¿La inconsciencia de los fracasados?


Cuba, más que un nombre, un pueblo y una cultura.Leía en una mezcla de avidez y prudencia un mensaje enviado por un amigo sobre un artículo publicado por el escritor de nacionalidad cubana radicado en Europa: Amir Valle, alguien que reniega de la condición de ciudadano de su país de origen, pues no creo que su comentario ayude a una Cuba necesitada de su gente para resolver los múltiples problemas que tenemos, aunque no considero que este país se muestre como la imagen que describe el señor Valle, tampoco cuando se refiere a otros pueblos y/o gobiernos de la región.

Por solo citar algunos ejemplos, cuando señala a la Cuba de hoy plantea que el 75% de su población está descontenta y sólo piensa cómo agenciárselas para salir del país, no puedo negar que un número, tal vez, no desdeñable de personas, especialmente jóvenes, pretenden desarrollar su vida fuera de nuestras fronteras, eso sí, la inmensa mayoría de ellos con niveles superiores de educación y salud -algo que se pretende obviar en este tipo de análisis o dibujar como un cliché del discurso oficial- que una parte importante de los migrantes de otras nacionalidades.

La excepcionalidad en política es mucho más un mito o propio de la propaganda que la realidad expresada en datos más o menos fidedignos, por tanto Cuba tampoco es muy excepcional pero sí tiene índices o estándares de vida que son escasamente comunes en los países del Tercer Mundo, además sería cuando menos de mala fe evaluar la situación socioeconómica y política de la Isla sin referirse al daño provocado por el conflicto con la superpotencia estadounidense, traducido en ínfimos niveles de comercio con el país que es la meca en este aspecto, sin analizar a profundidad la imposibilidad de la nación antillana de utilizar el dólar en sus transacciones internacionales, la persecución a las empresas cubanas o las que comercien con ellas, entre otros que harían un largo etcétera solo en términos de negocios, porque los perjuicios humanos son muy difíciles de contabilizar, no obstante, hasta 1999 más de 5000 cubanos habían perdido la vida o quedaron con secuelas para toda su existencia producto del Terrorismo de Estado que promueve los EE.UU. como parte de su nefasta política hegemónica. Al parecer al intelectual radicado en España inicialmente y actualmente en Alemania eso es algo que no le llama la atención, porque explicaría en parte la conducta de los cubanos y, por supuesto de su gobierno.

Miente, Valle, cuando afirma: (…) los desmanes represivos de la imposición totalitaria en Nicaragua (…), o cuando responsabiliza a Cuba por lo que denomina como la explosiva situación en Venezuela. Sobre lo primero bastaría recordar las recientes elecciones en el país centroamericano donde, el FSLN ganó inobjetablemente y su principal figura el Comandante Daniel Ortega se ha erigido como el político más popular no sólo delo país centroamericano sino de todo el orbe, con una aprobación del 72,5% de la población que fue a las urnas (68,2%) cifra tristemente excepcional en la “fiestas democráticas”. Búsquese en qué país del mundo algún presidente ha sido elegido con semejante porcentaje en los últimos diez años.

La segunda aseveración no deja de ser cierta pero de forma incompleta, pues no toca ni con el pétalo de una flor, a quienes han provocado esa situación, esos que le dan patadas a la mesa de negociaciones cada vez que no se cumple con sus ilegales exigencias porque en 18 años solo han ganado 2 elecciones nacionales, una en 2004 para radicalizar una constitución –cuya derrota fue revertida con creces por Chávez y el chavismo poco tiempo después- y la de diciembre de 2015 al hacerse de la mayoría en la Asamblea Nacional, empleándola como instrumento de desestabilización institucional, muy lejos de sus funciones dentro de una sociedad democrática, como suelen llamarla las oligarquías si se ajusta a sus intereses.

La influencia cubana, ha sido de carácter estrictamente humanitaria, solidaria con aquellos que menos recursos tienen, o de lo contrario que ha sido la Misión Barrio Adentro con la participación de nuestros médicos, enfermeros, profesores de cultura física, tecnólogos en los CDI y otras formas de llegar a los desfavorecidos, o la Misión Cultura con los instructores de arte y hasta nuestros más importantes artistas colaborando con ese pueblo, qué decir de la formación de maestros, facilitadores o la presencia directa de nuestros profesionales del Ministerio de Educación y Educación Superior para sacar del analfabetismo en todas sus facetas a esa nación hermana.

Cuando el escritor apunta a Cuba lo hace planteando el archimanido tópico de los derechos humanos, calificándola como violación descarada. Me pregunto dónde estaba el señor Amir Valle cuando se desahuciaban a miles de personas en la “Madre Patria“, -entre ellas unos cuantos cubanos radicados allí-, el mismo que tiene una de las crisis políticas más bochornosas de su historia, pasando meses de inestabilidad porque no se aprueba un gobierno por falta de quórum y, además cuyo presidente cuenta con apenas un 2,9% de popularidad, el más bajo de todos los tiempos.

Intentar arrojar estiércol al legado de Fidel Castro acusándolo de dictador o como un fracasado en su gestión política al frente de Cuba, es cuando menos una muestra de irrespeto a quien con virtudes y defectos como todos los seres humanos hiciera más por su pueblo que otro gobernante en toda su historia, desafiando peligros dentro y allende los mares del archipiélago nacional, alguien podrá cuestionar cuán querido y amado fue el líder revolucionario de quien los agradecidos no aceptan otra denominación que el de nuestro Comandante en Jefe, porque reconocen en este a una persona entregada en cuerpo y alma a tratar a los demás como seres humanos.
No considero que encontrar un país con un abrumador por ciento de analfabetismo, o niveles dantescos de insalubridad, así como otros serios problemas de existencia digna, resueltos con el proceso nacional liberador a pesar de que en los últimos tiempos se aprecien algunos, no sin plantearse la solución o paliación entre todos los ciudadanos -eso tampoco es muy común por estos días en las agendas políticas de gobiernos autodenominados paladines de la democracia-, con los recursos a mano o los que seamos capaces de producir, en una simplificación extraordinaria sea una actuación fallida.

En una breve síntesis se quedan muchas cosas por decir, mas, no es ocioso resaltar  que las cubanas y cubanos no somos fanáticos, sino realistas, no hay en el espectro político nacional o internacional alguna corriente que represente mejor los intereses del pueblo trabajador, de los jóvenes, niños y ancianos que la opción revolucionaria socialista, eso sí, con una mayor y más efectiva participación popular en la toma de decisiones, lo cual no significa una contradicción con lo antes mencionado, sino que este proceso es una obra humana y por tanto perfectible, pero eso lo olvidan quienes se consideran por encima del bien o el mal del país donde nacieron, estudiaron y se hicieron intelectuales, sobre todo si se está a miles de kilómetros de este ¿Serán realmente exitosos esos que son eternamente extranjeros donde viven y tampoco considerados propios donde nacieron?

 

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