“Lo que viví, no lo cambio por nada”


Emeterio Gonzalez_Foto Cubaxdentro.wordpress.com_Fuente: Cubahora

Si de resultados en la arena internacional se trata, el lanzamiento de la jabalina ha sido una especialidad importante para Cuba. Con un camino de victorias que va desde María Caridad Colón y su título olímpico en los juegos que organizó Moscú en 1980, hasta las medallas mundiales alcanzadas por el camagüeyano Guillermo Martínez en las ediciones de Berlín 2009 y Daegu 2011.

La historia, sin embargo, sitúa en el Viejo Continente a la mayoría de los máximos exponentes con destaque para atletas noruegos, finlandeses, griegos, rusos y checos. Uno de ellos, Jan Zelezny (98.48 RM), es considerado el gran dominador de la prueba con un palmarés que incluye más de treinta lanzamientos por encima de los noventa metros. Dueño y señor en el ranking mundial que logró completar la proeza de coronarse en tres citas olímpicas consecutivas, entre Barcelona 1992 y Sydney 2000. La década con la generación más competitiva de la historia en esta especialidad atlética vio lanzar también al cubano Emeterio González, con una trayectoria deportiva amplia, sobre todo en el área centroamericana y panamericana.

Emeterio consiguió tres coronas panamericanas, el tercer lugar en la Copa del Mundo de 2002 y se incluyó en finales olímpicas y mundiales. Son momentos que guarda con orgullo, y así lo recordaba en el Estadio Panamericano donde, pese a las prisas, el destacado atleta cubano no tuvo inconvenientes en ofrecernos sus impresiones sobre su carrera deportiva y el estado actual de la jabalina cubana e internacional.

¿Cómo recuerda sus inicios en el deporte?

—Con el tiempo, uno siempre pierde los detalles de muchas cosas que ha hecho, pero los primeros pasos te marcan para siempre. Recuerdo que fui captado en el año 1982 por la profesora Maribel Rivera, en San Juan y Martínez, Pinar del Río. Ella fue quien me descubrió y me encaminó en el mundo del atletismo. Estuve alrededor de un año y medio bajo su tutela hasta que fui promovido para la EIDE Ormani Arenado, en Pinar del Río. Entonces transité por la pirámide deportiva hasta que llegué, en 1991, a la ESPA nacional Giraldo Córdova Cardín. Al año siguiente participé en el Campeonato Mundial Juvenil donde ocupé el sexto lugar. Luego intervine en los Centroamericanos de Ponce 1993, donde alcance la medalla de bronce, y de esta manera comienzan mis resultados en una carrera deportiva larga que duró hasta el año 2007. Considero que me fue bien, aunque te confieso que me quedaron metas por alcanzar, pero hay que tener en cuenta que coincidí con una generación de “jabalineros” muy competitiva, probablemente, la más competitiva de la historia.

—Fue parte de una generación dorada del atletismo cubano y, como apuntaba, tuvo el mérito de competir en una de las especialidades de mayor nivel en ese entonces. ¿Qué sensaciones guarda de su etapa como atleta de alto rendimiento?

—Te confieso que mi estancia en el equipo nacional es una de las etapas más bellas de mi vida. También por lo que significa competir por Cuba, y el honor que fue defender los colores de mi país. El simple hecho de saber que el pueblo de Cuba vivía y disfrutaba al máximo cada resultado ya era una motivación para esforzarse y sentirse motivado. Súmale a eso el compartir con personas como: Javier Sotomayor, Ana Fidelia (Quirot), Iván (Pedroso), Yipsi (Moreno) y Osleidys (Menéndez) y otras tantas que, por demás, fueron grandes exponentes de sus especialidades, es mi mayor orgullo. Era, como decías, una generación dorada que me gustaría se repitiera. Si te soy sincero, estos muchachos que están despuntando ahora tienen capacidad de regalarle a Cuba la oportunidad de vivir nuevos momentos de gloria al máximo nivel.

“En cuanto a mi especialidad, el panorama era de otra galaxia. En mi época la jabalina era dominada por los europeos, y aunque esto no ha cambiado del todo, sí podemos notar una mayor expansión de los resultados.

Jan Zelezny era un atleta fenomenal, y veo como un privilegio el haber compartido competencias con él. Verlo en acción era impresionante. No era un atleta con el físico ideal, pero lanzaba por encima de los 90 metros con tremenda comodidad. Las competencias eran muy tensas, tenían un alto rigor de exigencia y más si estaban las principales figuras, tenías que cuidarte de todos. Cualquiera te sorprendía con un súper disparo y entonces salíamos a buscarlo. Hasta el último intento no sabías qué lugar ibas a ocupar en la competencia. Haber sido parte es un placer, sobre todo porque hoy ya no es así porque el nivel ha bajado bastante. A veces, me cuesta creer que los eventos se pueden ganar con disparos que rondan los 85 metros”.

—En su época 85 metros no alcanzaban para mucho, ¿verdad?

—Qué va, con 85 metros te pasabas la competencia temblando. Cuando veo las competencias ahora pienso en la suerte, que no me acompañó, aunque lo que viví no lo cambio por nada. Mi mayor orgullo está en eso, en haber coincidido con esa enorme generación de jabalineros.

Hablamos de una decadencia de resultados que es apreciable, tanto en el lanzamiento de la jabalina como en numerosas especialidades del Deporte Rey. A criterio personal, ¿qué factores considera que estén influyendo?

—Es una pregunta recurrente y la respuesta normalmente es la misma: no hay certeza de qué puede ser la causa. En la jabalina todo se mantiene igual, me retiré hace siete años exactos y la dinámica es idéntica: la misma jabalina y las mismas reglas. Las condiciones son las mismas, si han cambiado es para mejorar en términos de atención al atleta y de la ciencia aplicada al deporte. Eso sí, el esfuerzo de la Federación Internacional en lo relacionado al control y seguimiento del dopaje es mucho mayor.

A propósito, el área de lanzamientos ha sido una de las de mayor incidencia histórica en asunto de dopaje. Desde su punto de vista como exponente de estas modalidades, ¿qué opina de la proyección actual de la IAAF al respecto?

—Pienso que la Federación Internacional lo está haciendo bastante bien. Primero porque no es justo que un atleta se esfuerce un año completo entrenando y sus posibilidades sean frustradas por el resultado de un atleta que no es legal en actuación. Todos los atletas conocemos que no se debe tomar ninguna sustancia que ayude a estabilizar el rendimiento. Hay un agravante en la tendencia mundial del doping, ya no han sido solo casos de los países del primer mundo, sino que en los últimos tiempos también han comenzado a caer atletas africanos y caribeños. Creo que debe ser controlado por igual para todas las federaciones y atletas, y ser más rigurosos porque esos actos manchan el deporte.

“Hasta tanto no se frene este mal —que está presente en casi todos los deportes— es muy difícil pensar en una competencia en igualdad de condiciones y en verdaderos recordistas y campeones. Hay que seguir con la batalla, y utilizar la ciencia para contrarrestar el aumento de situaciones de este tipo. Todo esfuerzo es poco, aunque el principal recurso para evitar la ocurrencia de estos tristes episodios está, ante todo, en la honestidad del ser humano”.

Hablemos de Cuba ¿cómo valora el estado actual de su especialidad?

—Nuestra jabalina también ha bajado muchísimo, sobre todo en la rama femenina y hay que hacer muchas cosas para recuperar el nivel que hasta Osleidys tuvimos. Entre los hombres, tenemos la suerte de tener aún un atleta de posibilidades como Guillermo (Martínez). La pregunta es, ¿después de Guillermo, qué? Hoy las marcas que se están haciendo en las categorías inferiores no son positivas y tampoco llegan atletas con el físico indicado para la disciplina. Hay trabajo por delante, hay que ir (a la base) a buscar atletas con condiciones naturales para esta práctica y luego trabajar, trabajar y trabajar para poder devolverle el protagonismo que una vez tuvo esta especialidad dentro de los logros del atletismo cubano.

De su carrera deportiva, ¿qué momento le gustaría rescatar?

—Todas las competencias en las que participé me dejaron recuerdos. Sin embargo, tengo muy bien guardada en mi mente la final de los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003. Podría mencionarle otras, pero esta me marcó muchísimo porque estuve lesionado de una rodilla quince días antes del evento y me impidió prepararme para asumirlo en la mejor condición. Fueron días en los que estuve muy triste porque pensaba que no iba a poder asistir a los Juegos y con ello se me escapaba la posibilidad de alcanzar mi tercer título consecutivo. También por el compromiso con mi entrenador y por la rivalidad que existía con mi compañero de equipo Isbel Luaces.

Al final pude participar, y la competencia se decidió en el último disparo. Con cada ronda de lanzamientos Isbel me exigía mucho más, al punto que me vi sin la medalla de oro. Entonces llegó ese último disparo y la jabalina me caminó más de 80 metros*. Ese día lloré muchísimo por todo lo que significaba competir con una dolencia y no llegar en plenitud de forma a una competencia fundamental. Además, por lo que significaba a nivel personal el alcanzar un título que marcó un hito en mi carrera deportiva.

*Emeterio González ganó con disparo de 81.72, Isbel Luaces fue segundo con 80.95m mientras que la tercera posición la ocupó el estadounidense Breaux Greer con 79.21m.

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