Mauricio Macri y la ofensiva derechista en Argentina


mauricio

Desde su llegada al poder, Mauricio Macri ha enrumbado su gestión presidencial a la aplicación de un paquete de medidas con el evidente propósito de regresar a la Argentina a los antiguos tiempos del neoliberalismo, casi olvidado luego de la llamada Década Ganada.  No obstante el triunfo ‒por un muy estrecho margen de apenas tres puntos porcentuales, equivalentes a unos 500 mil votos, muestra de que una parte considerable del país apoyaba al mandato kirchnerista‒, el nuevo inquilino de la Casa Rosada decidió echar al olvido su discurso conciliador de campaña e iniciar una desembozada ofensiva contra el legado de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

Sus rabietas comenzaron desde el mismo día de la asunción presidencial, al oponerse a recibir los atributos que oficializaban su investidura en el Congreso argentino y recibirlos en La Casa Rosada. De esa manera aspiraba a dejar bien claras dos cuestiones: la primera, que se desmarcaba completamente de los gobiernos de los Kirchner y sus políticas ‒recordemos que la tradición de recibir la banda presidencial en el Congreso fue inaugurada por Néstor Kirchner y proseguida por su esposa, una ceremonia que los anteriores gobiernos neoliberales siempre realizaron en la Casa Rosada‒; la segunda, quería lograr lo que no consiguió la derecha durante los dos mandatos de la presidenta Fernández: el sometimiento a su voluntad y el acatamiento de sus términos. Cristina, impertérrita, mantuvo firme su posición, granjeándose una medida inédita en la democracia argentina: un juez dictaminaba el fin de su gestión a partir de las 12 de la noche del 10 de diciembre de 2015, quedando el país con un presidente temporal durante casi 12 horas.

Si lo anterior no levantaba ya suspicacias hacia el nuevo gobierno, solo habría que esperar dos semanas más para apreciar los más claros signos de confrontación política. El gobierno, sin tener en cuenta la seria afectación que podría acarrear para la población más pobre una devaluación del peso, decidió liberalizar la adquisición de dólares, provocando inflación y subida de precios de los productos de primera necesidad en un 30%; sin embargo, la medida recibió el aplauso de la élite económica, precisamente la que más ahorra en divisas extranjeras, especialmente dólares. También suprimió las restricciones a las exportaciones de alimentos y los granjeros ‒que ya habían chocado con el anterior gobierno por limitar sus ganancias y salvaguardar los precios justos para los más pobres‒, vaciaron los graneros, incrementándose en consecuencia el costo de los alimentos en el país.

Luego, decidió imputar a Hebe de Bonafini, destacada luchadora de Abuelas de Plaza de Mayo, por sus declaraciones llamando a manifestarse en forma pacífica contra las medidas anunciadas por los voceros de la derecha, tratando de acallar una voz disidente limitándole sus derechos a la libertad de expresión y pensamiento.

Decretó asimismo la disolución de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) y la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (AFTIC), entes reguladores de las políticas comunicacionales vigentes en el país y parte fundamental de la Ley de Medios. Sobra decir que es precisamente esta ley la que el ejecutivo persigue ahora abolir en beneficio de sus amigos del grupo Clarín, ignorarando incluso la medida precautelar emitida por un tribunal que solicitaba la detención del decreto de urgencia y necesidad que afecta a la AFTIC y al AFSCA. Otra sorpresa llegó este lunes con el anuncio del despido del periodista de izquierdas Víctor Hugo Morales, quien contaba con un programa en Radio Continental, supuestamente por incumplimiento del contrato con la emisora, una medida con evidentes tintes políticos y el claro propósito de acallar por todos los medios posibles las voces discordantes.

Mauricio

Frase hipócrita de un presidente que solo ha hecho censurar medios independientes desde que asumió el poder. Foto: Internet

Otras noticias hablan de despidos masivos, persecución política y discriminación contra seguidores del peronismo y el kirchnerismo, y por supuesto, de represión violenta a manifestaciones pacíficas. Es digno de mencionar, además, el soberano irrespeto al parlamento y su acción legislativa, utilizando decretos de necesidad y urgencia, mecanismo usado solo ante casos de emergencia, cuando el Congreso esté incapacitado de legislar y adoptar leyes.

Represion

Represión en La Plata. Foto: Internet

Por si fuera poco, Mauricio Macri ha sido cómplice de las decisiones de los tribunales de Argentina perdonando a represores de la dictadura, demostrando así una impunidad sin límites y una burla a las víctimas de la represión militar y sus familiares.

En Argentina se ha instaurado un régimen autoritario que se dice demócrata, aunque persigue a la oposición y la priva de empleo, cierra medios independientes de comunicación para favorecer al gran monopolio, perdona a acusados de crímenes de lesa humanidad y gobierna a golpe de decretos. El discurso conciliador del presidente fueron solo palabras huecas, pronunciadas para conseguir el poder. La práctica lo ha demostrado: Macri es un mentiroso más, como tantos gobernantes de derecha que prometen flores y luego sacan los garrotes al hacerse de las riendas del Estado. Y lo más irritante es ver cómo los grandes demócratas de Washington y la Unión Europea callan ante semejantes abusos y violaciones de los derechos humanos, mientras no dudan en atacar a otros países progresistas de la región. Cabe preguntarse entonces: ¿dónde está la Comisión Interamericana de Derechos Humanos? ¿Por qué Reporteros sin Fronteras, tan inclinados a criticar la falta de libertad de expresión en países de izquierda, guardan un cómplice silencio ante lo que sucede en Argentina? ¿Por qué la OEA, al mando de Luis Almagro, no se ha pronunciado al respecto?

Se avizoran oscuros tiempos para la hermana Argentina, de enfrentamiento popular contra la oligarquía en el poder. Es hora de que el Frente para la Victoria asuma su papel de liderazgo y en el Congreso ponga freno a las medidas ejecutivas adoptadas contra su pueblo. Es hora de que Cristina Fernández, quien dejó el cargo con una popularidad superior al 50%, haga gala de su liderazgo y se ponga al frente de sus seguidores para darle la batalla a la derecha y su pandilla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s