CRÓNICAS DE UN MÉDICO: Compartiendo lo que tenemos.


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Edheke Mohamed, niño de 7 años de edad perteneciente a la comunidad Musulmana de la región en Hlatikulu en el Reinado de Suazilandia. que padece una Parálisis Cerebral Infantil

Una nueva Crónica de un Médico comparte hoy CubaxDentro con sus lectores. Una vez más nuestro amigo y colaborador cubano en Suazilandia el doctor Eduardo nos hace emocionarnos y agradecer el haber nacido en Cuba y estar criado con una filosofía de vida donde el ser humano es lo más importante.

Por: Eduardo Andrés González León

Edheke Mohamed es un niño indio de 7 años de edad perteneciente a la comunidad Musulmana de la región en Hlatikulu en el Reinado de Suazilandia. Edhe, como todos le llamamos, padece una condición médica conocida como PCI -Parálisis Cerebral Infantil-.

La primera vez que lo vi, me rompió el alma sentadito en su colchón de esponjas jugando con su hermanita. Ese día significó mucho para mí, pues nunca había trabajado con un niño especial. Edhe apenas habla, pero su mirada es capaz de comunicar hasta lo más complicado de sus necesidades y deseos. Al principio, se mostraba tímido, pero fuimos estableciendo una linda interrelación médico-paciente con el pasar del tiempo.

A Edheke le gusta mucho jugar, reír y ver tv. Hace unos días, su padre lo trajo a nuestra casa pues padece de Asma Bronquial y ya en la noche el hospital y la farmacia están cerrados, y los pueblerinos quedan desprovistos de prácticamente toda atención médica, solos a la merced de dios. Ellos saben bien que nosotros los cubanos nunca negamos la atención médica a la hora que sea necesaria y por eso siempre vienen con nosotros. Saben que nosotros somos el Alma de Cuba para el mundo.

Edhe ese día no quería jugar conmigo, estaba cansado y respiraba con gran dificultad. Enseguida me dispuse a llamar a la doctora Raquel Lázara Toledo Padilla -coordinadora de la misión en Suazilandia, quien es Pediatra y amiga de todos-, se encontraba de visita en la región y se hospedaba en mi casa. Ya Raque -como le digo cariñosamente-, conocía a Edhe, pues hace unos días lo estábamos visitando en conjunto con el doctor Marlon Toranzo, especialista en Medicina Interna, para hacerle una evaluación integral y neurológica y poder ayudarlo con su condición de Parálisis Cerebral.

Raquel le diagnosticó Asma Bronquial Aguda y supimos entonces que además de la sintomatología, su mamá padecía la enfermedad. El niño estaba muy fatigado, lucía extremadamente cansado y no se veía para nada bien. Su padre estaba muy asustado, nos preguntaba qué sucedía y si mejoraría pronto. Es importante destacar que por su enfermedad es propenso a sufrir padecimientos respiratorios de origen infeccioso a repetición y tenía Gripe además.

Edhe estaba muy enfermo y todos estábamos preocupados. Yo había comprado un nebulizador eléctrico para llevarlo a Cuba a mi ahijadito Tingui –como le llamo cariñosamente aunque su nombre es Fernandito- quien sufre de Asma y así no tendrá la necesidad de ir al hospital a darse sus terapias de aerosol.

En nuestra casa nosotros tenemos stock de medicamentos de urgencias médicas para una eventualidad, y entre estos se incluyen drogas Vaso Activas y Broncodilatadores, así que solo necesitábamos la máquina de nebulizar para mejorar el estado crítico del pequeño y milagrosamente, allí estaba. Aunque el milagro no es tan casual ya que como nos enseñó Fidel, los cubanos no damos los que nos sobra sino compartimos lo que tenemos.

Mi Jefa, la doctora Raquel, quien manejaba el caso por su competencia como Pediatra, abrió la puerta de mi cuarto, se me quedó mirando y me dijo: oye, saca el nebulizador que compraste y estrénalo con el niño que tenemos que mejorar su estado por que está muy crítico y no se puede pasar. Mientras tanto ella manejaba la situación con esteroides poniendo en práctica el protocolo por el que todos aprendimos en Cuba.

Yo desarmé la caja donde estaba la máquina, inmediatamente la armé encima de la mesa y le preparamos la nebulización de Sabutamol. El niño se mostró curioso y receptivo al equipo pues nunca había recibido tal tratamiento ya aquí el aerosol es un lujo solo para la clase alta, el hospital solo cuenta con una sola máquina y la mayor parte del tiempo está rota.

A Edhe le llamó la atención el smog de agua que producía la máquina. Miraba su mascarilla con curiosidad y sin reparos accedió a seguir nuestras instrucciones, olvidando así un poco las medicinas y las inyecciones que le habían administrado no pudiendo entender como su amigo -que era yo-, permitía que le hicieran todas esas cosas. Mi corazón estaba apretado al no tener manera de explicarle a mi pequeño amiguito que todo aquello era necesario.

Afortunadamente Edhe colaboró con la aplicación de la terapia y casi como un milagro a los veinte minutos ya sonreía y se recuperaba de aquella crisis de Asma, cuyo pronóstico era incierto de no haber ayudado a su sistema respiratorio deteriorado por la cruel Parálisis Cerebral.

Sé muy bien y queda claro que Edhe no estará entre nosotros por mucho tiempo, quizás no sobrepase la pubertad y es triste saberlo. Mientras muchos esperan con esperanza por un donante para un trasplante de órgano, él espera porque el mundo cambie; espera pacientemente entre risas y llanto por el mejoramiento humano y la buena voluntad de los hombres y por un mundo mejor pues Edhe no quiere que le den lo que sobre sino que compartamos con él lo que tenemos.

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