El renacimiento


Fidel Castro: El eterno líder de la Revolución Cubana

¡Fidel cuánto te extraño! Hace dos meses que no estás físicamente y ya me parece una eternidad.

Veía el miércoles 10 la película Allende y su laberinto del director Miguel Littin y en pasajes se demostraba la influencia que tuvo Fidel en el proceso socialista fallido en Chile. Repasaba en mis conocimientos de historia en cuantos más estuviste presente e hice de mis ojos un pantanal.

El liderazgo en Cuba hace falta como el agua a la tierra. En lo particular creo que hay que tener patrones a seguir e hice de Fidel el mío, pues encierra la figura del cubano y el cómo ser  síntesis de lo nacional, aunque no completa pues según Angela Davis lo que le faltaba a Fidel era saber bailar, pero bueno nadie puede ser completo.

Reproducir a Fidel es imposible. Reproducir sus ideas es la tarea que nos debe ocupar a todos, pero es también difícil. ¿Cómo hacerlo desde la función de educar? Puedo decirles que lo vi hace muy poco en mi trabajo. Una compañera cerca de mi estación le decía a su hijo, de 3 años, quién era Fidel y lo que significaba para los cubanos, hasta le puso sus audífonos al pequeño donde se escuchaba “Cabalgando con Fidel”, la canción que lo acompañó en su regreso a Santiago, interpretada magistralmente por Raúl Torres, Luna Manzanares, Eduardo Sosa y Annie Garcés.

El pequeño, hermoso por demás, que como todo niño encierra la pureza de la inocencia y el deseo tempestuoso por el saber, comenzó a reproducir la canción una y otra vez desde su candidez. El laboratorio que se caracteriza por la quietud en la mayor parte de su tiempo y el sonido de los dedos al golpear el teclado hizo mute y por espacio de unos minutos se paralizó.

En ese tiempo vi la cara de algunos compañeros y se veía el brillo en los ojos que solo se nota en aquellos que aman o respetan. Después todo volvía a la normalidad pero algo pasaba. Fabián, nuestro niño, que en ocasiones nos acompaña en las jornadas del laboratorio comenzó a posarse como un zunzuncito en cada unas de las estaciones de trabajo y reproducía una y otra vez la canción con una entonación perfecta, tal vez para mis oídos, pero con mutilaciones por el precipitado aprendizaje. Ninguno le dijo ¡No molestes niño! Cada uno lo miraba con amor indescriptible cuando le decía quieres que te cante la canción de Fidel y todo volvía a empezar.

Fabián se quedó en la mente de todos varios días, pero también quedó Fidel como meta posible, como el paradigma perfecto del cual emanaba una luz de futuro que iba y volvía constantemente para mostrarnos el camino.

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