Las relaciones económicas entre Cuba y EEUU en un nuevo escenario (IV)


Barcos en el marielPor: José Luis Rodríguez*/Cubacomtemporánea

La reactivación de relaciones comerciales y financieras entre Cuba y Estados Unidos muestra escenarios a corto y largo plazos en los que se pueden apreciar diferentes alternativas, aunque siempre corresponderá a los norteamericanos una mayor incidencia, tomando en cuenta las restricciones que han establecido a lo largo de los años en estas relaciones.

En ese contexto, entre finales de enero y principios de febrero de este año se plantearon tres proyectos de ley en el Congreso de EE.UU. Se trata de iniciativas presentadas en el Senado (la S-299 “Freedom to Travel to Cuba Act of 2015” y la S-491 “Freedom to Export to Cuba Act of 2015”) y una promovida en la Cámara de Representantes (HR-635 “Promoting American Agriculture and Medical Exports to Cuba”).

Estos proyectos de ley se encaminan a desmontar parcialmente disposiciones hoy vigentes del cuerpo legal que norma el bloqueo a Cuba con vistas a impulsar el establecimiento gradual de relaciones comerciales entre los dos países.

En tal sentido, vale la pena recordar que desde 2001 Cuba ha venido realizando compras a empresas agrícolas norteamericanas de pollo, maíz, soya, trigo y pienso animal, las cuales alcanzaron su punto más alto en 2008 y totalizaron 4 689 millones de dólares hasta 2013.

Para tener una idea de su connotación, baste señalar que en este último año las compras de pollo se realizaron en un 72,3% en el mercado norteamericano. Por otra parte, como ya se apuntó en otra parte de este trabajo, las visitas de residentes de Estados Unidos a Cuba crecieron alrededor de 2,5 veces desde 2006.

Tomando estos elementos en cuenta, es explicable que los sectores de mayor interés a corto plazo para los hombres de negocio del país vecino sean precisamente el turismo, la hostelería y los servicios de viaje; el transporte marítimo, las telecomunicaciones, la industria de los materiales de construcción y la agricultura. En este punto se destaca la presión que vienen ejerciendo los operadores de cruceros, que en sus visitas a Cuba pueden brindar una importante capacidad de alojamiento inmediata a bordo sin necesidad de nuevas inversiones.

Junto a estas consideraciones no debe perderse de vista el declarado interés del gobierno estadounidense por impulsar el sector privado en Cuba, para lo cual se ha aprobado la exportación de un conjunto de bienes y equipos, incluidos dispositivos de comunicaciones que solo se venderían a ese sector y no a las empresas estatales cubanas. Desde luego, la política a adoptar en este sentido por la parte cubana es un elemento a considerar.

Por parte de Cuba, existe un conjunto de potencialidades de negocio también a corto plazo, que en parte coincide con los intereses de Estados Unidos.

Se trata, en primer lugar, de las telecomunicaciones, donde ya se firmó en febrero un primer acuerdo entre ETECSA y la firma norteamericana IDT, que permitirá la comunicación directa entre ambos países.

En el ámbito del turismo resulta evidente la necesidad de ampliar la capacidad de alojamiento en ciudades como La Habana, incluyendo nuevas inversiones para la recepción de cruceros -tal y como viene haciendo la Oficina del Historiador en la bahía capitalina-, así como nuevos emprendimientos que permitan desarrollar rápidamente la industria de la cultura y el entretenimiento.

Merece especial atención el hecho de que Cuba tiene una gran ventaja competitiva para el turismo de salud y de la tercera edad, particularmente valorando que -según datos del investigador José Luis Perelló- casi el 24% de los visitantes en el último quinquenio son mayores de 60 años.

También hay que tomar en cuenta que la administración Obama autorizó que los visitantes norteamericanos puedan importar productos cubanos por 400 dólares, de ellos 100 dólares en alcohol y tabaco.

Particularmente se destaca la potencialidad del mercado Premium del tabaco en Estados Unidos, donde se ha señalado que Cuba pudiera cubrir ventas por unos 270 millones de dólares al año, un 30% del mercado.

En el caso de las bebidas, Estados Unidos absorbe el 40% del segmento mundial de alta calidad, donde el ron cubano tiene un espacio asegurado, con ventas de seis millones de cajas en 125 mercados. No obstante, está pendiente una nueva revisión en el litigio sobre la marca Havana Club, que fue otorgada por un tribunal estadounidense a la firma Bacardí. Si se mantuviera el fallo contrario a Cuba, se piensa vender el mismo ron cubano de alta calidad bajo la marca Havanista, que ya está registrada de forma exclusiva para Estados Unidos.

Otras potencialidades a considerar por Cuba se refieren a los productos farmacéuticos de la biotecnología, así como al trabajo de elaboración de software en las TICS y la posibilidad de desarrollar exportaciones agrícolas de alta calidad para el mercado estadounidense, entre otros renglones.

No se debe dejar de apuntar que estos nuevos escenarios enfrentarán también importantes obstáculos. El primero de ellos es la resistencia dentro de EE.UU. al levantamiento total del bloqueo, que algunos analistas consideran que solo se producirá dentro de cuatro o cinco años.

Igualmente, las reclamaciones producto de las nacionalizaciones de propiedades norteamericanas en Cuba -por unos 7 000 millones de dólares- son un tema a tomar en cuenta, aunque su solución deberá verse en el contexto de la respuesta a la demanda cubana por daños económicos del bloqueo, cifrados en 121 000 millones de dólares, que los tribunales cubanos aprobaron en 2000, considerando -además- su actualización.

Finalmente, cabe suponer que el nuevo escenario brindará importantes oportunidades para Cuba, las que se irán concretando gradualmente en la misma medida en que se eliminen las restricciones establecidas, comenzando en lo inmediato con la salida de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo (en la que se le incluye desde 1982), algo que también tiene significativas repercusiones comerciales y financieras.

De igual modo, se presentan importantes desafíos para nuestro país, no solo económicos, sino también políticos y sociales, que deben ser enfrentados con la sabiduría que suponen más de 50 años de enfrentamiento a fuerzas que no renuncian a sus propósitos de cambiar el orden político en Cuba.

* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial

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