La izquierda latinoamericana: ¿quo vadis? (I Parte)


PRESIDENTES-LATINOAMERICANOS-CARACAS-DESPEDIR-CHAVEZ_IECIMA20130306_0047_7Por: Yaimara Cao García (ycg@espnl.co.cu)

La idea de traer al horizonte de reflexión cubano el nuevo momento por el que transita la izquierda en América Latina responde a una doble necesidad, por un lado, sistematizar la teoría marxista de la Revolución social y de otro comprender la nueva táctica de dominación norteamericana hacia Cuba que en la letra de Silvio Rodríguez significa, servir pasado en copa nueva.

La pérdida de las elecciones en Argentina primero y luego en Venezuela el 6 de diciembre de 2015,  así como el más reciente revés del presidente Evo Morales en Bolivia, constituyen la realidad más visible del retroceso de la izquierda mundial y el ascenso de la reacción conservadora en la región. Sin embargo, sus causas más profundas habría que encontrarlas en la respuesta a las preguntas: ¿Cómo hacer la Revolución hoy? ¿Es posible construir un sistema anticapitalista desde la democracia burguesa? ¿Será que la tesis de la muerte del sujeto social se está legitimando?

El escenario latinoamericano para la izquierda se ha complejizado desde la pérdida física de Hugo Rafael Chávez Frías, uno de los principales líderes del llamado Socialismo del siglo XXI y la Revolución Bolivariana de Venezuela. En el nuevo contexto se hace necesario la construcción de un liderazgo colectivo pues también Cuba, baluarte de la resistencia en todo el orbe, se aproxima a la salida en las próximas elecciones de 2018 de su liderazgo histórico, donde habrá que pensar en un diálogo entre iguales debiendo tomar el Partido el lugar de vanguardia en conducir el devenir del proceso revolucionario iniciado en 1959. Unido a lo anterior, se debe valorar con justeza los alcances y las limitaciones de estos procesos de cambio, sin perder de vista su desgaste en el tiempo y la impostergable urgencia de sobrepasar las conquistas alcanzadas tal como refería el politólogo y analista francés, Ignacio Ramonet.

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En obras de Marx y Engels aparece el concepto de revolución permanente, utilizado en 1844, en La sagrada familia y en 1850 en un Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas. “(…) nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada la dominación de las clases más o menos poseedoras, hasta que el proletariado conquiste el poder del Estado, hasta que la asociación de los proletarios se desarrolle, y no sólo en un país, sino en todos los países dominantes del mundo, en proporciones tales, que cese la competencia entre los proletarios de estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en manos del proletariado”. Finalizando el escrito y observando la situación de Alemania dirán: “Pero la máxima aportación a la victoria final la harán los propios obreros alemanes cobrando conciencia de sus intereses de clase, ocupando cuanto antes una posición independiente de partido e impidiendo que las frases hipócritas de los demócratas pequeño burgueses les aparten un solo momento de la tarea de organizar con toda independencia el partido del proletariado. Su grito de guerra ha de ser la revolución permanente”. Estas ideas finales poseen hoy plena vigencia máxime cuando la derecha utiliza la fraseología de la izquierda para timarla, cuando la lucha es más encarnizada que nunca.

Para el siglo XX el concepto lo retoma León Trotsky destacando tres ideas claves del mismo; la primera “encierra el problema del tránsito de la revolución democrática a la socialista” , la segunda, refiere “el carácter permanente de la revolución socialista” y la tercera, tiene que ver con “El carácter internacional de la revolución socialista”. Para Trotsky: “La revolución permanente, en el sentido que Marx daba a esta idea, quiere decir una revolución que no se aviene a ninguna de las formas de predominio de clase, que no se detiene en la etapa democrática y pasa a las reivindicaciones de carácter socialista abriendo la guerra franca contra la reacción, una revolución en la que cada etapa se basa en la anterior y que no puede terminar más que con la liquidación completa de la sociedad de clases” .

Cabe destacar las diferentes lecturas que se le dio al concepto por algunos seguidores de Marx, con lo cual, toda Revolución social debía necesariamente transitar por dos etapas; antes de declararse su carácter socialista. Los fundadores del marxismo vivieron las oleadas revolucionarias en la Europa del siglo XIX y escribieron incluso sobre las sublevaciones campesinas en Alemania. Sus observaciones son válidas para aquella época e incluso para ésta siempre que se asuman de forma crítica. Constituye una revelación cómo Marx y Engels en Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, alertan sobre la falta de madurez de las aspiraciones proletarias, sentencian que el método de lucha de barricadas es anticuado y plantean el valor del sufragio universal y las posibilidades que ofrece de lucha en el parlamento. De ahí que digan: “Pero con este eficaz empleo del sufragio universal entraba en acción un método de lucha que se siguió desarrollando rápidamente. Se vio que las instituciones estatales en las que se organizaba la dominación de la burguesía ofrecían nuevas posibilidades a la clase obrera para luchar contra estas mismas instituciones”.

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