Lecciones del Ché para los políticos cubanos de hoy


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En una carta fechada el 10 de marzo de 1959, dirigida a Carlos Franqui (Director a la sazón del periódico Revolución), el Che sale de manera proactiva ante una (nos dice) “aparentemente inofensiva” frase publicada en la sección “Tras la Noticia” de la Revista Carteles, que escribía Antonio Llano Montes: “El comandante Guevara fijó su residencia en Tarará”.

Como sabemos, el Che se caracterizó por el ejercicio permanente de la austeridad y el sacrificio, enseñando una vía imprescindible para convertirnos en personas nuevas. Lo exigió para sí mismo, para quienes trabajaban con él, pero sobre todo para la clase dirigente. Al Che le pareció que aquella frase sobre su “nueva residencia”, buscaba insinuar “algo” sobre su postura revolucionaria. Y le molestó, como le debe molestar a todo verdadero revolucionario que vea su imagen moral sometida a juicio. A continuación la carta, que es la provocación, la base para desarrollar brevemente el tema de los líderes de la Revolución, la política de austeridad que debe regir su despliegue social y su papel ante la opinión pública, ante el pueblo.

Tarará, 10’ de marzo de 1959
Co. Carlos Franqui
Director del Periódico Revolución.
La Habana
Compañero Franqui:

Vi en la revista Carteles, en la sección “Tras la noticia”, que escribe Antonio Llano Montes, una nota que me ha interesado, por insinuar algo sobre mi postura revolucionaria, tras la siguiente frase, aparentemente inofensiva: “El comandante Guevara fijó su residencia en Tarará”.

No analizaré aquí quién es el señor periodista ni daré noticias sobre lo que él tiene en los archivos a mi custodia encomendados, no está en mi intención hacer acusaciones o contraacusaciones, me debo a la opinión pública y a quienes han confiado en mí como revolucionario.

Le aclaro a los lectores de Revolución que estoy enfermo, que mi enfermedad no la contraje en garitos ni trasnochando en cabarets, sino trabajando más de lo que mi organismo podía resistir para la Revolución.

Los médicos me recomendaron una casa en un lugar apartado de las diarias visitas y Recuperación de Bienes me prestó esta que habitaré en la referida playa hasta que los colegas que me atienden me den de alta; debí ocupar una casa de personeros del antiguo régimen porque mi sueldo de $125.00 como oficial del Ejército Rebelde no me permite alquilar una con suficiente amplitud para albergar a la gente que me acompaña.

El hecho de ser una casa de un antiguo batistiano hace que sea lujosa; elegí la más sencilla, pero de todas maneras es un insulto a la sensibilidad popular. Prometo al señor Llano Montes y sobre todo al pueblo de Cuba que la abandonaré cuando esté repuesto.

Te agradeceré la publicación de estas líneas para mejor ilustración de nuestro pueblo, sobre la actuación de quienes hemos contraído una responsabilidad con él.

                                                                                              Che

Como apreciamos, el Che no dejó en el aire una insinuación que pudo generar comentarios negativos alrededor de su integridad política en el pueblo, gran fiscalizador (“mudo”, a veces por falta de tribuna) de la actitud de quienes ocupan puestos de dirección, cualquiera sea el nivel.

No importa cuánto sea el sacrificio. Precisamente de eso se trata: sacrificio y austeridad, principalmente para la vanguardia. Creo que la presencia de estas cualidades en quienes toman decisiones es un agente catalizador de actitudes revolucionarias y nuevas en los demás. Una breve digresión: nada de lo que el Che nos legó (mucho menos lo de “las armas melladas”) está pasado de moda, y habrá que pasar por él, así como por el ideario político de Fidel, para construir el socialismo en Cuba, ambos tácitamente eludidos hoy.

Decía el Che que los cuadros del Partido “deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio”, lo que no deja de ser una tarea “a la vez magnífica y angustiosa”. También afirmó en su testamento político que los hijos de ese grupo de avanzada “deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común”. Estoy seguro que el Che no se refería al hijo del que vive marginado del proceso de construcción del nuevo régimen, pero sí al hijo del que suda en el campo, en el horno, o en un local sin aire acondicionado, aportándole a la sociedad.

No basta participar y desgastarse dirigiendo el país, diseñando estrategias, como tampoco velar por su aplicación en un marco reducido, para adquirir el derecho a tener beneficios y prebendas. Esa es la cuota de sacrificio a pagar. Y yo quiero verla, para creer más en esa gente que va delante, y creer más en esto. Quiero palpar mucho más ese sacrificio. Y cuando una dinámica negativa en este sentido salga a la luz (como rumor, como acusación formal), el pueblo, la Asamblea Nacional del Poder Popular y el Partido deben presionar porque se esclarezca, y no dejar crecer ninguna maleza que deteriore el prestigio de la Revolución y sus líderes. Claro que si estamos hablando de un comunista real, este dará primero, explicando, por ejemplo, por qué estuvo gastando tanto en aquel hotel (si realmente fue).

El Che, en fecha tan temprana (dentro del calendario revolucionario) como marzo de 1959 enseñó cómo se hace, cómo se respeta a un pueblo donde todos los que participan conscientemente de la construcción socialista, absolutamente todos, se sacrifican. La política de austeridad y ligazón con las masas para los de arriba nunca prescribe.

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