana, provocada por la falta de surfactante pulmonar debido a la poca maduración de su sistema respiratorio, por lo que los bronquiolos del paciente colapsan después de la inspiración, pero aquí, tristemente, no hay para madurárselos al bebé ante la sospecha de un posible parto pretérmino. Es triste pero es la realidad que vivimos en este recóndito lugar.

Mavusi cumplía un mes de nacido y comenzó nuevamente con dificultad respiratoria, tiraje intercostal severo y en siete momentos presentó paradas respiratorias, palidez, sudoración, taquicardia con llene capilar enlentecido; pero gracias a la dedicación y un poco de suerte, se logró rescatar de todos estos trances aunque no es posible ventilarlo mecánicamente por prescindir aquí del servicio.

En el último proceso de reanimación la doctora pediatra Raquel Lázara Toledo Padillas, quien merece todo el crédito y es la protagonista de esta historia pues es la que maneja el caso del pequeño, en busca de una mejora realizó cambios terapéuticos ante la sospecha de una infección respiratoria intrahospitalaria y como me contó ella misma, “rezar mucho Eduar, rezar mucho, más no podía hacer”.

“Que diferente es mi Cuba, no me adapto a ver morir un niño salvable”, me decía mientras disimulaba cambiando su mirada y volteando su espalda para secar las lágrimas de sus ojos, pero su voz delataba el llanto por la vida de aquel inocente que pendía de un hilo y que no había pedido nacer en África, en un momento histórico de la humanidad en donde para los ricos, el ser parte del continente más pobre de la tierra carece de valor emocional alguno, pero no es así para nosotros los cubanos, que luchamos por la vida y hacemos gala de los principios más humanos que pudiera sugerir la cristiandad.

Los cubanos rezamos mucho, sí que rezamos: por nuestros hijos, por los ajenos y por el mundo, solo quedaba esperar la respuesta del pequeño al nuevo tratamiento que le había puesto la Dra. Raquel, quien le arrebató en siete ocasiones la vida de Mavusi a la muerte.

Los cubanos creemos mucho en las fuerzas sobrenaturales que rigen el universo y dicen que el siete es un número divino y así parece ser porque hoy cuando le pregunté a mi fiel jefa, amiga y doctora responsable de mantener con vida al pequeño, me contó:

“Hoy cuando llegué a la sala apreté mi pequeño talismán, es una piedra muy pequeña que recogí cuando visité un lugar que no recuerdo el nombre de aquella imponente reserva natural y el guía nos dijo que aquel era un lugar místico. Ya le había pedido toda la noche, pero al llegar a la sala y abrir la puerta, divisé de lejos a la mamá del pequeño y le pregunté bajito a la enfermera: (is a life the baby) ¿está vivo el bebé? A lo que me respondió que sí, y entonces fue como un bálsamo para mí, que pude  pasar visita relajada”.

Todavía le falta un largo camino por recorrer a nuestro pequeño Mavusi y una larga batalla por desafiar ante la muerte, pero hoy clínicamente nos asegura la doctora que el bebé es completamente salvable, aunque nosotros como médicos siempre mantenemos el pronóstico reservado ante estas eventualidades, pero cuando la ciencia va acompañada del milagro, por la fe de lo místico y de esa energía que mueve nuestro universo, el futuro cambia para mejor.

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