En pos del binomio perfecto


ujjovenesliderazgoPor Tania Chappi Docurro/Catalejo

“No es la primera vez que Temas organiza un debate sobre los jóvenes o aborda esa problemática. En 1995, primer año de la revista, se publicó un panel titulado De las generaciones; luego, en formato de video salió Caminos del cine joven; un tercer panel es Qué piensan y hacen los jóvenes, contenido en el volumen uno de la colección de DVD de Último Jueves. También hicimos un encuentro sobre Tribus urbanas o se ha incluido a lo largo de los ochenta números de la revista el resultado de diversos estudios”, recordó Rafael Hernández, moderador del encuentro, al inaugurar la jornada en la habanera sala Fresa y Chocolate, del ICAIC.

Luego expuso varias cifras ilustrativas de la cantidad de cubanos residentes en la Isla que en 2012 eran jóvenes y de su presencia o no en estructuras de dirección de las organizaciones políticas. Según el censo efectuado entonces, casi 20% de la población tenía entre 19 y 30 años; si se considera que la etapa de juventud llega hasta los 34 años, la proporción era de 25%. Al mismo tiempo la edad promedio del Buró Político era de 69 años, la del Secretariado del Comité Central del Partido, 62 años; la del Comité Central y la de la Asamblea Nacional, 58-59 años; la de los secretarios del PCC, en las quince provincias, 46 años.

¿A qué llamamos “los jóvenes” y qué podemos entender por liderazgo en el sentido de tareas de dirección?, preguntó el director de Temas a Keyla Estévez, jefa del Departamento de investigaciones sociopolíticas del Centro de Estudios sobre la Juventud; Fernando Luis Rojas, quien fue vicepresidente de la FEU y dirigente de la FEEM, actualmente especialista en el Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello; Joan Cabo Mijares, miembro del Buró Nacional de la UJC; y Boris Zaldívar Núñez, ingeniero mecánico, vicepresidente de la cooperativa no agropecuaria Purita.

La investigadora precisó que joven es una categoría referida a un grupo etáreo determinado y en la institución donde labora lo habitual había sido considerar como tal a la persona cuya edad se encuentra entre 19 y 29 años; sin embargo, ahora están ampliando el margen hasta 34 años. Y añadió: el concepto de liderazgo tiene muchas acepciones, pero sin duda no significa lo mismo ocupar una posición de liderazgo que un cargo de dirección. Líder natural es quien nace con determinadas características que le permiten motivar a los demás, sumarlos a participar en las actividades, y liderar de manera espontánea cualquier tipo de acción en su entorno cotidiano. Para ejercer una responsabilidad directiva, resulta necesario el haber sido electo; lo ideal es que confluyan, además, la capacidad natural y el gusto por esa tarea. En la Isla los jóvenes no solo pueden llegar a dirigir, hasta el nivel nacional, agrupaciones de masas y estudiantiles —por ejemplo, la Organización de Pioneros José Martí, la Federación de Estudiantes Universitarios y la Unión de Jóvenes Comunistas—, asimismo lideran grupos informales. Y sí los hay desempeñando otros puestos de dirección, aunque se podría hacer más en ese sentido.

Con tal argumento coincidió Fernando Luis Rojas en cuanto a las diferencias entre liderazgo y actividad de dirección. Las dinámicas para construir y definir de modo colectivo un objetivo común son distintas. Además, dijo: “Es interesante la estrecha relación entre el liderazgo y el espacio de acción, tiene que ver en buena medida con los contextos y épocas”; en Cuba, un país con una tradición estatal muy fuerte durante medio siglo, “la posibilidad de construir nuevas agendas y no asumir las preestablecidas se muestra como potencialmente más factible” en el emergente sector no estatal.

Ya en su juventud los seres humanos poseen capacidades —algunas se consolidan en el transcurso de la vida— que podrían utilizar en las actividades de dirección, opinó Joan Cabo Mijares, quien asocia el concepto de liderazgo con una aptitud que surge de manera innata y permite aglutinar, entusiasmar. Si juventud y liderazgo se unen la figura resultante pudiera contribuir al cambio y al enriquecimiento de la nación. Cuando convergen la facultad de liderar y la de desenvolverse en un cargo de dirigente surge un binomio perfecto. Según la percepción del ponente, “durante los últimos años en el país hay un renacer de los líderes jóvenes, en todos los sectores”: las organizaciones políticas y de masas, la vida civil, las instituciones religiosas; incluso en el ámbito de la producción, pues “muchas de las principales empresas e industrias del país son dirigidas por jóvenes”.

De acuerdo con Boris Zaldívar, un líder siempre posee herramientas comunicativas útiles para “convencer a los demás de que van a lograr el objetivo común, por lo tanto, puede dirigir un colectivo”. Así sucede en las cooperativas no agropecuarias cubanas, donde muchos jóvenes están participando activamente y asumiendo tareas de dirección. Por otro lado, en “las instituciones desde las cuales se gobierna el país no hay tanta representación juvenil; porque según la cultura desarrollada en los últimos cincuenta años, se es conservador” a la hora de colocar a un joven en las más altas instancias políticas, “quizás porque su mente es más activa y quiere modificar principios que a otros les gustaría mantener a pesar de que la época esté cambiando”.

Un contexto pródigo en escollos

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Hasta aquí -permítanme tomar prestado del universo culinario una analogía- las disertaciones habían avanzado a fuego lento. Entonces Hernández puntualizó: “El panel ha insistido en la condición innata del líder, pero en otros debates de UJ se ha dicho que las habilidades de este pueden adquirirse y desarrollarse, no solo en la escuela, sino a través de prácticas concretas”. Y acto seguido, con ánimo de avivar la llama, formuló su segunda pregunta, más bien todo un bloque de interrogantes: ¿De dónde salen los jóvenes dirigentes cubanos en la actualidad, qué rasgos los caracterizan, cuáles problemas se asocian con su labor en posiciones de liderazgo y actividades de dirección, cuáles son sus debilidades? Suponiendo que las personas en edad juvenil poseen cualidades favorables para dirigir, ¿tiene espacio para desarrollarlas? ¿Terminan imitando a los viejos?, ¿qué características favorecen menos los procesos de dirección?

“En Cuba tenemos muchas escuelas de formación de cuadros, pero ni instituciones ni programas para formar líderes. Los jóvenes generalmente dirigen sobre la base de la inexperiencia. Les caracteriza el empuje, la predisposición al cambio, son impetuosos, creen que lo pueden lograr todo, no tienen miedo a nada; a pesar de encontrar muchos frenos y personas empeñadas en que hagan las cosas como lo hicieron o piensan ellas. El joven que dirige, generalmente quiere colocar cosas nuevas en su ámbito”; no imitar a otros, sino experimentar con alternativas, sus propuestas son más creativas, aseguró Keyla Estévez.

Una barrera al surgimiento y consolidación de liderazgos juveniles es el hecho de que en nuestros días parte de los jóvenes no se implica de verdad en las tareas y transformaciones a las cuales son convocados, refirió la disertante. “Para liderar primero hay que participar, querer y saber formar parte de la sociedad y actuar como un agente de cambio; involucrarse permite ir adquiriendo cualidades que posibilitarán ser líder y dirigir cualquier proceso”; además, decidir también es dirigir.

Sobre el alcance de las escuelas mencionadas, Fernando Luis Rojas formuló serias dudas: “En estos momentos, si las tuviéramos, se repetiría el esquema habitual de empoderamiento; o sea, estaríamos tratando de formar líderes y dirigentes a partir de la visión preestablecida de lo que hace falta que sean o hagan esas personas”.

Para establecer el liderazgo de “jóvenes revolucionarios, fundamentalmente centrado en el ambiente político”, es preciso superar limitaciones. El panelista citó dos: se excluye de la actividad de dirección a individuos con aptitudes, alegando su edad y que aún no reúnen todas las condiciones para asumirla. La condición revolucionaria de la juventud cubana se ha legitimado invocando lo que ha hecho en épocas pasadas, mientras se reduce su quehacer actual —en la práctica y en el discurso legitimador— a asistir a eventos, actividades, o “acompañar en tal marcha”; los jóvenes de hoy se presentan únicamente como “algo más”, como “compañeros de viaje”.

De igual modo, no se refrendará el potencial renovador de las nuevas generaciones mientras se considere que la crisis de valores vigente en la nación comenzó en los años 90 y las décadas anteriores fueron “de realización moral del socialismo”, cuando en realidad “hubo intolerancia política y religiosa”, y otros puntos de vista negativos “superados en cierta medida en la actualidad”. Hay que “resignificar determinados términos; entre ellos, la palabra relevo, porque parece que necesitamos coger un batón para seguir la carrera de la misma forma en que lo hicieron los predecesores. La resignificación debe mostrar la oportunidad de nuevas perspectivas y metas sobre las cuales construir un liderazgo”, propuso Rojas. Y calificó de negativa la práctica de dar publicidad solo a los casos de defenestración en los cuales están implicados dirigentes jóvenes, mientras aquellos protagonizados por figuras históricas son manejados discretamente.

La juventud tiene que afrontar tareas concretas, aunque sean difíciles; además, ellas contribuyen a forjar a los líderes. Mediante anécdotas Joan Cabo Mijares transmitió ese razonamiento al auditorio. El paternalismo practicado en las últimas décadas por “muchas organizaciones de masas, políticas y de cualquier tipo” atenta contra la formación de seres humanos más audaces. El liderazgo puede potenciarse, cultivarse, pero muchas veces eso no se hace. “Hay que seguir fomentando la capacidad de dialogar, de retroalimentarse con lo que piensa la gente y de cuestionar los criterios prestablecidos”, agregó.

Indicarle constantemente a los jóvenes qué hacer y cómo, los enfrenta a un dilema serio, pues su tendencia —configurada por imperativos biológicos— es a no ser cohibidos, sino más bien osados a la hora de emprender acciones, aseveró Boris Zaldívar. El paternalismo propicia que “no quieran participar ni dirigir, pues no pueden cambiar las reglas de la organización política o la empresa”. Así, muchos de ellos con dotes de liderazgo no las utilizan.

Al papel de la escuela, incluso en las primeras edades, volvió este ingeniero, quien ha estado al frente de proyectos de investigación y con 26 años asumió la vicepresidencia de su cooperativa. Aunque en el mundo se han desarrollado bastantes métodos para enseñar a dirigir, en ninguna institución le revelaron las herramientas adecuadas. “No existe en la Isla la cultura de formar en los niños la noción de que es importante dirigir cosas y que por ello las personas obtienen premios, ya sean de carácter material o moral. Con esa experiencia, luego los ya jóvenes se podrían enfrentar a propósitos más complejos”.

Más allá del liderazgo

La intervención del auditorio hizo que el diálogo adquiriera su mayor intensidad. Quienes hablaron lo hicieron sin cortapisas. Intentaré sintetizar y al mismo tiempo ser fiel a las principales ideas del público:

En Cuba la educación es muy verticalista, no hay margen para puntos de vista individuales, y eso influye en que los jóvenes no desarrollen la capacidad de liderar.

Contamos con una juventud revolucionaria, sin embargo, no se aprovechan todas sus potencialidades. ¿Puede sumarse a los jóvenes si en numerosas ocasiones no eligen a quienes los deben representar, o existen tantas mediaciones que no logran sentirse identificados con sus dirigentes? ¿Los rectores de las agrupaciones estudiantiles están en condiciones de eliminar los problemas que las afectan? Importante no solo es tener conciencia de ellos, sino detentar poder real para resolverlos.

A los jóvenes no se les incentiva a tomar sus propias decisiones y ejercer el liderazgo, e incluso a menudo se les coarta cuando intentan hacerlo. Mientras se les pida docilidad, no se encontrarán mejores vías para su contribución al proyecto político nacional.

Dirigir es ante todo decidir, pero prácticamente ningún joven tiene poder de decisión en la esfera política.

Verdaderamente la dirección de la UJC y la de la FEU ni siquiera influyen en los miembros de ambas organizaciones. Estos desconocen hasta el nombre de buena parte de sus dirigentes, cómo piensan y se expresan. Si el jefe no decide ni incide en la masa, puede exhibir el cargo formal, mas no adquiere liderazgo.

Frente a la concurrencia los especialistas invitados sostuvieron sin ambages sus puntos de vista, ya fueran similares o discrepantes. Keyla Estévez admitió —y fue secundada después por el siguiente panelista— que la educación cubana no da ningún tipo de independencia a los alumnos. Acerca de los restantes argumentos manifestó: “Hasta cierto punto podemos estar coincidiendo en lo relacionado con los niveles de acción que podrían estar teniendo los dirigentes de la FEU y de la UJC, pero lo importante no es saber el nombre de la secretaria y estrecharle la mano, sino conocer la política de la organización hacia la juventud en general, no solo los militantes”; en tal sentido, durante los dos últimos años el Comité Nacional de la UJC ha sostenido un intercambio constante con los jóvenes. De positivo calificó el décimo congreso de ese organismo, en el cual se debatieron abundantes deficiencias y “tuvo más diálogo, ha sido mucho más abierto” y ha llegado a múltiples lugares. Su agenda se elaboró desde la base, “con temas totalmente nuevos; por ejemplo, el sector no estatal, la migración”.

Fernando Luis Rojas reflexionó: “En estos momentos hay un espacio natural de liderazgo juvenil que no alcanza el nivel macro, de nación, y tenemos que seguir reivindicándolo. Ahora bien, en la medida en que promueves a quienes han ejercido de manera positiva cargos de dirección, los vas alejando del área más efectiva de influencia y asimilando al esquema burocrático y verticalista”. Otro desafío significa “no medir el liderazgo de los jóvenes desde lo numérico, sino considerar su incidencia efectiva y las zonas de acción donde están realizando sus tareas. Caer en la trampa de los números puede invisibilizar el efecto real”.

Flanco débil de la UJC en etapas recientes ha sido la promoción de su labor y de sus dirigentes, reconoció Joan Cabo Mijares. Por ello, el Comité Nacional “está haciendo un esfuerzo extraordinario” con el objetivo de generar otra visión, al menos entre los militantes. “Sabemos con claridad cuáles problemas tenemos que resolver para que la organización sea más creíble, dinámica”, y los jóvenes conozcan a sus máximos representantes; pero el asunto “es muy complejo, con años de acumulado”. Han dado algunos pasos: visitar, como desde hace mucho tiempo no se hacía, los comités de base, conversar con los muchachos; enviar giras culturales a todo el país; empezar a incursionar en las redes sociales. Necesitan utilizar más los medios de comunicación, aunque no solo ahí está la clave; el mismo funcionario lo recalcó: “Conocemos dirigentes muy mediáticos, que salían todos los días en la TV, y no han dejado una gran huella en sus organizaciones”. Tras él, Boris Zaldívar puntualizó: “Más que mediáticos, los dirigentes tienen que ser efectivos con los medios que posean”.

No ha sido un panel monocromo y homogéneo, sus integrantes han visto los problemas desde dos lados: el oscuro y el más claro, elogió Rafael Hernández al concluir la sesión. Pero, sin lugar a dudas, al menos para esta reseñadora y las personas que por falta de tiempo no pudieran hacer uso de la palabra, el tema dista mucho de quedar agotado.

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