La ONU encara al Congreso Estados Unidos


bruno-rodriguez-en-onu-habla-580x386Por: Jesús Arboleya/Progreso Semanal

Acaba de producirse la vigésima cuarta condena consecutiva de la Asamblea General de la ONU contra el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba.

Es, sin embargo, la primera ocasión en que esto se produce bajo un nuevo contexto, signado por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, lo cual levantó expectativas respecto a la conducta que adoptarían diversos gobiernos, especialmente el de Estados Unidos.

Algunos, incluso, llegaron a pronosticar que después de su crítica al bloqueo en el propio recinto de la ONU, el presidente Obama orientaría a su delegación votar a favor de la resolución o, al menos, abstenerse de hacerlo en contra. Sin embargo, no ocurrió así y la votación resultó una aplastante derrota para la política norteamericana, que recibió el récord de 191 votos a favor y dos en contra (Estados Unidos e Israel), sin que esta vez ni siquiera se produjeran abstenciones.

El voto norteamericano solo se explica mirando hacia la situación política doméstica de Estados Unidos. Evidentemente Obama no quiso confrontar al Congreso votando contra una ley de su propio país y optó por dejar que fuese el mundo quien les dijera que están equivocados. Esta actitud tiene varias consecuencias:

Por un lado, saca a flote la polarización existente en el cuerpo político norteamericano y debilita la autoridad del presidente de cara a la comunidad internacional, lo que afecta otros renglones de la política exterior norteamericana.

Por otro, aumenta la desconfianza respecto a la verdadera voluntad de Obama para enfrentar los retos que implica defender su política hacia Cuba, lo que tiene expresión a escala internacional, en el plano doméstico y en las propias relaciones con Cuba.

Por último, coloca al Congreso ante la evidencia del rechazo mundial a una política que solo ese órgano puede modificar de manera esencial, lo cual también tiene repercusiones internas, en relación con su credibilidad frente al pueblo norteamericano.

En el primer caso, poco puede hacer Obama para cambiar una percepción nacional e internacional que tiene fundamentos objetivos y se expresa en asuntos que trascienden el tema cubano, para abarcar toda la realidad del país. No es casual el enorme descontento que manifiesta el pueblo norteamericano respecto a sus instituciones políticas, especialmente el Congreso, así como la desconfianza que estas divisiones generan en el resto del mundo.

En el segundo caso, Obama tiene un margen mayor de maniobra, si actúa con la determinación requerida, para hacer uso de sus facultades ejecutivas y garantizar el avance de las propias medidas que encauzan su política hacia Cuba.

Hasta ahora, tal parece que el presidente prefiere moverse suponiendo que el impacto mediático de los avances bastará para mejorar la imagen de su política ante el mundo. La votación en la ONU demuestra que esto no es así, basta revisar el discurso de la representante de la Unión Europea, quien dijo que, más que nunca, el bloqueo evidenciaba ser una política anacrónica. El problema real es que ninguna de las medidas adoptadas por Obama hasta el momento, restringen la extraterritorialidad del bloqueo económico contra Cuba, sino todo lo contrario, se han incrementado, para evitar que otros intereses se adelanten en el mercado cubano.

Votaciones ONU https://cubaxdentro.wordpress.com/

Resultado final de las votaciones en la ONU para poner fin al bloqueo contra Cuba

Lo mismo ocurre con Cuba. El boqueo es una agresión que afecta de manera práctica todos los aspectos de la vida nacional y se observa con mucho detenimiento la verdadera disposición del presidente para avanzar en su levantamiento. Como dijo el canciller cubano Bruno Rodríguez, en este caso no bastan las declaraciones amistosas o las promesas amparadas en supuestas buenas intenciones, se requiere de hechos concretos.

Hasta hoy, los hechos concretos demuestran que las acciones han sido muy limitadas y orientadas de manera tan transparente a promover intereses específicos de la política norteamericana, que muchas veces, más que una muestra de buenas intenciones, son interpretadas como un insulto a la inteligencia de los gobernantes cubanos.

En esas circunstancias, Obama no puede aspirar a que los sectores económicos de su país, indispensables para avanzar su propia estrategia hacia Cuba –incluso por aquello de aplicar otros métodos para satisfacer los mismos objetivos– actúen de manera vigorosa respecto a la misma.

Tal parece que estamos en un momento de campaña de relaciones públicas, donde todo el mundo quiere venir a Cuba y descubrir oportunidades, con la añoranza de poderlas materializar cuando una “fuerza mayor”, dígase el Congreso o el presidente, hagan algo que lo posibilite.

El cuento de que ello depende de las transformaciones y facilidades que brinde la parte cubana no se sostiene en la práctica, al menos, no es lo esencial en esto momentos. Un funcionario del gobierno cubano me contó la anécdota que un empresario norteamericano, en actitud bastante prepotente, le preguntó si podía comprar determinada empresa cubana. Con esa viveza que, según los mitos urbanos, caracteriza a los cubanos, para enfrentarlo con sus propias contradicciones el funcionario, a su vez, le preguntó si en verdad estaba dispuesto a entrar en negociaciones para ello, entonces el hombre le dijo que ahora no podía, porque su gobierno no se lo permitía. Esta es la realidad y no otra.

Lo único positivo que sacó Obama, y quizá la política norteamericana, de los recientes debates en la ONU, fue enfrentar al Congreso ante la evidencia de su propia inoperancia, como resultado de las aberraciones del sistema. Las leyes Torricelli y Helms-Burton, que codifican el bloqueo económico contra Cuba, constituyen usurpaciones a las prerrogativas del poder ejecutivo respecto a la política exterior del país, tal y como expresa la propia Constitución de Estados Unidos.

Gracias a sus generosas contribuciones y las conveniencias de la arquitectura electoral, tales leyes se adoptaron para satisfacer los intereses de la extrema derecha cubanoamericana y colocaron a la política hacia Cuba en un medio absolutamente ajeno a los requerimientos de la política exterior, limitando sus posibilidades de cambio.

No importa que más del 70 % de los norteamericanos apoye la política de Obama hacia Cuba, que el sector económico pueda beneficiarse con ella o que los ciudadanos estadounidenses reclamen sus derechos constitucionales de viajar libremente al país. Un exiguo grupo de congresistas y un poco dinero hasta ahora ha sido capaz de secuestrar la política hacia Cuba, en contra de lo que la mayoría reconoce como intereses de la nación.

El año que viene, decidir cómo votar en la ONU respecto al bloqueo a Cuba, puede ser una de las últimas decisiones que tome el presidente Obama. Ojalá que sea capaz de actuar para no verse nuevamente en este aprieto.

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