La desaparición de las URSS 25 años después: Algunas reflexiones (III)


RusiaPor: José Luis Rodríguez

La salida de Nikita Khruschov del gobierno soviético en octubre de 1964, marcó el fin del enfrentamiento oficial al fenómeno del estalinismo y también el final de una ejecutoria que tuvo sin duda méritos, pero que de igual modo mereció la crítica de sus contemporáneos por la falta de sistematicidad en las transformaciones económicas y políticas que trató de introducir; los métodos de dirección  signados de una alta centralización de funciones en su persona; la oscilante política agraria, donde los éxitos fueron solo temporales; la insensata competencia para tratar de igualar la economía de Estados Unidos en un breve plazo; y los descalabros en política internacional que condujeron a la ruptura con China, al levantamiento del Muro de Berlín, en 1961, y a la Crisis de Octubre, en 1962.

La valoración histórica de la figura de Khruschov ha sido controversial, pues algunos autores como Roger Keeran y Thomas Kenny –autores del libro El socialismo traicionado, que se publicó en Cuba -, valoran a esta personalidad como continuadora de tendencias socialdemócratas en el PCUS, estableciendo una valoración a todas luces prejuiciada y sesgada de su desempeño. Por otro lado, Hans Modrow –último secretario general del Partido Socialista Unificado de la RDA, en su libro La perestroika: impresiones y confesiones, señala:

“El hecho de que Krushchov haya tenido el valor de señalar con toda claridad las fechorías cometidas en nombre de Stalin, y por consiguiente en nombre del socialismo, le asegura un importante puesto en la historia. Sólo dogmáticos incorregibles defienden el criterio de que la decadencia del socialismo comenzó con él.”

El equipo de dirección que lo sucedió se inició con una división de poderes entre Leonid Brezhnev, como Secretario General del PCUS y máximo dirigente del país; Alexei Kosyguin como Presidente del Consejo de Ministros, y Anastas Mikoyan, como Presidente del Presidium del Soviet Supremo de la URSS, el cual fue sustituido por Nicolai Podgorni en 1965. A partir de 1977 Brezhnev ocuparía también la presidencia del país.

Brezhnev, al igual que Khruschov, había nacido en Ucrania y ambos tuvieron muchos puntos de contacto en sus carreras políticas, al punto de que Khruschov lo consideraba como su segundo en el Partido a la altura de 1964. Sin embargo, a diferencia de Khruschov, Brezhnev siempre fue muy conservador en su actuación y decisiones, factor que incidiría en su ejercicio como máximo dirigente soviético durante 18 años.

De tal modo, el equipo de dirección del PCUS que se instala en 1964 trató de buscar una estabilidad que contrastaba con las reformas que había tratado de impulsar el sucesor de Stalin –muchas de ellas controversiales- durante 11 años.

Sin embargo, la situación en esos momentos indicaba claramente que resultaban indispensables cambios en el sistema de dirección de la economía y en esa circunstancia, los debates que habían comenzado en 1958 apuntaban también en esa dirección, tomando en cuenta que los resultados económicos mostraban un descenso del ritmo de crecimiento de la producción industrial, que alcanzó el 8,6% entre 1961 y 1965 de 10,4% entre 1956 y 1960, a lo que se añadían desastrosos resultados de las cosechas agrícolas en la primera mitad de los años 60.

Esta tarea la asumió Alexei Kosyguin, cuya trayectoria era la de un magnífico dirigente empresarial que había transitado por cargos de alta responsabilidad estatal desde antes de la Segunda Guerra Mundial hasta el gobierno de Khruschov. En tal sentido, todavía hoy se reconocen sus méritos como miembro del Consejo de Defensa de la URSS en los años del conflicto bélico al organizar el traslado exitoso hacia el este de las industrias que iban a quedar en la zona ocupada por Alemania.

Luego de intensos debates, en septiembre de 1965, fue aprobada la reforma económica soviética que trataba de combinar una mayor presencia de mecanismos de mercado con una planificación centralizada, donde esta última mantenía la preponderancia.

Nuevamente desde su aprobación la adecuada combinación entre la gestión macroeconómica y la dirección empresarial, traducida en la relación entre la planificación centralizada y la descentralización de un grupo de decisiones, no encontró un cauce adecuado al abordar conceptualmente la vinculación entre plan y mercado. Por un lado, resultaban evidentes las deficiencias de una economía donde se planificaba centralmente hasta el detalle todas las operaciones de la empresa. Pero –por otro lado- pretender que el mercado regulara la actuación de la empresa estatal, tomando como criterio rector básico la rentabilidad, no aseguraba que se cumplieran los objetivos a alcanzar en una sociedad socialista.

Se acordó entonces incluir algunas medidas propias de una economía de mercado a nivel empresarial con el objetivo de flexibilizar y descentralizar su gestión –limitando el alcance de las transformaciones propuestas por Evsei Liberman en 1962-, añadiéndole incentivos para administradores y trabajadores, pero manteniendo prácticamente sin cambios el sistema central de planificación.

En este último aspecto no se trabajó con igual intensidad y una planificación más flexible en la microeconomía, especialmente para la formación de los precios a partir del uso de modelos económico-matemáticos fue totalmente subestimada. En los medios académicos se extendió el criterio de que la única solución a los problemas transitaba por una ampliación del mercado a lo cual tendría que adaptarse la planificación, criterio tecnocrático de fatales consecuencias que se abriría paso definitivamente en la crisis de finales de los años 80.

Lógicamente, las contradicciones no tardaron en aparecer tomando en cuenta –además- de que la visión burocrática de los fenómenos económicos estaba presente tanto a nivel de los ministerios como de las empresas y ello se apreció claramente por la ausencia total de modificaciones en lo referido a lograr una mayor participación de los trabajadores en el proceso de toma de decisiones, elemento central para el éxito de cualquier política económica socialista.
Por otra parte, el esfuerzo de Kosyguin por impulsar los cambios encontró resistencia en los niveles superiores de dirección y si bien no puede decirse que Brezhnev se opusiera a las reformas, tampoco las apoyó visiblemente.

No obstante, los resultados económicos –aun cuando no alcanzaron los objetivos previstos- tuvieron un impacto positivo por cuanto creció la renta nacional en la economía soviética de 1966 a 1970 un 7,8% y mantuvo un incremento promedio anual de 5,7% entre 1971 y 1975, cifras que mostraron un desempeño incluso superior al crecimiento de Estados Unidos en esos años.
La situación comenzó a mostrar mayores dificultades cuando de 1976 a 1980 la renta creció 4,3%, lo que motivó nuevamente la reversión de diferentes aspectos del sistema de dirección hacia una mayor centralización en 1979 y entró definitivamente en un proceso de estancamiento de 1981 a 1985, cuando solo aumentó un 3,6%. Más allá de estas cifras, los factores intensivos en el crecimiento de la economía –que miden la calidad de ese crecimiento- bajaron del 28,4% de los incrementos en 1966-70, a 21,3% en 1976-80.

En este último aspecto destaca que siendo la URSS un país con un alto potencial científico –el país llegó a concentrar el 25% de los científicos de todo el mundo-, fuera difícil el desarrollo de la innovación y la introducción los adelantos científico técnicos en la economía, salvo en el complejo militar industrial.

Adicionalmente no debe pasarse por alto que todo esto ocurre en medio de un proceso de crecimiento de la economía informal, también llamada segunda economía cuyo peso –según estimados de los propios soviéticos- pasó de un nivel equivalente al 3,4% del PIB en 1960, al 20% en 1988.

Por otro lado, las transformaciones políticas internas y externas entre 1965 y 1985 tuvieron también en muchos aspectos un impacto desfavorable en el desempeño económico, político y social de la URSS.

En primer término, la limitada apertura a la discusión de los problemas de la sociedad soviética que se expresó sobre todo en la literatura y el cine, así como en los debates académicos en la época de Khruschov, prácticamente cesó a partir de 1965. En este sentido todo indica que primó el criterio de que lo fundamental era la elevación del nivel de vida material de los ciudadanos soviéticos –fenómeno que efectivamente ocurre entre 1965 y 1975-, pero no se atendieron los aspectos que redundarían en una existencia espiritualmente más plena del hombre y en el desarrollo de una cultura socialista en el mismo.

Como se ha señalado por los analistas Ariel Dacal y Francisco Brown:

“Todo esto trajo como resultado una laguna en la opinión pública que fue relativamente fácil de ocupar con la propaganda capitalista, que alentaba el descrédito del socialismo, basada fundamentalmente en la incitación al consumo y a la libertad, lo que lógicamente surtía efecto en una población necesitada de consumo y libertades básicas.”

Esta situación se vio –además- agravada por la ausencia de vínculos entre la población y la llamada nomenklatura de la dirección política del país que envejeció en sus cargos, gozando de privilegios que mellaron la ejemplaridad social que debían tener.

Igualmente el manejo de la política exterior soviética durante estos años que imponía una línea de acción incondicional a Moscú, conllevó la invasión de Checoslovaquia en 1968, para tratar de frenar las posiciones socialdemócratas que se observaban en sus dirigentes, pero en una acción violatoria de la soberanía nacional de ese estado socialista y que daría lugar a la llamada Doctrina Brezhnev de la soberanía limitada en Europa oriental. Esta decisión que se argumentó como inevitable para evitar la transición al capitalismo en un país socialista, tuvo un alto costo político que –a la larga- no propició la rectificación necesaria del conservadurismo en la dirección del PCCh, ni condujo al análisis de las verdaderas causas de esos acontecimientos.

Una intervención similar se produciría con la invasión de Afganistán en 1979 para apoyar una de las facciones en pugna en el gobierno de ese país, que se extendió durante diez años, donde las tropas soviéticas no lograron dominar la situación y que tuvo nefastas repercusiones para el prestigio de la URSS en el Tercer Mundo y en particular para el Movimiento de Países no Alineados.

Finalmente, el poderío militar de la URSS se incrementó de forma notable durante estos años en el contexto de una política de coexistencia pacífica como premisa para preservar la paz entre las dos superpotencias, alcanzando la paridad estratégica entre ellas a costa de un enorme esfuerzo, lo cual sin dudas fue un logro significativo por la parte soviética.

Sin embargo, la extrapolación de esa coexistencia pacífica a las relaciones con los países que luchaban contra la dominación colonial y neocolonial, colocó a la dirección soviética en una posición de incomprensión de la lucha antimperialista y anticolonial en el Tercer Mundo. No obstante lo cual, y en honor a la verdad debe decirse que muchos países recibirían para su lucha el apoyo militar de la patria de Lenin en los años 70 y 80.

Cuando se produce la muerte de Leonid Brezhnev en1982 resultaban todavía más evidentes si cabe, la necesidad de reformas económicas y políticas para salir del estancamiento en que se encontraba el país.

Accede entonces al poder como Secretario General del PCUS Yuri Andropov, considerado un hombre de firmes convicciones y experiencia, que había dirigido los servicios de seguridad (KGB) desde 1967. Su trayectoria abarcaba desde la lucha guerrillera tras las filas del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial, pasando por diferentes cargos en el aparato del PCUS, incluyendo su labor como embajador en Hungría en los años 50, jefe del departamento del Comité Central que atendía las relaciones con otros partidos comunistas y miembro del Buró Político desde 1973.

Se le consideraba un dirigente culto y consciente de la necesidad de los cambios en el la sociedad soviética, aunque no propuso un programa amplio de reformas, pero sí implementó –a partir de julio de 1983- una serie de medidas que retomaban aspectos de la reforma económica de 1965 ante el fracaso de las decisiones adoptadas en 1979 y a las que se denomino como “experimento económico.”

Andropov enfrentó también a la indisciplina laboral, el alcoholismo y la corrupción. Especialmente en este último aspecto se centró en los cargos de dirección más elevados en la sociedad y en 15 meses sustituyó a 18 ministros y numerosos cuadros en la nomenklatura del PCUS, al tiempo que introducía personas más jóvenes en los puestos de dirección más importantes, incluyendo entre ellos a Mijail Gorbachov.

A pesar de sus esfuerzos –que enfrentaron también fuerte oposición en la burocracia partidista- su mayor limitación fue su propio estado que salud, ya que en el momento en que fue nombrado como máximo dirigente de la sociedad soviética con 67 años padecía de una insuficiencia renal, lo que lo obligaba a someterse a diálisis de forma regular, situación que fue reduciendo su capacidad de trabajo hasta que falleció en febrero de 1984.

La implementación de una llamada política de estabilidad en los cuadros durante la administración de Brezhnev llevó a un inmovilismo y a la no promoción de dirigentes más jóvenes, fenómeno que hizo crisis con la muerte de Andropov. De ahí que se eligiera a un candidato de transición –supuestamente para ganar tiempo- que resultó ser Konstantin Chernenko de 73 años, que se encontraba también gravemente enfermo.

El nuevo secretario general había desarrollado su carrera política esencialmente en el aparato del PCUS, donde fue jefe del Departamento General del Comité Central en 1965 –ocupándose principalmente como jefe de despacho del secretario general-, siendo promovido ulteriormente al secretariado en 1976 y finalmente al buró político en 1978.

Se ha reconocido que Chernenko no era una persona con la preparación necesaria para el cargo que ocuparía, tomando en cuenta la complejidad de la situación interna prevaleciente en la URSS en 1984 y la situación internacional, marcada por tensiones crecientes en las relaciones con Estados Unidos.

Culminaba así una etapa donde a la altura de 1980 donde solo el 7% de los miembros permanentes del Buró Político y el 17% de los ministros tenían 60 años o menos.

Konstantin Chernenko falleció en marzo de 1985 13 meses después de haber asumido el cargo. En esa fecha fue electo Secretario General del PCUS Mijail Gorbachov que permanecería en el mismo hasta 1991 cuando desaparece la Unión Soviética.

(Tomado de Cubadebate)

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