Cuando un Niño juega con el clima (+ThingLink)


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Por: José Armando Fernández Salazar

Mientras más de un centenar de personas se reportan como fallecidas en Perú, luego de varias semanas de inundaciones por las intensas lluvias, Cuba realiza millonarias inversiones para desalinizar agua del mar y poder enfrentar la sequía que la agobia.

Se trata de fenómenos climáticos extremos que no se manifiestan por primera vez. Desde finales de 2015 y durante gran parte de 2016, todo el Caribe reportó índices de precipitaciones por debajo de su media histórica, a pesar de los ciclones, mientras que más al sur del continente, los ríos se salían de su cauce y arrasaban con viviendas y cultivos.

En las dos zonas geográficas no tan distantes, sus habitantes miraban el mismo cielo con diferentes inquietudes: unos añorando las nubes y otros temiéndoles.

La causa de que el clima aparente locura parece hallarse en el fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), evento meteorológico de escala planetaria que se produce por el calentamiento del mar en el océano Pacífico.

Desde 1950 se llevan registros de estas manifestaciones de variabilidad en la temperatura de la superficie del mar; sin embargo, los científicos tienen más preguntas que respuestas sobre su naturaleza. Hasta la fecha se sabe que la propia oscilación de la Tierra provoca que las aguas cálidas del Pacífico se mezclen con corrientes frías del hemisferio norte provocando cambios en la atmósfera y el océano, pero se desconoce el motor impulsor de este comportamiento.

Sus repercusiones son extraordinarias, tanto en la fase cálida llamada El Niño, como en la fría, conocida popularmente como La Niña. Se han reportado sequías, lluvias intensas, aumento del nivel del mar, y no pocos investigadores han tratado de encontrar una correspondencia con el comportamiento de animales de las grandes profundidades como las ballenas y cachalotes.

Las zonas geográficas en las que se manifiesta (países ubicados en las cercanías de la línea del Ecuador) se caracterizan por ser el asentamiento de sociedades en vías de desarrollo muy vulnerables a los desastres naturales. La más reciente manifestación del fenómeno, entre 2015 y 2016, supuso pérdidas millonarias en la agricultura, la ganadería, la minería y la reparación de infraestructura. Igualmente la Organización Mundial de la Salud reporta patrones de epidemias asociados a estos cambios en el clima.

Al mismo tiempo, investigadores de la Universidad de Queensland y la Agencia Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) advirtieron que El Niño puede causar serios daños a las barreras de coral del mundo, que sufrirían un efecto de decoloración sin precedentes. Se tratará solamente del tercer fenómeno global de decoloración o blanqueamiento en la historia, y zonas como la Gran Barrera de Coral de Australia se verán duramente afectadas.

El ciclo de este fenómeno suele variar de cuatro a siete años y cada 50 suele alcanzar la categoría de fuerte; sin embargo, la última edición del evento fue considerada como la más intensa desde que se llevan registros. En ello influyeron el aumento de la temperatura media del mundo y el derretimiento de los casquetes polares.

Aunque se trata de un tema polémico y para el cual no existen evidencias científicas conclusivas, cada año crece el número de expertos que consideran que el calentamiento global y otras manifestaciones del cambio climático agudizan el comportamiento del ENOS, incluso, pueden acortar los ciclos entre una y otra fase de manifestación.

Más allá de las posibles conexiones que pueden establecerse entre estos dos fenómenos, la ciencia meteorológica ya ha demostrado relaciones de dependencia en cuanto a la severidad de las sequías o las inundaciones.

Para azuzar más el debate, recientemente investigadores cubanos pronosticaron el probable y poco usual regreso de El Niño en 2017, toda vez que en 2015-2016 ocurrió uno calificado de Muy Fuerte, e históricamente esta anomalía se produce en intervalos de dos a siete años.

Las inundaciones en Perú, y en menor medida en Ecuador, y la sequía que persiste en el Caribe son considerados indicios del retorno anticipado del fenómeno, lo que pudiera tener repercusiones mucho más fuertes para la economía y la vida de las personas porque los ecosistemas aún no se han recuperado por completo del evento anterior.

Se dice que fueron los pescadores de la costa pacífica peruana y ecuatoriana quienes bautizaron a esta anomalía climática como El Niño, porque aparecía en la navidad, durante las celebraciones por el nacimiento de El Niño Dios. Desde hace centenares de años ellos convivieron con este fenómeno y comprendieron que necesitaban adaptarse a él. Igual hicieron los aborígenes de las islas del Pacífico y Australia.

En la actualidad el impacto de este fenómeno natural es más desastroso porque las sociedades han crecido sin tener en cuenta sus implicaciones y, al mismo tiempo, han provocado un cambio climático que hace más agudas sus consecuencias.

Tomado de Cubahora

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