A solas con “el enemigo”


Nancy Pelosi_ cubaxdentro.wordpress.com/Por: Harold Cárdenas Lema/La Joven Cuba

Desde que nací quedó claro quién era el enemigo. Los que apoyaron la dictadura batistiana contra la que luchó mi abuelo, los que pagaron la mina de la UNITA que mató a mi padre en Angola y los que desde la otra orilla han provocado las circunstancias anormales en que vive mi país. Esa confrontación ha marcado la vida de la mayor parte de los cubanos y creó un escenario de hostilidad con poco margen al diálogo, hasta el 17 de diciembre.

Desde entonces la estrategia ha cambiado y se comienza a jugar un ajedrez político distinto, con mucha más interacción. Como las relaciones entre ambos países son tan sensibles, algunos ven con malos ojos que existan ciudadanos que puedan estropear esto pero la política implica un forcejeo de intereses cotidiano en el que Cuba ha perdido terreno demasiado tiempo por depositar esa responsabilidad solo en manos institucionales. Es por eso que cuando te invitan a conocer el enemigo del que has escuchado hablar desde niño y tienes chance de sentarte con él. Aceptas.

La primera pregunta es ¿por qué tú? Si hay muchos más preparados, más informados y con más que decir…solo puedes suponerlo pero dejar pasar la oportunidad de participar en un proceso de diálogo del que generalmente solo puedes opinar, sería imperdonable. Al fin y al cabo, ¿te hiciste un blog para contar la realidad o para transformarla?

Lo segundo es verificar la compañía. Si en este marco estrecho están los sospechosos habituales que generalmente se presentan como “sociedad civil” pero acostumbran dibujarnos como el infierno en la tierra, no gracias. Las diferencias ideológicas son respetables pero puedes arrojarte el derecho de no compartir mesa con personas que han apoyado históricamente la política de bloqueo a la Isla, sin importar los cambios de opinión a última hora.

Lo tercero es prepararte para el día después de mañana. Habrá quienes crean que por compartir un almuerzo y hablar en inglés una hora, han logrado un nuevo adepto, incluso pueden tratar de usarte para sus fines. Otros pensarán que el contacto con el enemigo te hace más vulnerable, susceptible a la penetración y sospechoso desde entonces, habrás perdido la pureza ideológica necesaria.

Cuando llega el mediodía haces lo imposible por llegar puntual a ese lugar que queda en el confín del mundo. Donde supongo ni siquiera existe paradas de ómnibus o libreta de racionamiento porque es una Cuba desconocida, de grandes residencias, donde viven la gente de alcurnia y los diplomáticos. Te sientes un bicho a punto de chocar contra el parabrisas del almendrón que te cobra par de CUC por llegar ahí, mientras con complejo de culpa imaginas que estará pensando de ti el chofer que al despedirse te mira y dice: “suerte socio”. Hará falta.

Los cubanos que asisten en esta ocasión no son “disidentes” en absoluto, incluso muchos trabajan en instituciones estatales. Realmente el diapasón de sociedad civil, tan convenientemente estrecho para los estadounidenses, parece estarse ampliando desde diciembre aunque todavía le falte un poco más para que represente todo el diapasón de pensamiento que existe en el país.

Los puntuales son los cubanos, irónicamente los congresistas llegan tarde por tener una agenda comprensiblemente cargada. El almuerzo empieza y te ves sentado junto al enemigo, pero este viene en forma de una congresista simpática que te comienza a hablar y no puedes parar de pensar que en algunas cosas se parece a tu madre. Mal comienzo, están jugando la carta de la empatía y ya van ganando.

Te habías preparado previamente para explicarle lo injusto de tener a Cuba en una lista de países que apoyan el terrorismo y cuando lo mencionas coincide totalmente contigo, ella también se ha opuesto siempre a esto y a lo que llama eufemísticamente embargo. “¿Y por qué debieron esperar tanto para terminarlo?” – “El presidente no estaba de nuestro lado, ahora sí.” Seguimos hablando y comienzas a notar que existen profundas diferencias culturales, asuntos que serán irreconciliables pero con los que toca lidiar. No discutes sino que acuerdas desacordar y sigues adelante, respetando las mutuas diferencias, toca encontrar cuáles son los puntos comunes y trabajar desde ahí.

El enemigo comienza a hablar de Internet y las ventajas que ello significa para Cuba, pregunta tu opinión al respecto y llega entonces el momento que estabas esperando para sentirte mambí, le dices: “el asunto radica en que los cubanos tenemos razones para creer que su país todavía no ha renunciado a la estrategia de cambio de régimen y preocupa que utilicen la Internet para ello”. La congresista te mira y pregunta: “¿cómo podemos demostrar que nuestra voluntad ha cambiado?”

Es tu oportunidad para dar ideas y le sueltas: “faciliten las herramientas tecnológicas necesarias para ser un país conectado y moderno pero sin condicionarnos, permitan que nosotros hagamos con ello lo que acá consideremos pertinente. Los cubanos somos muy celosos de nuestro libre albedrío”. Ella sonríe, estrecha tu mano, se marcha a la conferencia de prensa mientras tú buscas un aventón para asistir también.

Una hora después en Miramar y frente a las cámaras, los sospechosos habituales preguntarán algo vinculado a la Internet esperando una respuesta que permita el titular sensacionalista de turno. La congresista responde utilizando palabras muy de su país, argumenta que la juventud cubana está deseosa de conectarse pero cuando pone un ejemplo, no menciona un medio “independiente” sino La Joven Cuba, un blog de provincia hecho mayormente por profesores universitarios que no ven la vida en negro o blanco.

Y durante todo este tiempo el enemigo ha hablado a través de una señora tan amable que para encontrar alguna naturaleza malvada habría que practicarle un exorcismo. Está movida por un aprendizaje cultural e intereses diferentes, que no necesariamente son irreconciliables con los nuestros. Resulta que la vida es más rica que los esquemas con los que tratamos de etiquetar a las personas y el discurso de confrontación debe irse eliminando en la medida que del otro lado den muestras reales de distensión.

Cuando nací estaba claro quién era el enemigo pero ahora el tema se complejiza, incluso las fuerzas en Estados Unidos no son homogéneas, hay acercamientos genuinos y otros marcados por segundas intenciones. Es muy difícil descifrar la agenda real de una delegación congresional de alto nivel pero su discurso y proyección se notan más inclusivos. Poco puedes influir o hacer en un almuerzo pero por un breve período sientes que estás acompañando un proceso vital para tu país y que mantener una postura patriótica en ese momento es el Moncada con el que te irás a dormir hoy en la noche.

Esta es una historia por terminar todavía porque quisiera ver evidencias concretas de que Estados Unidos ha renunciado a su política de cambio de régimen y decide finalmente acompañar a Cuba sin condicionamientos o subordinaciones (¿es eso posible?). Quizás entonces ya pueda dejar de ser el enemigo en el argot político cubano y se convierta en vecino, sería lo más práctico y necesario. Ojalá esta vez, el sentido común resulte el más común de los sentidos. Mientras piensas todo esto, caminas hacia la parada más cercana y regresas a tu edificio soviético, preocupado por el otro vecino que hoy en la mañana olvidó poner la turbina y te ha dejado sin agua.

2 comentarios en “A solas con “el enemigo”

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