La consolidación de los cambios en la comunidad cubanoamericana


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Por: Jesús Arboley/Progreso Semanal

Acaban de darse a conocer los resultados de la última encuesta realizada por la Universidad Internacional de la Florida (FIU), sobre las inclinaciones políticas de la comunidad cubanoamericana.

Se trata de la investigación más seria y completa sobre la materia que se viene realizando desde1991 en el sur de la Florida, lo que permite analizar la evolución de este proceso por cerca de 25 años. Al margen de que con seguridad en el futuro será útil profundizar en sus resultados, vale la pena que comentemos algunos de sus hallazgos más significativos.

Según el profesor Guillermo Grenier, quien ha dirigido estas investigaciones, “la tendencia hacia una actitud más abierta con el acercamiento a Cuba está aumentando” y lo achaca “a la expansión de las posibilidades de interacción con la isla gracias a la nueva política impulsada por la actual Administración”.

Los resultados obtenidos verifican plenamente esta afirmación: una significativa mayoría (63%) apoya el levantamiento del bloqueo; el 55,8% respalda la nueva política hacia Cuba y el 54% las relaciones económicas entre los dos países.

Podría agregarse que también refleja las transformaciones sociales y políticas que se han producido en esta comunidad en los últimos años, las cuales, motivadas por diversos factores, expresan una línea de continuidad que resultará difícilmente reversible.

Conviene entonces que pongamos la mirada en la composición actual de lo que se define como “comunidad cubanoamericana”, para tratar de comprender mejor lo que está ocurriendo:

En Estados Unidos residen poco más de 2 millones de personas de origen cubano. Casi 1.2 millones (57%) nacieron en Cuba y el 47% de ellos lleva más de 20 años viviendo en ese país, mientras que casi la mitad (43%) nació en Estados Unidos.

El 70% del total reside en el Estado de la Florida, la mayoría en el Condado de Miami-Dade y las regiones limítrofes (dando forma a lo que se denomina el enclave cubanoamericano de Miami), lo que lo convierte en el grupo latino de mayor concentración demográfica del país.

La lógica demográfica expresa una disminución progresiva de los primeros inmigrantes, aquellos que arribaron antes de 1980 (denominados “el exilio histórico”), donde se han concentrado las posiciones más hostiles hacia Cuba, así como el aumento proporcional de los descendientes y los que emigraron después de esa fecha, en los cuales se expresan los cambios de actitud más relevantes respecto a las relaciones con la sociedad cubana.

Según refleja la encuesta, el 93% de los que arribaron después de 1995 y el 87% de los comprendidos entre 18 y 39 años apoyan los viajes sin restricciones a la Isla. En el caso de los nuevos emigrados la explicación parece bastante obvia debido a los vínculos filiales, existenciales y culturales que mantienen con Cuba, pero en lo que se refiere a los más jóvenes, donde están incluidos los descendientes y aquellos que han vivido la mayor parte de sus vidas en Estados Unidos, las razones son más complejas y parecen más relacionadas con fenómenos endógenos de la sociedad norteamericana.

En general, el 61% del electorado cubanoamericano apoya las relaciones con Cuba y, contrario al criterio de que el tema cubano ha dejado de ser importante para determinar la inclinación del voto cubanoamericano, el 64,5% define como “muy importante” la posición de los candidatos al respecto, para definir su selección.

Tal evolución debe tener a la larga un impacto electoral significativo, toda vez que todos descendientes y el 76% de los inmigrantes posterior a 1995 ya tienen la ciudadanía norteamericana, lo que establece una masa electoral que pudiera resultar decisiva, si tenemos en cuenta que los inmigrantes entre 1980 y 1994 deben reportar un índice de nacionalización aún mayor.

Aún así, de cara a las próximas elecciones locales, lo más probable es que las maquinarias de la extrema derecha aún sean capaces de reelegir a los representantes cubanoamericanos al Congreso Federal y también es posible que su apoyo, junto con otros sectores republicanos del Estado, sea suficiente para que Marco Rubio mantenga su escaño senatorial.

Los potenciales cambios entonces habrá que observarlos en lo que se refiere a la elección presidencial. Debido a su volumen, apenas el 4% de la Florida, por sí mismo, el electorado cubanoamericano nunca ha tenido un peso decisivo para la victoria de un candidato presidencial en el Estado.

No obstante, lo reñidas que siempre son las elecciones en la Florida y su impacto a escala nacional, explica la importancia que le conceden los aspirantes a los diversos grupos de votantes, incluyendo a los cubanoamericanos, los que además se han destacado por sus contribuciones económicas y su activismo en la diversas campañas.

Un aspecto novedoso de la actual encuesta es el descenso que se aprecia en el apoyo al candidato republicano Donald Trump (35.5%), el más bajo de la historia, prácticamente en paridad con Hillary Clinton (31.4%), ambos con niveles de aceptación muy bajos, tal y como ocurre en el resto del país. Al parecer el resultado lo decidirán los indecisos (10,4%) y probablemente ocurra un grado de abstencionismo, hasta ahora calculado en 17,8%, nunca antes visto en la participación electoral de los cubanoamericanos.

Con vista al futuro, más interesante aún son los cambios que se observan en la filiación política de los cubanoamericanos. Los republicanos alcanzan un 53.5%, un descenso significativo respecto a más del 70% que pudiera ser considerada la media de los últimos años. Ello, sin embargo, como ha indicado el propio Grenier, no ha representado un aumento de los demócratas (21.9%), sino de los independientes (44,6%), que en el caso de los comprendidos entre 18 y 39 años llega a alcanzar el 48%, algo similar a lo que también ocurre a escala nacional.

La gran perdedora en la nueva coyuntura es la extrema cubanoamericana. Aunque aún conserva un alto grado de control sobre las maquinarias políticas locales del sur de la Florida, prácticamente monopoliza la representación de este electorado a escala estadual y nacional, así como cuenta con estructuras de cabildeo relativamente eficientes, en la medida en que se transforma la actitud hacia Cuba, desaparece el factor en que se ha basado su capacidad movilizadora del voto cubanoamericano y la razón que la hacía funcional a los sectores dominantes de la política de Estados Unidos hacia Cuba.

Ya se aprecia el abandono de importantes sectores empresariales cubanoamericanos que antes le servían de apoyo, así como la aparición de contrapesos, incluso dentro del Partido Republicano, que le han impedido revertir la política hacia Cuba, aunque en el Congreso han logrado frenar iniciativas que la favorezcan.

Bajo estas condiciones, no es descartable que a mediano plazo también aparezcan fuerzas locales -cubanoamericanas y de otros sectores- que le disputen la supremacía que hasta ahora han tenido y que incluso políticos tradicionales de derecha comiencen a modificar su discurso respecto a Cuba.

La conclusión es que en la medida en que crece el peso de los descendientes y los nuevos inmigrantes en la composición social de la comunidad cubanoamericana, se aprecian transformaciones relevantes en su conducta política, especialmente en lo referido al mejoramiento de las relaciones con Cuba.

Cuba no puede ser ajena a estas transformaciones, toda  vez que revisten una importancia estratégica para la nación, tanto por sus implicaciones internas, como por su impacto en la política exterior, especialmente respecto a Estados Unidos.

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