Cuando el silencio habla


murio-fidel-castro-a-los-90-jpg_604x0Por: Dunnia Castillo Galán

Este 26 de noviembre Cuba y el mundo han amanecido con una triste noticia: el más grande de todos los cubanos; el hombre que nos convirtió en nación; el joven que con solo  27 años se transformó de acusado en acusador; el soñador que con apenas 83 personas, algunas armas y un pequeño yate procuró obtener la libertad de un país; el presidente de los humildes y para los humildes; el que casi nunca durmió 8 horas diarias; el primero en llegar a cualquier línea de combate cuando el pueblo lo necesitó; sencillamente Fidel, ha muerto.

Un mar de lágrimas ha brotado de millones de párpados. Todos sabíamos que en algún momento esto ocurriría, pero el golpe siempre es demasiado fuerte cuando se trata de un ser amado, y Fidel es y será amado, querido y respetado por los hombres dignos de esta tierra.

Hoy el silencio se ha adueñado de las calles. Los televisores apenas se escuchan, la música no existe, los niños casi no lloran, los autos apenas pitan, los perros no ladran, los gatos no maúllan, los pájaros no cantan. No sé cuál es la mística de este hombre, pero hoy, desde mi apartamento en la Universidad de Las Ciencias Informáticas, apenas escucho ruidos.

Todos están ahí, pero nadie sale a jugar a las canchas, no se ríe de alguna película, no se canta al compás de algún acorde, el silencio ensordece y el dolor es visible en la cara de todos. Algunos aun no lo creen; otros comentan como hasta para partir supo escoger un día histórico; todos nos lamentamos.

Comandante: gracias por existir; por ayudarnos a crecer física y psicológicamente; por inspirarnos con su andar seguro por cada rincón de esta isla; por anticiparse a los acontecimientos y mostrarnos a cada momento las cosas buenas y malas del mundo; por no cejar en su empeño de construir un mundo mejor; por enseñarnos que la solidaridad es parte imprescindible de la vida; por salir, llegar y triunfar como prometió antes de embarcarse hacia Cuba hace exactamente 60 años; simplemente, por ser Fidel.

Desde niña siempre soñé que estaría frente a usted, y aunque lamentablemente ya no podré lograrlo, me satisface saber que me ha acompañado en mi formación como persona y profesional inspirando mi actuar. Como dijera el Ché en su carta de despedida: “las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas”. Hasta siempre Comandante. “No porque hayas caído, tu luz es menos alta”. Te amamos y amaremos por siempre.

Fotos divulgadas en Facebook por Manuel Enrique Peiso y Claudia Durán

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