El eco del silencio


jóvenes cubanos_cubaxdentro.wordpress.comPor: Rosalba Rodríguez Pérez (cubaxdentro@yahoo.es)

Todos sabemos que la situación no es la mejor y nos seguimos repitiendo día a día que todo cambiará, que nuevas puertas se abrirán para poder satisfacer con nuestro trabajo las necesidades que se nos presentan en la vida. ¿Pero y el hoy? ¿Qué hacer con lo que necesitamos hoy? Esa es una buena pregunta para la cual la respuesta más precisa no está a la vuelta de la esquina.

Ellos se levantan temprano; el agua sobre la cara con los párpados cerrados intenta quitar el sueño. En lo que se arreglan y se visten intentan recordar lo que pueden haber olvidado antes de salir atrasados, apretando el paso para no perder el transporte.

Un día agotador en el que muchos no ven el fin porque tienen otro trabajo, o más bien, las mujeres, en quienes su arduo quehacer se expresa en lo incansable que parece ser, una heroína del trabajo que al llegar a casa y sin quitarse el polvo del camino se dirige a empezar la segunda parte de su día.

Pero por otro lado estamos los espectadores, los que vemos trabajar a quienes nos sustentan con tan solo la esperanza de que cumplamos su sueño y nos convirtamos en alguien mejor. Los que no nos damos cuenta del sacrificio inmenso que realizan nuestras familias hasta que no estamos en sus propios zapatos.

Estamos los estudiantes, universitarios, soñadores, jóvenes que aspiramos hacer realidad las esperanzas que han depositado con mucha fe en nosotros aquellos que nos quieren. Entonces una nueva pregunta surge: ¿Cómo puedo contribuir? ¿Cómo puedo aligerar la carga del hombro de mis padres? Pero el eco del silencio es el único que responde y tiende la mano hacia un vacío de donde solo aquellos a quienes les ha correpondido vivir en un bienestar económico pueden salir victoriosos, dejando atrás a aquellos que la cruel realidad les ha impulsado a no proseguir camino y correrse a un lado para ver morir sus esperanzas bajo una economía que le ha quitado el aliento a una juventud virtuosa, llena de ímpetu, capaz de construir una Cuba mejor, pero él prefiere ganarse el pan con su sudor que hacer que su familia pase por penurias si decide ir a la universidad. Otros con más coraje siguen camino pero subsistiendo a través de negocios ilícitos que aún así penalizados por la universidad y la propia ley, insisten porque aún sienten el ferviente deseo de obtener un título pero a sabiendas que han de pasar sacrificios si lo quiere lograr.

Pero aún hay silencio, nadie sabe qué responder, nadie se da cuenta que aquí el que vive en una familia honrada incapaz de apropiarse de lo que no le pertenece para fines lucrativos, una familia que no tiene ningún pariente en el extranjero, una familia donde ninguno de sus miembros es gerente, jefe de alguna empresa, ministro, militar, trabajador de turismo o cualquier otro empleo que “dé” dinero, ese tiene que ponerse bien los pantalones, privarse de muchos recursos para ganarse un título en una universidad.

No es la intención hablar de los problemas que enfrenta el país pero no es menos cierto que esos mismos problemas han conllevado a otros internos, a los que no se le presta atención pero que están ahí, conviviendo a nuestro lado, recordándonos que somos humanos bajo la excusa de “que no es pecado robar si es para el bien de nuestros hijos”.

La pregunta aún no tiene respuesta, porque tan solo la respuesta está en la pregunta, en darnos cuenta que es hoy, hoy que estamos en Cuba, hoy que Cuba defiende una Revolución vigente por poco más de cincuenta años, una Revolución a favor de los derechos humanos, derechos humanos que responden a la educación de todos los ciudadanos por igual, quienes no son iguales aunque tienen los mismos derechos, igualdad que murió en el período especial, el cual fue producto del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, bloqueo que se ha sostenido hasta nuestros días respondiendo a los intereses del gobierno norteamericano, quienes están más allá de 90 millas. ¿A esa distancia está la respuesta? No, está aquí en nosotros, en darnos cuenta que no podemos esperar, que no hay tiempo que aguardar, que los sueños son efímeros, nacen, luchan por vivir pero que si no se patenta en una realidad mueren sin ver la luz del día. Entonces ¿qué hacer? El eco del silencio solo atiende mi réplica.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s