Un acercamiento a la basura electrónica como problema mundial


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Por: Geicy Acosta Guzmán;  Adonis Guerrero Pi; Yosvani Vázquez Cruz; Luis A. Capestani Placias

Podemos comenzar acordándonos de WALL-E, excelente producción de Disney Pixar en la cual los humanos debieron ser evacuados de la tierra cerca del 2115 , debido a la excesiva cantidad de basura generada dejando pequeños robot denominados WALL-E (Waste Allocation Load Lifter – Earth class) para procesar la basura y limpiar todo el desastre. Actualmente se puede ver un paisaje muy similar en algunos países asiáticos como India, Pakistán y principalmente China quien se ha convertido en el basurero electrónico del mundo, importando cerca del 70% de la e-basura (e-waste) generada por los países industrializados: EE.UU., Canadá, Japón, y Europa que suman unas 50 millones de toneladas anuales. ¿Por qué sucede esto?

La basura electrónica (e-waste) constituye actualmente el 5 por ciento de los residuos sólidos urbanos (RSU) a escala global: una proporción similar a la que representan los envases plásticos, pero mucho más peligrosa ya que estos residuos son una mezcla compleja de cientos de materiales, muchos de los cuales contienen metales pesados tales como plomo, mercurio, cadmio y berilio, químicos peligrosos, tales como los retardantes de fuego bromados – bifenilos polibromados (PBBs), difenil éter polibromados (PBDEs) y tetrabromobisfenol-A (TBBPA o TBBA).

El plástico PVC es un compuesto también muy utilizado. Un teléfono celular móvil, por ejemplo, contiene entre 500 y 1.000 compuestos diferentes. En todos los países “industrializados” está totalmente prohibido acumular en vertederos los residuos electrónicos ya que son terriblemente tóxicos y el proceso de reciclado es costoso. Por lo que la solución más ´´conveniente´´ es exportar esta basura a los países asiáticos y actualmente también a países africanos.
Las razones por la que China importa basura de Estados Unidos, Europa y Japón son dos: primero los ingresos que obtienen del pago que estos países hacen al gigante asiático por quitarse de encima el problema. Por otro lado con una industria manufacturera en expansión aceptan recibir chatarra que utilizan posteriormente como fuente barata de materias primas reciclables. (El costo de reciclar una PC en EE.UU. es de $ 30 contra $ 2 por enviarla y que lo hagan en China).

Por ejemplo: En la localidad de Guiyu, en la provincia china de Cantón, existe un gigantesco vertedero de basura electrónica procedente del Primer Mundo. En él trabajan 190.000 personas. Sus residuos ya han contaminado toda el agua en 50 kilómetros a la redonda, según la Administración Nacional de Protección Ambiental.

Los vertederos de basura electrónica o “e-waste” son algo más que una realidad. Se trata de regiones inhóspitas en las que la miseria humana se reúne con paisajes apocalípticos repletos de aparatos, gadgets y otros objetos relacionados inservibles. Sin embargo, no es necesario ir a China, Ghana o Pakistán para conocer los peligros que este tipo de desperdicios representa para el medio ambiente y para la salud misma.

Un informe publicado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) dio a conocer en un comunicado que durante el año pasado se generaron 41.8 millones de toneladas de “basura electrónica” en todo el mundo y que para 2018 la cifra se situará en 50 millones de toneladas.
Así mismo, el informe señala que la basura electrónica, equipos electrónicos y eléctricos que abarcan desde pequeños electrodomésticos hasta monitores de televisión pasando por teléfonos móviles, es un creciente problema debido a la elevada cantidad de materiales tóxicos que contienen.

Según el estudio, el problema de la creciente cantidad de basura electrónica generada en el planeta no es solo medioambiental, ya que esos desperdicios contienen elevadas cantidades de materiales tóxicos como plomo, mercurio y cadmio, sino también económico.
El informe de la UNU señala que los 41.8 millones de toneladas de equipos electrónicos y eléctricos tirados a la basura en 2014 contenían preciosos recursos, como oro y otros minerales, por valor de 52 mil millones de dólares.

De la basura electrónica generada el año pasado, casi el 60 por ciento fueron pequeños electrodomésticos de cocina y baño. Un 7 por ciento fueron teléfonos móviles, computadoras, impresoras y otros pequeños aparatos.

Según la UNU, los residuos generados en 2014 contenía un estimado de 16 mil 500 kilotoneladas de hierro, mil 900 kilotoneladas de cobre, 300 toneladas de oro (que es igual al 11 por ciento de la producción mundial total de 2013), así como plata, aluminio, plástico, paladio y otros recursos con un valor combinado estimado de 52 mil millones de dólares.
Las toxinas incluyeron 2.2 millones de toneladas de vidrio de plomo (más de seis veces el peso del edificio Empire State en Nueva York), 0.3 millones de toneladas de baterías, así como mercurio, cadmio, cromo y 4 mil 400 toneladas de clorofluorocarbonos (CFC) que reducen la capa de ozono.

“Los problemas de salud asociados con dichas toxinas incluyen problemas de desarrollo mental, cáncer y daños en el hígado y los riñones”, concluyó la UNU.
Estos materiales provocan impactos negativos tanto en el medioambiente como en la salud de los seres humanos, ya que los cultivos que terminamos ingiriendo pueden verse negativamente impactados por el proceso de contaminación que vive la Tierra. Por ejemplo, materiales como el plomo pueden llegar a causar daños renales, trastornos menstruales, irritación del sistema nervioso y disminución de los glóbulos rojos; el cadmio, por su parte, puede afectar el hígado, los riñones, los pulmones, el corazón y los huesos; y el níquel puede provocar abortos espontáneos.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para los próximos años se espera que el volumen de desechos electrónicos en el planeta se incremente un 33 por ciento. Al mismo tiempo, se pronostica que hasta el 80 por ciento de todos los dispositivos y aparatos electrónicos desechados terminen en vertederos similares a los megabasureros electrónicos similares a los que hoy en día existen en Ghana, Pakistán y China, en donde miles de personas viven expuestas a los materiales nocivos.

El creciente desarrollo tecnológico, con su avasallante oferta de dispositivos y servicios, unido a la táctica de obsolescencia programada, necesariamente trae como consecuencia un volumen inusitado de basura tecnológica que en ocasiones no tiene un tratamiento adecuado, y conlleva un grave riesgo ecológico. Es válido hacer un alto en el camino para reflexionar sobre este aspecto a partir de temas como el consumismo, el reciclaje y la reutilización. Así como generar conciencia sobre la necesidad de conocer y tratar este tema con mayor responsabilidad, no solo desde la academia, sino incluso involucrando a la mayor cantidad de personas posibles.

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