Por la utilidad de la virtud (+ Video)


Yeny GomezCubaxdentro (4)Por: Lilian Cid, Andy Bermellón y Claudio Fernández/ Fotos: Cortesía de las entrevistadas

El 29 de diciembre de 1989 es un día icónico en la vida de Lourdes. La fecha atestigua el nacimiento de Yeny, su primogénita y -a la postre única hija-. Una niña bonita -vale el adjetivo aunque la recomendación venga de bien cerca-; un regalo de la vida cuya llegada a este mundo devino argumento perfecto para el inicio de una época intensa, de retos constantes y alegrías inmensas.
“La prueba del “alfafeto”  me dio un poco alterada…”-rememora Lourdes Brito Marrero quien es auxiliar técnico de la Dirección de Servicios Generales en la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI, Cuba). “Me explicaron que esta prueba puede alterarse por muchos motivos, y que una de las opciones era, en efecto, que el bebé tuviera problemas. Tenía la opción del aborto pero me negué. Corrí el riesgo, era mi primera niña y quería tenerla…”

“No te miento –se sincera-, tenía mucha ansiedad de saber cuál era la causa de la alteración y antes de que la enfermera –que asistió el parto- lo notara, yo ya le había visto las manitos”

Yeny llegaba al mundo padeciendo de Manos Zamba y su progenitora se encomendó a la tarea de borrar del día a día de su niña, las posibles consecuencias de esta limitante física conque estaba destinada a vivir.

Yeny GomezCubaxdentro (3)

Yeny Gómez. Foto: Cortesía de la entrevistada

“Nunca la cohibí de nada. Nunca le prohibí nada. Nunca le puse un obstáculo. Como cualquier madre, asumí la responsabilidad de prepararla para la vida.”

“Fui exigente, eso sí, porque formé a mi niña desde un sentimiento de constante auto superación, con la única meta de convertirla en un ser humano independiente y capaz de ser útil en la sociedad”.

Yeny es hija única, tiene 26 años y también es trabajadora de la UCI.

“Mi mamá nunca me cohibió de nada. Yo hice lo que quise. Si quería montar patines, monté patines…” –confirma la muchacha. Esa joven presumida y perfeccionista que  a diario podemos ver en la Peluquería de dicha institución entregada a una de sus enormes pasiones, los temas relacionados con la belleza femenina-.

La etapa escolar, ¿cómo fue?

Lourdes: Todo fue bastante normal hasta el sexto grado. Lo hizo todo por sí misma y con la ayuda de los maestros que llevaban  la clase un poco a su ritmo. Una vez que llegó la etapa de secundaria y entramos en una serie de intervenciones quirúrgicas, me convertí en una alumna más…

El mismo día en que Yeny se graduó del sexto grado,  ingresó en el  Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas (CIMEQ) para someterse a unas pruebas y valorar las opciones de cara a lograr un poco más de funcionalidad en sus manos.

Lourdes: Era un proceso constante de recuperación y yo me convertí en sus manos. Cursé los tres años de secundaria junto a ella, a su lado, día a día en el aula para copiarle las clases. La operaron unas cuantas veces, seis o siete. Estuvimos yendo a quirófano hasta que ella misma me pidió parar….

Yeny: No quise seguir porque en cierto momento empecé a perder habilidades, la fuerza en las manos y algunas de mis capacidades entonces decidí que todo terminaba ahí. Es cierto que quizás habría podido lucir mejor (estéticamente hablando)  pero ¿de qué me habría servido?…

Yeny es graduada de Técnico Medio en Informática.

“Fue título de oro y se ganó el derecho a ingresar a esta universidad pero no quiso. Decidió trabajar –precisa Lourdes al tiempo que reflexiona-…A veces pienso que lo hizo por liberarme un poco, por el aquello de que yo no tuviera que seguir a su lado….”

Cumplió con el Servicio Social en un Policlínico de su San Antonio de los Baños natal, donde se especializó en labores asociadas con el procesamiento estadístico en el área docente de dicho establecimiento de salud. Trabajó cuatro años allí hasta que decidió dedicarse a su verdadera pasión…

Yeny: Cuando terminé el politécnico quería trabajar y fue lo que hice. Desde pequeña lo que más me gustaba eran las cosas estas de belleza. Era una especie de talento natural. Estudié porque mi mamá siempre me inculcó la importancia de ser alguien en la vida, tener un título. Luego, cuando me gradué, empecé a dedicarle tiempo a los temas de belleza, empecé poniendo uñas postizas (acrílicas), lo compaginaba con el trabajo hasta que después de tener a mi bebé, lo dejé todo y empecé, a tiempo completo a dedicarme a trabajar las cejas y aquí estoy.

Los padres suelen soñar por sus hijos, ¿siente que los suyos se han cumplido?

Lourdes:Yo estoy muy orgullosa de tener la hija que tengo. Es una persona que siempre va a lograr lo que se proponga. Para ella no hay límites. Cuando tiene un propósito, y cree en él, lo va a sacar adelante.

Si tuviera que definirla:
Decidida, perseverante y valiente. Ha sido muy valiente y ha sabido enfrentar la vida de frente, sin complejos y dejando a un lado las limitantes que pudiera suponer su condición física.

¿Alguna vez han sentido el peso de la discriminación?

Lourdes: A pesar de que la sociedad es complicada y que siempre ha tenido que enfrentarse, sobre todo, a las dudas del por qué sus manos son así o qué es lo que padece, esto no ha tenido efecto en ella. Ella no percibe discriminación alguna porque jamás se ha sentido diferente.

Yeny: Nunca, es que no tengo complejos. Todo es parte de la crianza que tuve. Además, ahí fuera, en la sociedad, lo que se sobran son personas totalmente sanas que no aportan nada. Que, como decimos en buen cubano,  lo que tienen es zapato en  la cabeza.
Como madre de una niña que ha vivido con una condición especial, ¿qué consejo le deja a las familias?

Lourdes:Que no los limiten nunca, de nada y que tampoco se escuden en la condición especial que puedan tener sus hijos para sobreprotegerlos.  La mejor manera de amar y cuidar a los hijos es lograr educarlos para la vida.

¿Y el nieto/hijo?

Lourdes: Es una copia de su mamá. Hiperactivo, carismático y muy alegre.

Yeny: Yo soy con mi niño (Ian Travieso, de 4 años) como fue mi mamá conmigo. Nos ha tocado criarlo y estamos siguiendo el mismo guión.


Lourdes peina canas y está feliz. A ratos, cuando recuerda el camino recorrido, no puede evitar emocionarse. Y es que aunque admite que cada pedacito de la vida de Yenny ha sido un reto, está feliz por cada minuto que han compartido. Yeny, su eterna niña, es su tesoro. El mayor regalo de le ha dado vida.

Ella, en tanto, suscribe que Lourdes ha sido todo: su guía y cómplice de cada una de las cosas que ha logrado en la vida. Ellas, con su ejemplo, han dejado una huella irrefutable de lo que supone luchar por la utilidad de la virtud.

 

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