Francisco: un Papa muy distinto de sus precursores


papa-francisco-1Por: Aurelio Alonso/Progreso Semanal

Cuando el 26 de agosto de 1978, el patriarca de Venecia, Albino Luciani, anunciaba su elección al trono de Pedro con el nombre de Juan Pablo I, su primera exclamación ante la multitud congregada para recibir la bendición del nuevo Papa, fue para afirmar que si él lo hubiera sabido se habría preparado mejor. Fue el gesto espontáneo de un hombre sencillo, dispuesto a reactivar las innovaciones del Concilio Vaticano II y limpiar de atavismos y de escándalos el templo. Una muerte dramática dio un final brusco a su pontificado en menos de un mes.

Treinta y cinco años después el cardenal argentino, que decidió llamarse Francisco en un gesto que me hizo recordar a aquel antecesor tan cercano, le pedía a otra multitud, en el mismo lugar, con humildad, que le bendijera para poder realizar su magna misión. Todas las manifestaciones de su actuación en estos dos años de pontificado se muestran plenamente coherentes con la sencillez exhibida desde el comienzo, que ahora se sabe que ha sido una virtud siempre presente en él.

El fin de siglo que medió entre esos dos papas quedó marcado por la fuerte huella que dejó el polémico Juan Pablo II, que viajaría a casi todos los países del mundo. A Cuba llegó, como es sabido, en 1998; había recorrido ya, en los veinte años precedentes, todo el continente latinoamericano y latinocaribeño, de tradición católica mayoritaria. Esto debió permitirle llegar a la Isla con elementos sobrados para hacer comparaciones, en especial en torno a la pobreza y el desamparo, la desigualdad, el sometimiento al mercado, la justicia social, la extensión de la violencia, y la protección y seguridad de la vida humana.

Siempre se indaga sobre el impacto de aquella visita en los cubanos, pero habría que preguntarse también cómo influyó en la cúpula del catolicismo el contacto directo con esta realidad, con sus virtudes, sus limitaciones y sus defectos; con los logros para las condiciones de vida de su pueblo, y sobre sueños y sus frustraciones. El lugar de Cuba en los esquemas referenciales del Vaticano quizás varió.

Pero la visita que se avecina, de un tercer papa, que algunos valoran como un récord – lo cual no dice mucho – la realiza un pastor que decidió mantener el “olor a oveja” como timbre de su pastoral. Se acerca un papa muy distinto de sus precursores y eso sí es importante. Es alguien que además conoce la realidad cubana, acompañó a Wojtyla en 1998, y publicó sus apreciaciones como introducción a una compilación de los discursos del Papa y de Fidel Castro. Un análisis muy balanceado y serio que ahora parece volverse polémico.

Me parece que lo primero para cualquier juicio que, en previsión, se quiera emitir es conocer en alguna medida al papa que nos va a visitar.

Desde la llegada de Bergoglio a la Santa Sede se destacó que se trataba del primer papa latinoamericano y, también por primera vez, se elegía a un miembro de la Compañía de Jesús. La observación inicial me hace pensar que podría comenzar con él un giro de la sucesión papal hacia este hemisferio, como por tantos siglos ha sido el papado un monopolio europeo, incluso italiano. Esto último resultaría anacrónico ya como tendencia al haberse vuelto la América Latina el centro geográfico del catolicismo. Probablemente sea también algo que se respire en el cónclave con posturas encontradas.

Que sea jesuita es significativo porque nunca había sido elegido un discípulo de Loyola para conducir la barca del pescador, y se atribuye a la cohesión interna de esa congregación religiosa, que muchos presumen (lo irracional no es absurdo) que podría llevar a una influencia desfasada sobre el conjunto de la Iglesia. En todo caso lo sucedido en el cónclave de 2013 sugiere un despeje sobre la inserción de la orden en la curia que puede crear precedente. No solamente en el proceder de la burocracia vaticana sino también en el estilo de la Compañía. No como una tendencia que pueda fundamentarse como lo anterior, que se conecta con la demografía católica a escala mundial.

En el año en curso, el segundo de su pontificado, el Papa Francisco ha dado piezas de consolidación epistolar explícita de su pastorado. Solo para dar ejemplos, enumero aquí tres momentos. El primero, su Exhortacion apostólica (Evangelii gaudium), de noviembre de 2014, que parte de recordar que “la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro pueblo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas”, para rechazar la “economía de la exclusión” , la “idolatría del dinero”, la “inequidad que genera violencia”, para abogar por el sentido social de la evangelización y el primado del bien común de la humanidad.

En términos de documentos sustantivos, el más revelador hasta hoy es la encíclica Laudato Si, fechada en junio pasado, que va más allá de las fórmulas ambientalistas habituales para identificar el “dominio del hombre”, que el Génesis le atribuye sobre el resto del universo, como “administración responsable”. Propone una conjunción orgánica del proyecto social de supervivencia humana, de justicia, solidaridad e igualdad, y la restauración del medio natural, del cual la humanidad misma es parte.

En su visita a Bolivia, en el mes de julio, se hizo notar su discurso a los movimientos sociales, en Santa Cruz de la Sierra, en que proclamó la “globalización de la esperanza contra la globalización de la exclusión y la indiferencia”. Fue un momento audaz y radical, donde lanzó tres tareas, a saber: 1) poner a la economía al servicio de los pueblos, 2) unir a nuestros pueblos en el camino de la paz y la justicia, y 3) la que reconoció como la más importante, la defensa de la Madre Tierra. Allí afirmó “Nuestra fe es revolucionaria […], desafía la tiranía del ídolo del dinero”. Y sentenció que el futuro de la humanidad “está fundamentalmente en manos de los pueblos”, y hay que poner a la Iglesia al lado del pueblo. Más que nunca en la historia el discurso, la pastoral, y la vida toda de un pontífice, se había revelado con esta intensidad y determinación al lado de los pueblos. Seguramente como hubiera querido Francisco de Asís.

Viene ahora a Cuba, con la particularidad de que el Estado cubano se encuentra en pleno proceso de intercambios para la normalización de relaciones con los Estados Unidos, a partir de conversaciones a cuya realización el Vaticano de Francisco ha contribuido. Para Cuba la eliminación del bloqueo norteamericano es una necesidad y un derecho de elemental justicia. Y así lo consideran todos los Estados que apoyan la condena del mismo año tras año en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Desde Cuba el sucesor de Pedro seguramente dejará reiterada su posición favor, además de los puntos relacionados, con el quehacer pastoral de la Iglesia cubana. Desde Washington este tema también debe estar presente en su agenda. Pero pienso que el de la responsabilidad norteamericana en torno al deterioro ambiental y la urgencia de que se asuma allí y en los demás centros económicos mundiales un compromiso efectivo para disminuir los gases que provocan el efecto invernadero, la desertificación, la crisis del agua, y todos los temas del daño natural, ocuparán el centro de sus conversaciones. Su discurso en el Congreso es un desafío diplomático sin precedente.

En la AGNU creo que se sumarían a estos temas el de los caminos efectivos hacia un clima generalizado de Paz en el mundo. En plano más específico, la violencia en el Medio Oriente, el tráfico de seres humanos y las políticas migratorias.

Me dirán que no pronostico una agenda propia de la Iglesia, y yo pienso que Francisco sabrá hacer que lo sea. ¿Se ha convertido el Papa a la Teología de la Liberación? Yo creo que construye su doctrina propia, porque la Iglesia no puede evitar posicionarse en los temas globales. Y el posicionamiento en la órbita del capital se ha hecho anacrónico. Leonardo Boff, uno de los más lúcidos pensadores cristianos de nuestra América, afirma que Francisco es un guardián de la tradición de Jesús más que de la doctrina católica. La doctrina es, nos dice, una invención de los teólogos.

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