Pluma como adarga al brazo


historiadores-del-che-f-pec3b1a-27-10-13_4801-381

Por: Andy Jorge Blanco

El amor y la pasión por el Che les brotan como a tantas personas en los cinco continentes. Con solo entrar a su casa en Cayo Hueso, Centro Habana, se percibe. Una extensa galería de fotos del Guerrillero Heroico en la sala y el comedor demuestra que allí, «el más auténtico ciudadano del mundo», vive.

Adys Cupull Reyes y Froilán González García son una pareja de historiadores y escritores que han dedicado su vida al estudio de José Martí y sus padres, de Julio Antonio Mella, Mariana Grajales, Celia de la Serna Llosa, Tina Modotti, Néstor Baguer y de Ernesto Guevara. De este último, han escrito 18 libros, frutos de una investigación por más de 40 años. Parecería que utilizan la pluma como adarga al brazo.

Unidos también en la vida, y con una familia de la que se sienten orgullosos, el dúo guevariano nunca imaginó escribir acerca del comandante de la batalla de Santa Clara. Los proyectos se centraban en Mella y Martí, de quienes investigaron durante su misión diplomática en México, entre 1974 y 1980.

Fue entonces, en 1983, al designar a Froilán como cónsul general de Cuba en Bolivia, y a Adys al frente de la oficina de Prensa y Cultura, cuando irrumpió para siempre en su obra, el pensador internacional porque decirle argentino y cubano sería cercenarlo.

«Hasta ese momento lo que dominábamos del Che era mínimo, el promedio de información de cualquier cubano. Nuestra obra sobre él es fruto de la ignorancia y el desconocimiento», explica Froilán. «El no saber y querer aprender nos llevó a investigar Bolivia, y de allí surgieron la nueva edición que hicimos de su diario, De Ñacahuasú a La Higuera, La CIA contra el Che…, hasta el último, que es El asesinato del Che en Bolivia: Revelaciones. Hoy estamos entregando todo nuestro archivo al Memorial en Santa Clara», dice y vuelve a encender el habano que se apagó mientras hablaba, como si así rindiera homenaje al comandante.

Adys retoma el punto de la conversación y comenta: «El Che nos ha dado cultura. Era un hombre eminentemente culto; sabía de poesía, filosofía, economía…, su visión del mundo era amplia. Nosotros hemos leído casi todos los libros que él menciona y así nos ha enseñado».

¿Cómo lograron, mediante su obra, humanizarlo para no verlo cual escultura de mármol?

(F): «Eso es un error de algunos historiadores; si se empieza a poner a los héroes y a las grandes figuras como si fueran santos en un altar, de tanto que se elevan parecen inalcanzables. Los grandes hombres y mujeres tienen virtudes, defectos, contradicciones. Y nosotros queríamos saber cómo él era y sus conflictos, por eso entrevistamos a sus hermanos, compañeros de juego. Para ellos el Che era Ernestito, “el pela’o”, el muchacho que se enredaba con un carnero fajador que había en Alta Gracia, se encaramaba en un árbol y se escapaba para el río…, y fuimos descubriéndolo de esa manera».

(A): «Conocimos a los tíos, a la maestra de tercer grado. Esos testimonios ayudaron a conformar la vivencia de ese pequeño que fue creciendo. Nos preguntábamos siempre cuál era el Che que los niños querían ser, y en busca de él fuimos a Argentina».

Como un recuerdo que asalta la memoria, entre una bocanada de humo de tabaco, Froilán evoca el viaje a Alta Gracia un 14 de junio:

«En el acto, un señor pidió la palabra y dijo que la idea del museo en esa localidad nació aquí, en la calle San Lázaro, número 1013, donde vivimos Adys y yo, pues en la época en la que él era Intendente, nosotros le sugerimos convertir una de las casas del comandante en museo. El compañero explicó eso y las personas aplaudieron.

«Pero la verdad histórica es que la iniciativa de esa institución en Alta Gracia fue de Rosendo Zacarías, un niño pobre de allí, amigo del Che. Ante el anhelo de conocer Córdoba y Buenos Aires participó en un maratón en el cual el premio a los tres primeros lugares era visitar estas ciudades; el niño corrió, pero alcanzó el número 57 y, llorando, se desplomó. Con el paso de los años pudo realizar todos sus sueños: conoció Córdoba, Buenos Aires y se convirtió en museo una de las casas del Che».

Cuando llegaron por primera vez a La Higuera en 1984, aún no se había hallado los restos del Che. ¿Qué sintieron entonces?

(F): «Nuestras investigaciones nos llevaron a los lugares donde fueron enterrados el comandante Ernesto Guevara y sus compañeros. Lo manifestamos en La CIA contra el Che, a pesar de que muchos aconsejaban no hacerlo porque de haber alguna equivocación iban a cuestionar el libro completo. Pero, teníamos la seguridad de que los bolivianos que dieron esa información no mintieron. Y cuando comenzó la búsqueda por donde dijimos, encontraron unos restos de vaca y desecharon el lugar, tildándonos de mentirosos. Finalmente volvieron allí, y varios centímetros más abajo estaban. Fuimos los primeros en Cuba en conocer la noticia».

Entonces no estuvieron errados…

(F): «No, no. El mismo día y a la misma hora en que los hallan, Ronald Méndez, un periodista boliviano que se encontraba en el lugar, agarró el celular y llamó para hacernos la misma pregunta que tú nos haces: “¿Qué sentíamos?”. Nosotros no sabíamos lo que había pasado, le preguntamos, y nos dice: “Acaban de aparecer los restos; estoy aquí…, estoy aquí”».

(A): «En los dos años que duró la búsqueda vivíamos con la angustia de que no los encontraban; pero, al mismo tiempo, estábamos seguros de que iban a aparecer. Y aquí guardamos la tierra con la que se cubrieron los restos durante ese tiempo, nos la trajeron unos argentinos en un cofre».

¿Cuánto cambió La Higuera desde aquel primer acercamiento?

(F): «Es válido destacar la labor meritoria de las brigadas médicas cubanas que han pasado por Vallegrande y La Higuera. Con gran amor se dedican a proteger, cuidar, plantar árboles y flores, y mantener de manera digna esos lugares.

«Ahora, en un nuevo aniversario del asesinato, hicieron un trabajo relevante, empezando por los doctores Ramón Pérez Maza y Roberto Pérez, en conjunto con un grupo de galenos como Alberto Núñez, Yolanda García, Alfredo Nova Pérez, quien restauró el dedo que le faltaba a la estatua del Che que hay allí. Yoel Téllez González y Karel Guilarte instalaron la luz eléctrica y los paneles solares en La Higuera; así como Maribel Basterrechea y Orestes Sauchay, entre muchos otros. Es decir, la brigada no solo salva vidas y cura enfermedades, sino que ayuda a rescatar la memoria histórica y preservarla».

En la búsqueda exhaustiva de información para los libros sobre el Guerrillero Heroico, ¿estuvieron en algún momento desanimados para continuar?

(F): «Nos hemos sobrepuesto a cada obstáculo en el camino. El Che, Tania y sus compañeros nos han dado energías para enfrentar los problemas, las incomprensiones, las críticas».

(A): «Lo que hemos hecho ha sido amándolo. Cuando nos íbamos de viaje dejábamos todo arreglado por si no había regreso. Era la época del Plan Cóndor. Estábamos arriesgando la vida, pero la convicción que él tuvo para vivir y morir se impregnó en nosotros, y fue lo que nos llevó a continuar».

Y si ahora mismo el Che estuviera aquí, escuchándolo todo, ¿qué le dirían?

(F): «Que con Bolivia no se equivocó, que sembró. La Bolivia de hoy debe mucho a su trabajo».

(A): «Que está presente, que no se ha ido. Vive en las cosas que estamos haciendo y en la vida del pueblo cubano. Vive, vive».

(Tomado de Alma Máter)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s