Mariana Grajales: símbolo de las mujeres cubanas


mariana-grajalesmesa1Por: Argentina Jiménez/Cubahora

¡Qué halo rodearía a Mariana Grajales Cuello para haber inspirado  a José Martí, el Héroe Nacional de la independencia de Cuba,  a  escribir tantas bellas y sentidas páginas y epítetos elogiosos!

La nombran La Madre de los Maceo,  La Madre de todos los cubanos, La Madre de la patria y Martí la llamó Mariana Maceo, apellido de hombres valientes, corajudos, inscritos para siempre en la historia; mas, Mariana Grajales Cuello brilla con luz propia.

Cuando vino al mundo distaba mucho la fecha de la abolición de  la esclavitud en Cuba, pero ella nació libre, porque sus padres, Teresa Cuello Zayas y José Grajales Matos, mulatos, lo eran,  y ni siquiera habían sufrido ese flagelo.

Procedían de la isla de Santo Domingo,  de donde llegaron en una de las oleadas de franceses, mestizos y negros que emigraron o huyeron cuando la sublevación de los esclavos en Haití.

La mayoría de los biógrafos de la familia Maceo Grajales dan como fecha de nacimiento de Mariana el 26 de junio de 1808, pero según consta en su partida de nacimiento conservada en el Archivo de la parroquia de Santo Tomás Apóstol en Santiago de Cuba, capital oriental de la Isla -la ciudad natal- , y por la memoria oral de muchos de sus descendientes,  vio la luz primera el 12 de julio de 1815.

Lo más cierto parece ser, de acuerdo con el historiador Eduardo Torres Cuevas, que en el hogar paterno se nutrió como alimento espiritual de las fuerzas morales que lo  sustentaban.

También contribuyeron a la formación de su carácter las  labores en el campo en la finca propiedad de su progenitor, próxima a la ciudad donde residía la familia. A medida que crecía, se fue convirtiendo en  una mujer recia, de principios inflexibles, trabajadora incansable y con una inteligencia natural, vivaz y ágil.  Lógico es pensar que conoció de la inhumana situación afrontada por los esclavos en Santo Domingo a partir de los relatos de sus padres, lo que fue calando en su conciencia y desarrollando, por un lado, un sentimiento de repulsa hacia el régimen colonialista español imperante, y por otro,  sus ideas libertarias.

Muy joven contrajo nupcias el 21 de marzo de 1831 con un mestizo también libre, Fructuoso Regüeiferos Hechavarría, con quien tuvo sus primeros cuatro hijos varones.

Regüeiferos falleció el 5 de julio de 1840. Viuda, sola y  pobre, tuvo que  volver a la  casa de sus padres.Unos tres años después conoce a  Marcos Maceo con quien contrajo matrimonio el 6 de julio de 1851.

De su amor  surgió una familia numerosa, criada en el respeto a la autoridad de los padres, el trabajo y la entrega a la libertad de la patria, y sus destinos estuvieron unidos hasta el día que él falleció en sus brazos, en septiembre de 1869, en la manigua, después de ser herido en un combate contra el ejército español.

Marcos admiraba el carácter sobrio y firme de su mujer, quien lo secundaba – después de dejar sus actividades del comercio en Santiago de Cuba- ,  en las faenas propias de las tierras adquiridas en Majaguabo San Luis,  en las cuales tenía ganado y producía tabaco, frutos menores y madera.

La pareja procreó nueve hijos –dos hembras- quienes crecieron junto a  los cuatro mayores de Mariana con Regüeiferos. Para estos, el esposo de su mamá fue un padre; lo respetaban y ayudaban en las faenas del campo, junto a los mayores Maceo Grajales. Esa unión entre todos los  nacidos de un mismo vientre constituyó divisa permanente del matrimonio.

La prole de Mariana y Marcos nació entre 1845 y 1860. Los niños crecieron escuchando las anécdotas de Mariana, referidas por sus padres, sobre el tema de la esclavitud, mientras su padre se encargaba de enseñarles a manejar del machete y a afinar la puntería.

Las injusticias impuestas por España, el desprecio a su raza y las crueldades en el trato a los esclavos, provocaban en ella un sentimiento de rebeldía que  crecía en  la medida que conocía los movimientos conspirativos contra los colonialistas opresores de su país a través de un selecto grupo  de amigos que visitaban el hogar.

Cuando llegó al hogar en Majaguabo  la noticia del inicio, por Carlos Manuel de Céspedes de las luchas independentistas y que les había dado la libertad a sus esclavos el 10 de octubre de 1868, no dudó en apoyar a  los patriotas levantados en armas.

Guerra de los Diez Años

Carlos-Manuel-de-CéspedesLa historia recoge las palabras de Mariana cuando el 12 de octubre  ante la petición de un insurrecto de cuál de los hijos le daba para la contienda,  Marcos calla,  ella va a un cuarto, toma un crucifijo, regresa y dice:

“De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”. ¡Qué ejemplo de amor al prójimo! Alguien que la conoció por la época de la guerra la describió de la siguiente manera en un artículo en la revista Bohemia del 10 de diciembre de 1944: “(…) pasaba de los cincuenta y cinco , robusta, de regular estatura, más bien baja, nerviosa, de movimientos ligeros, resuelta de tal manera, que contrastaba con el carácter de su esposo…”. Él era más sereno.

Su nuera María Cabrales,  esposa de Antonio Maceo, dejó escrito lo siguiente sobre el momento cuando Mariana le dijo al marido mientras disponía las cosas para los hijos que marcharían al monte, a los cuales había inculcado los más nobles y justos ideales, los conceptos de honradez y sentido del honor: “Y tú, Marcos, ocúpate de acotejar las cosas, que aquí todos estamos en guerra”.

Días después, el 26 de octubre de 1868, la familia completa, cuyo centro era Mariana,  se iba a la manigua a unirse a los defensores de la patria. Las fuerzas españolas enteradas del hecho quemaron la casa y el resto de las propiedades de los Maceo Grajales.

Lo agreste de la manigua, su nueva “morada”, no amilanó a Mariana, acostumbrada a los rigores de  la vida en el campo y curtido su espíritu forjado en la sociedad colonialista en que se desenvolvió su vida.

Ni  un minuto de flaqueza hubo en sus diez años de insurrecta, viviendo en cuevas y otros parajes similares a los de  los cimarrones cuando huían del cepo y la muerte,  cruzando ríos, subiendo montañas, bajo la lluvia o el sol ardiente de la zona más oriental de la Isla, generalmente cercanas, ella y las demás mujeres, a  los lugares donde peleaban sus seres queridos.

Se alzaba estoicamente por encima del dolor como cuando vio morir por falta de alimentos adecuados, medicina y médico, y lo inhóspito del lugar, a la primogénita de Antonio Maceo, la primera nieta,  y a su segundo nieto siete días después de nacer.  Hasta ante la muerte se imponía su extraordinario temperamento.

Tampoco flaqueó cuando llegaban hasta el campamento,  heridos, a veces moribundos, algunos de  sus hijos. Ante cada desgracia prevaleció su fortaleza de espíritu. Sucedió así al ver a  Antonio en muy malas condiciones, con un hueco  en el pecho, y le indicó a su hijo Marcos, quien no tenía todavía 14 años: “Y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento”.

Existe otra versión: “Y tú, muchacho, empínate, ya es tiempo de que pelees por tu patria”. Una u otra, o como haya dicho la expresión, pone muy en alto el honor y el valor patriótico de esa cubana excepcional.

Fue solidaria, al curar tanto a los heridos del Ejército Mambí como a los españoles. Mucho sufrió Mariana durante esa década en la retaguardia mambisa. Allí afrontó con denuedo la muerte en combate de sus hijos Fermín, Miguel, Julio y el  fusilamiento de Justo, el  deceso de su esposo, quien abrazó la causa por la independencia y luchó bajo las órdenes de su hijo Antonio, al lado de José, ambos heridos en varias ocasiones, al igual que Felipe, Marcos, Rafael y José Tomás.

Pero también le laceró el alma la traición de aquellos cubanos que se pasaron al bando enemigo y firmaron el Pacto del Zanjón, página ominosa en la historia de Cuba. ¡Tantas pérdidas de valiosas vidas durante diez años de lucha para ver a Cuba libre, todo evaporado por las divisiones, el regionalismo y otros males parecidos! Pacto no aceptado por Antonio, ya  mayor general.

¿De quién si no de la autora de sus días, esencialmente, aprendió Maceo su carácter firme, estoico, los principios morales, la disciplina,la ética,  la fortaleza de espíritu, el  valor?  Se los inculcó la madre, al infundirle el  amor a la familia, a la patria, a la libertad y a la justicia.

La dimensión histórica de Mariana está presente en todas las hermosas páginas escritas por las mujeres cubanas de todas las épocas y sobre todo, de los últimos más de cincuenta años.

Ante la cercanía del bicentenario del nacimiento de Mariana Grajales Cuello: “¿Dónde encontrar un símbolo más completo de la identidad cubana, su  historicidad, de su composición geográfica y étnica?”

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