Frank Delgado: “No me ha costado mucho trabajo ser honesto”


frank-delgadoPor: Abel Lescaille Rabell/Cubahora

Son las 2 de la tarde del 16 de enero de 2015 y estoy sentado en la sala de Frank Delgado un poco nervioso. A pesar de que un amigo me trajo hasta aquí, supe que acabamos de interrumpir una sección de grabaciones de su nuevo disco e imagino que debe estar molesto.

Para calmarme, miro las paredes de la casa. Algunas tienen cuadros y figuras de barro, otras están escritas y dibujadas como lienzos enormes, en una de ellas un hombre de grafito intenta llegar a las nubes, también las hay con barcos y gente de colores. Parece una habitación mágica, llena de plantas e instrumentos musicales por todas partes, si no supiera de quién es la casa hubiera imaginado de todas formas que allí vive un trovador.

Frank entra sin camisa y se acomoda en una butaca, tiene puesto un short de cuadros y unas chancletas. No imaginaba encontrarlo así, pienso que eso debería quitarme un poco de presión pero sucede todo lo contrario, lo descubro demasiado familiar, de alguna forma es solo un músico que recibe a un inoportuno estudiante de periodismo y no la voz que he escuchado mil veces en los reproductores de sonido, desbaratada la formalidad descubro que la sencillez, en ocasiones, asusta. Si hubiera sido otro quizás ni me hubiera recibido en su casa. Este bardo, en cambio, me dice: “Bueno, cómo es la cosa”.
Quisiera decirle que con sus canciones enamoré a una muchacha; que en una discusión sobre de su música conocí a uno de mis mejores amigos; que en el servicio militar, cuando escuchaba Utopías, me sentía menos solo en medio de la noche; pero imagino que eso debe haberlo escuchado mil veces y le explico que no voy a robarle mucho tiempo, que no he venido a hacerle una entrevista sobre su vida sino a conocer su opinión sobre la trova como fenómeno comercial, (le miento, tengo varias preguntas sobre su obra que le haré si me alcanza el tiempo). También le aclaro que el cuestionario tiene pocas referencias sobre poesía y música y bastantes sobre rentabilidad y economía, términos que usualmente los trovadores suelen evadir, pero que al autor de Con la adarga al brazo parecen no incomodarle demasiado.

¿Cuál es tu idea de la Nueva Trova, cómo percibes este género musical más allá de las diversas nomenclaturas o variantes?

—La Trova nunca fue un gran fenómeno comercial, gran parte de los trovadores de antes del 59 pasaron muchas necesidades. Manuel Corona, uno de los cuatro grandes de la Trova tradicional, murió pobre y con tuberculosis. Siempre he dicho que los trovadores son como una especie de fraternidad y creo que nunca pensaron demasiado en términos de dinero.

“Se puede decir que existe un antecedente de pobreza en la trova, se podría hablar, incluso, del poco poder de convocatoria, los trovadores nunca fueron las grandes estrellas de la música cubana, siempre las orquestas de gran formato y los cantantes románticos eran mucho más conocidos y reunían a mucha más gente.

Sindo Garay tampoco vivió las mieles de la riqueza con su trova, esta música siempre asóciala a modestia, a pobreza, a vicisitud, definitivamente hay una especie de antecedente de humildad. Por otra parte algunos trovadores del movimiento del filin como Cesar Portillo, José Antonio Méndez y Ángel Díaz tuvieron su época de tocar en bares incluso después del 59. Por los años 70 en el club Sherezada existía un local donde podías ir con tu novia y allí aparecerían de vez en cuando estos grandes músicos, yo supongo que cobraban bien por esos trabajos, era una época donde el peso cubano tenía un alto valor. Después surgió el Pico Blanco e hicieron el rincón del filin donde esos artistas vivieron sus mejores momentos, cobraban bien, de hecho José Antonio Méndez muere en la ruta 64 que lo llevaba a ese lugar.

”En los años ochenta también se respetaba mucho a los trovadores del filin, los del bar, pero la Nueva Trova renegaba un poco a estos espacios, Silvio, Pablo, Vicente y Noel no fueron partidarios de tocar en bares a pesar de que Pablo lo hizo y Noel empezó en el Gato Tuerto, pero hubo una especie de rechazo a la cultura del bar y del espacio comercial, ellos vivían, quizás, de lo que les pagaban el ICAIC y otros centros”.

¿Con qué espacios cuentan los trovadores hoy en día para tocar, hacer su música y ganarse la vida, crees que es rentable actualmente mantener un espacio que se nutra de esta propuesta?

—Ya desde el año 2000 con las nuevas leyes de pago a los músicos es que los trovadores vuelven a ir a los centros nocturnos y los cubanos adquieren una especie de nueva cultura en este sentido, no podría decirte específicamente cuando fue pero sobre 2005 o 2006 en el Tocororo existía un muchacho que se llamaba Rudilexis que hacía covers de trova, cantaba dos o tres canciones suyas pero la mayoría eran covers, ese fue el primer lugar semejante a un bar donde yo toqué, pagaban bastante bien para la época.

“Así empezó una especie de invasión de la trova a los centros nocturnos, lo que anteriormente era una manifestación de matinée, de peñas por la tarde, con gente como Rudilexis fue llevado otra vez al bar y la gente iba y le resultaba coherente que él cantara canciones de Pablo, Silvio, Sabina, Serrat y Donato Poveda en lugares de esa categoría que suelen asociarse a presentaciones más comerciales.

”Así fue como yo me acerque al bar y empecé mis incursiones en El Tocororo, cantando canciones mías y de otros. Había un público que respondía a esta estética, un público que por lo general tenía dinero y le gustaba la trova y no el reguetón. En aquel tiempo surgieron muchos bares y centro nocturnos que funcionaban con un humorista que se burlaba de los negros, los homosexuales, las suegras, las mujeres y cuando terminaba entonces empezaban artistas de reguetón, luego empiezan a surgir centros que sirvieron de contrapartida a esa fórmula y algunos admitieron a trovadores, entonces hubo mucha gente que prefirió esta alternativa a la otra más comercial.

”A mí en el 2008 me dan la posibilidad trabajar en El Sauce y de hacer algo allí los viernes. Entonces empiezo a hacer las presentaciones haciendo promoción y enfocado en la gente que gusta de la trova, que le gustaba la nocturnidad pero preferían esta estética y como en esa época no tenía mucha competencia se repletaba todos los viernes.

”Había también empezado el fenómeno Don Cangrejo, que aunque los que empezaron son gente de formación trovadoresca, no creo que sean básicamente trovadores, David (Torrens) y Kelvis (Ochoa), quienes tuvieron mucha aceptación en el público que les gustaba la trova. Después el show se convirtió en un espectáculo más bailable que en una cosa trovadoresca. Yo, por ejemplo, en El Sauce también tenía un grupo de pequeño formato pero a la una de la mañana no podía tocar más con baja frecuencia y a esa hora terminaba con los otros instrumentos y seguía tocando yo con la guitarra.

”Después, cuando se demostró que nuevamente la fórmula funcionaba surgieron otros lugares como el Bertolt Brecht, Pepito’s Bar, Escaleras al Cielo que trataban de alejarse del reguetón y traer esa música más espiritual y por ahí anda la cosa, así es como se ha ido introduciendo nuevamente.

”Ray Fernández los jueves también tiene un espacio en el Diablo Tun Tun que empezó de a poco y ahora reúne a mucha gente, sobre todo gran cantidad de universitarios, a esa hora nadie puede competir con él”.

En los últimos tiempos has hecho presentaciones en El Sauce con entrada libre y otras en las que el boleto vale 10 pesos cubanos, ¿cuáles son los motivos que te han llevado a recurrir a estas propuestas?

—Esa es una experiencia ya un tanto cotidiana, pienso que se puede lograr con más frecuencia, yo lo he hecho por varios motivos, una vez, por ejemplo, me lo pidieron unos estudiantes, pero pienso que darle acceso a la gente a que entre a lugares de calidad como El Sauce por un bajo precio y consuma nuestra música es una forma interesante de sembrar el gusto por lo que la obra que defendemos.

“No todos tienen el mismo poder de convocatoria, existen muchos trovadores magníficos que no lo tienen y no se puede decir que no sean buenos por eso, pienso que la cantidad de gente que te vaya a ver es solo un parámetro, en el arte es muy difícil cuantificar las cosas.
”A todo el mundo no le funciona El Sauce, yo lo llenaba al principio cuando no había tanta competencia, cuando aparecieron los otros lugares el público disminuyó, al principio eran 250 personas en el lugar, luego llegar a 100 se ha convertido en algo difícil.

”Siempre hay una variable económica que resulta o no, cuando el grupo que tienes es de 3 o 4 personas, tienes que ver que esos músico cobran un sueldo y tú tienes que pensar en que al final te sea factible, por eso hay mucha gente que prefiere estar subvencionado en vez de estar luchando a ver o que aparece o lo que se pueda hacer en esas presentaciones, son pocos los que se pueden dar el lujo de decir que no se van a subvencionar y acogerse a esta modalidad.

”Yo me conseguí un trabajo como Dj en el propio El Sauce junto a Luis Alberto García, y va a vernos un montón de gente. Entonces lo que hago es actuar gratis o cobrar 10 pesos. Por ejemplo, Adrían Berazaín mañana va a hacer un concierto a 10 pesos y me decía que si van 300 personas le es factible.

”Hay músicos como Kelvis y David que tienen gran poder de convocatoria y no deben tener problemas, otros tenemos que luchar bastante, ir al interior, el centro nocturno es un riesgo, a veces te pagan fijo y otras solo tienes lo que puedas recaudar”.

frank-delgado-1Después de los años, de las glorias, ¿cómo recuerdas los tiempos cuando empezaste a hacer canciones?

—Yo empecé a hacer canciones en un tiempo en que el dinero no era importante, se vivía con muy poco y lo importante era el arte, cuando yo era aficionado recuerdo que el afortunado era al que más llamaban por teléfono para tocar lo mismo en una actividad en una fábrica de colchones de la Lisa que en una asamblea de rendición de cuentas. Se hacían los recitales por amor al arte, con pocos recursos, yo estaba centrado en las canciones que hacía sin pensar en la ganancia, el dinero no valía, mientras hubiera alguien que te invitara a tomarte un traguito resolvías, había mucha libertad para preocuparse por el arte.
“En el período especial cuando los tiempos se pusieron difíciles, el dinero volvió a ser importante y hubo que hacer el arte y además preocuparse porque la gente fuera a verlo. Lo que más extraño de esa época es asistir a las peñas de los trovadores y verlos tocar despojados de cualquier interés económico.

”Todavía Silvio Alejandro, Marta Campos y Charlie Salgado tienen peñas así, en las que van los trovadores a tocar sus canciones y una parte del público muchas veces son los mismo trovadores que en un futuro pueden llegar a tener un alto poder de convocatoria. Siguen existiendo las peña en matinée en varios lugares y se va a mantener porque ese el estado puro del trovador. En los lugares donde se entra gratis y donde van desconocidos con un gran talento y eso es muy importante, yo recuerdo, por ejemplo, a Kelvis y a David en esas peñas. Ahora la gente se preocupa un poco más por el dinero”.

En una ocasión dijiste que un músico por muy genio que sea, es un ladrón de melodías y armonías, ¿de quién has tomado las raíces que conforman tus canciones?

—De mucha gente, dicen que hay músicos de generación espontánea, pero también los grandes genios clásicos fueron influidos por sus períodos anteriores, está el caso de Mozart, Bach, Beethoven. Uno cuando es joven siempre toma cosas de sus ídolos, a mí en lo particular me encantaba la música brasileña y la Nueva Trova, escuchaba a Silvio y Pablo, quizás estas hayan sido mis primeras influencias pero yo nunca he dejado de tomar elementos que considero interesantes, cualquier día puedes descubrir, por ejemplo, un músico senegalés que utiliza unas armonías y unos ritmos impresionantes y puedes buscar como estructurar tus canciones a partir de esas variaciones, uno aprende siempre de mucha gente, a veces descubres algo interesante, otras ves que lo descubren otros, en este sentido el músico es como un médico que se aprovecha de los descubrimientos científicos de sus colegas para hacer cosas buenas.

“Siempre uno está escuchando qué pasa a su alrededor y se convierte en un investigador o en el que hace los nuevos caminos. Las canciones que yo armo al principio son una especie de Frankestein, una cosa hecha con desechos de otras canciones, puede que alguien te diga que no es así, que descubrió algo totalmente nuevo e hizo una canción, pero esa es mi fórmula”.

Aunque tienes muchas canciones esencialmente trovadorescas, también tienes muchos sones y temas bailables, ¿cuál de ambos prefieres hacer?

—Las canciones las hago a partir de la guitarra. Hay temas que te piden un tipo de música, en ocasiones es la temática la que te pide la música, ahora mismo estoy grabando un canción sobre la Aduana que tiene un tiempo de son, es bailable, si la hubiera hecho más lenta o como una balada quizás no hubiera podido decir todo lo que dice, pensé que era una cosa más divertida y decidí que tuviera ese tiempo, siempre trato de pensar cómo abordar los temas con la música adecuada.

“Ahora le hice una canción por encargo a Laura de la Uz que yo quería que fuera suave, pero ella me pidió que fuera más bailable. Casi siempre un ritmo muy adelante se utiliza con un lenguaje más coloquial, mientras que algo más suave te permite trabajar más en los versos hacer una poesía más compleja. No prefiero una antes que otra, en mi caso casi siempre surge el tema primero y después trato de encontrarle la música adecuada, últimamente cuando hago la música sin pensar en un tema, se la acabo dando a otro autor para que le ponga letra a Israel (Rojas), por ejemplo”.

En el libro Trovadores de la herejía sus autores dijeron que para tu generación la honestidad fue la mejor manera de estar comprometido con su tierra, ¿hasta dónde crees que has sido honesto en tu obra y cuánto has pagado el precio de tu honestidad?

—No me ha costado mucho trabajo ser honesto, a veces me ignoraron, a veces me censuraron, pero eso es parte del proceso, cuando estás censurado existe una especie de magia, eso tiene también su encanto, si te digo que sufrí por eso, que tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano estaría sobredimensionando el problema, cuando me dijeron que no me podían poner en la radio lo acepté como algo cotidiano, de todas formas yo casi no salía en la radio.

“Nunca dependí demasiado de ese medio, de hecho, cuando empezaron los discos y las memorias flash las canciones se pudieron pasar de mano en mano, la música está en las redes. Hace poco fui a un evento y una muchacha de Honduras se me acercó y conocía toda mi obra me pasó también con una muchacha argentina, la música viaja a lugares que uno no imagina. Que te puedo decir, ni me deprimí ni dejé de componer, simplemente me reí de eso”.

ep002131_1¿Qué significó para ti estar en la guerra del Angola?

—Fue una cosa medio romántica, Silvio había estado, había estado Lázaro García, también Vicente Feliú. Yo veía fotos suyas por todas partes, recuerdo que en un programa de televisión pasaron una grabación de Silvio y Vicente cantando Créeme, yo quería ir a un lugar así, vivir esa experiencia y tener fotos como esas, yo no puedo decir que fui a luchar por un pueblo hermano ni a librarlos del yugo colonial, ese discurso sería una mentira, mis ganas de ir allá partieron de esas cosas más simples, muchos trovadores pasaron por allá y quise ser uno de ellos. Creo que si ahora hubiera una guerra lo pensaría muchísimo antes de ir, seguramente terminaría yendo, pero ya no soy el muchacho ese de 28 años, no sería como cuando me preguntaron si quería ir y ya lo tenía bien claro, fue una respuesta rápida.

“Yo no estuve en lugares muy peligrosos, disparé en un campo de tiro y me quedé medio sordo, entonces me di cuenta de que lo mío era cantar. También viajé bastante el país, conocí mucha gente que todavía veo en la calle. En cuanto a la composición, no estuve muy inspirado, tenía bastante tiempo y terminé haciendo canciones que no tenían nada que ver con la guerra y completando algunas que había empezado en Cuba, hice si acaso tres o cuatro de Angola, tomando en cuenta que Silvio hizo 20 ó 30 es muy poco”.

Ya para terminar —me doy cuenta de que ha pasado más de media hora— ¿podrías mencionar tres canciones que prefieras de otros autores?

—Escoger es difícil, pero… entre todas las canciones de un autor como Chico Buarque me quedaría con Hablando en plata, de un compositor tan importante como Serrat, que me encanta y de quien me sé muchas obras escogería De cartón piedra, mientras que de Silvio me quedaría con El día feliz me está llegando, me gustan mucho las metáforas que utiliza.

Tres canciones tuyas que prefieras…

—Hay canciones mías con las que estoy satisfecho yo y otras con las que está satisfecha la gente. A mí me gusta como quedó armónicamente Si te pido un bolero, que no es una canción que le haya gustado mucho al público. Un tema que no pensé que fuera a tener tanta aceptación es Cuando se vaya la luz mi negra, la hice en un período de tiempo muy especifico y pensé que cuando se acabaran los apagones no iba a tener sentido, sin embargo ha gustado bastante, pensar que la hice casi jugando. También hay algunas que me han sorprendido como el caso de Veterano la cual escribí cuando regresé de Angola, pienso que ha comunicado por el equilibrio que tiene entre letra y música.

Tres libros que prefieras…

—Hay mucha literatura, hay que escoger lo mejor entre lo que puedas conseguir, ahora con los libros digitales hay más oportunidades, pero yo no he podido leerme ninguno completo, creo que no poder pasar la página es lo que me frena, siento que algo no está bien. En el “paquete” vinieron el otro día 5 carpetas con más de 20 novelas cada una, yo leo mucho por recomendaciones, ahora mismo terminé que hizo Padura estaban, entre otras , El poder del perro y del propio escritor leí El hombre que amaba a los perros, un texto magnífico.

“Últimamente me he convertido en un ser más audiovisual, Hollywood me aburre y es tan predecible que ya no lo veo, pero me atrapan los documentales biográficos, los de música, hace poco vi como dos veces uno extraordinario sobre la vida de Bob Marley que describe toda su historia desde que nació en el campo de Jamaica hasta que se sube en una escenario con los dos candidatos presidenciales que se pedían la cabeza. Otro documental que me pareció magnífico fue Searching for sugar man, aunque también me gustan documentales sobre ciencia, sobre la fauna”.

Ahora, después de varios minutos de conversación, el juglar luego de mirar la hoja del cuestionario se ha dado cuenta de que me faltan unas cuantas preguntas por hacerle. Ya no responde como al principio, su voz parece más grave, más cansada, entiendo que es hora de terminar y no quiero abusar de su generosidad aunque me gustaría poder tomarle alguna foto (camisa mediante). —Es todo —le digo— muchas gracias, ya le he robado suficiente tiempo. El trovador no dice nada y se levanta. Entiendo que su silencio es la confirmación de mis últimas palabras. No me siento mal por eso pues, como ha quedado claro, a Frank nunca le ha costado mucho trabajo ser honesto.

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