El trasfondo de la crisis griega


banderas1Por: Andrey V. Ruslanov* / (@RuslanovAndreyV)

A la hora de analizar las causas de una crisis, de la índole que esta sea, siempre tenemos que alertarnos a nosotros mismos del origen de la información que procesamos y del contexto en que se producen. En el caso de Grecia esto se traduce en que los grandes medios transnacionales nos presentan a la crisis de deuda de ese país como un fenómeno desconectado de lo que sucede en el resto de Europa y la crisis general del sistema que se desató con fuerza en el año 2008.

Si nos guiamos por esta prensa o literatura académica especializada podemos parcializarnos con un análisis tecnocrático o politizado, que solo habla del origen de la crisis en Grecia por las irresponsabilidades y errores históricos que los gobernantes de ese país han cometido, queriendo vivir por encima de las posibilidades que les brindan sus producciones reales.

Hablan del tradicional e histórico comportamiento de la Grecia moderna en incumplir sus responsabilidades como socio deudor desde la obtención su independencia del imperio Otomano, y su paulatina incorporación a los mercados y mecanismos de integración de la Europa occidental de posguerra.

Las plantillas de empleo súper-infladas, el pago de pensiones y salarios injustificados, la ineficiencias en el sector productivo con salarios mucho mayores que la media europea, un desmedido gasto en el sector militar, el vaivén de los sucesivos gobiernos con carencia de cultura institucional, las desproporciones y el populismo en las políticas macroeconómicas de las administraciones de las últimas décadas, así como la irracionalidad en la correspondencia entre desarrollo real y expectativa de vida, son algunas de las claves económico-culturales que más repiten sobre el modus operandi de la economía doméstica griega.

Con esto solo estaríamos repitiendo las críticas que llegan desde Alemania, en las que culpan a los sucesivos gobiernos griegos de corruptos, como justificación para que la Troika les imponga medidas extremas de ajuste interno, y así evitar que ellos terminen condonando la deuda, pues así estarían creando un precedente para los demás países de la Unión Europea, quienes comenzarían a gastar irresponsablemente y luego irían hasta Berlín para pedir un rescate.

Cierto es que en el año 2001, con la ayuda del banco Goldman Sach y otros actores europeos, quienes presionaron para que Grecia fuera admitida (incluso aludiendo a motivos “históricos”), el país heleno entró en la Zona Económica de la Unión Europea (UE) e hizo sustituir al dracma por el euro. El partido conservador, gobernante en aquel entonces, aseguraba que el déficit griego era del 3,7 %. Luego,  con el gobierno de Papandreuse demostró que el déficit real era del 12,7 %, una cifra alarmante y que de ser pública habría invalidado la inclusión en la moneda común.

Así, y con la acumulación de mentiras, desproporciones en el gasto público, irresponsabilidad en las sucesivas administraciones y ninguna coherencia entre las medidas adoptadas por los últimos mandatarios, no es casual que la Grecia de la crisis “iniciada” en 2010 ascendiera a 340 mil millones de euros.

Sin embargo, esto es solo la superficie del problema, para saber verdaderamente el origen de la crisis de deuda griega debemos analizar la naturaleza del sistema capitalista, el cual se reproduce así mismo a través de la crisis, y en especial su última versión: el modelo neoliberal, el cual se aplica con mucha fuerza en el continente europeo.

Entendido esto veremos que no se trata entonces de “la crisis de deuda griega”, sino de la crisis del sistema. Atenas es solo el eslabón más débil de esta cadena, y por tanto, el que sufre las mayores consecuencias. Así, los medios se concentran en Grecia, pero no toman distancia para abordar el panorama completo.

La-canciller-alemana-Angela-Merkel-y-el-primer-ministro-griego-Alexis-Tsipras-han-acordado-que-el-país-heleno-presente-el-martes-una-propuesta-sobre-un-plan-de-ayuda-financiera

Alexis Tsipras y Angela Merkel durante la propuesta de unos de los planes de ayuda financiera otorgados a Grecia.

Con la llegada de Alexis Tsipras al cargo de primer ministro todo parecía indicar que existiría un enfrentamiento a la troika neoliberal a partir de un genuino plan de desarrollo nacional, que tomara a la estrategia financiera como un complemento y no como el soporte total para solucionar el conflicto. Lamentablemente todos sabemos lo que ocurrió.

Pese a la negativa popular, expresada en el referendo de 2015, el gobierno heleno aceptó el tercer plan de rescate con las consecuentes medidas de ajuste neoliberal. Ello se traduce en responder a la crisis de deuda con las típicas fórmulas del más salvaje neoliberalismo, desconociendo la integralidad que requiere un proyecto de solución que saque a este país del colapso en que ha caído.

Como parte de este debate se especuló acerca de la pertinencia de que Grecia continuara o no en el euro. Si ya vimos que esta economía se insertó en la zona del euro bajo condiciones fraudulentas y ajenas a los requerimientos reales, no es de extrañar que existan muchos partidarios a favor de un Grexit, como medida sine qua non para que este país se recupere de la crisis. Sin embargo, el grado de inserción en el esquema europeo es tan fuerte que, una salida brusca tal vez pudiera ser peor.

A pesar de todas estas especulaciones, de lo que podamos creer, más allá de las ininteligibles cifras que se hacen públicas, lo que sí debe quedar claro es que todo proyecto de integración debe contar con el respaldo popular correspondiente y con un análisis sopesado y realista de la condiciones con que cuentan para poder realizar algo que de beneficios y no pérdidas.

La situación se encuentra estancada, detenida, con una pausa momentánea ante el drama de los últimos años. Ello justamente quiere decir que no se ha ofrecido una solución real al problema, sino que se respondió con las mismas recetas financieras y ajustes fiscales que solo crean malestar en la población y deterioro a largo y mediano plazo en el nivel de vida de los griegos. La crisis griega es aún una bomba de tiempo que puede estallar con consecuencias mayores a las que se han visto hasta este momento.

Naturalmente, para poder ofrecer una solución real, responsable y comprometida con la población, y en detrimento de los intereses de los grandes capitales internacionales, es necesario contar, ante todo, con voluntad política. El pueblo griego reclama líderes honestos, comprometidos y capaces. La experiencia de SYRIZA y Alexis Tsipras nos da el ejemplo de que el populismo y la demagogia son solo réplicas del pasado irresponsable. Es muy fácil gritar ante multitudes enaltecidas, pero se necesita valor y determinación para hacer valer lo que se promete. ¿Podrán tener algo así los griegos?

Dentro del espectro político de Grecia tal vez solo el KKE (partido comunista) es el que cuenta con una plataforma que ataca la raíz del problema y mantiene una postura ética y consecuente con sus principios. Sin embargo, esta formación política está estancada, fosilizada y va perdiendo empuje entre las nuevas generaciones. El resto de los partidos, si de izquierdas y centro-izquierdas hablamos, no ofrecen posturas contundentes. ¿Un nuevo líder? Eso se lo dejaremos a la historia.

Solo cabe destacar por el momento que no se avizora un panorama distinto al que vemos por estos días. Es cuestión de esperar que la situación empeore de nuevo y que se produzca una reactivación del panorama de crisis.

Las implicaciones que esto puede tener para el proyecto europeo son variadas. Claro, ahora con la crisis de los inmigrantes de África y el Medio Oriente un análisis debe comprender nuevas variables, de tal modo sería más complejo solo hacerlo desde la mirada de la crisis de deuda. No obstante, un recrudecimiento de la crisis en tierra griega dinamitaría el suelo económico europeo, y una posible salida de Atenas de la zona económica o la propia UE tendría además consecuencias políticas incalculables. De permanecer en las fronteras de la unión, Bruselas tendría que replantearse las reglas del juego, es decir, buscar otro mecanismo distinto para enfrentarse a la crisis y olvidar las clásicas recetas neoliberales. Ello implicaría modificaciones al modelo de integración económica, con posible impacto en el modelo de integración política.

*(Editor Principal del Blog Bajo la Estrella)

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