José Mujica: “Los mejores dirigentes son los que dejan gente que los supera”


jose-mujica-celac-enero-2015-685x342Discurso de José Mujica, Presidente de la República Oriental del Uruguay en la III Cumbre de la CELAC. 28 de Enero de 2015:

Muchas gracias, Señor Presidente, y vaya mi agradecimiento a usted y en su persona a este Pueblo que tanto nos ha dado en la historia de esta América.
Tengo algunos seres queridos que se han ido con profundas raíces en esta sociedad.

Me he sentido representado por una cantidad de intervenciones que ha habido aquí, no quisiera repetir; humildemente podría hablar de la pobreza de mi país, de la indigencia de mi país.

Yo no me siento orgulloso, me siento con pesadumbre de que en mi país quede un medio por ciento de indigentes y un 10% de pobres… ¡porque no debería de haber nadie! Porque la naturaleza nos dio demasiados recursos, y solamente, tal vez nuestra incapacidad, nuestros desacuerdos lo explican.

Y no le voy a pedir cuentas al imperialismo yanqui, ni a la prepotencia europea, porque eso es de suyo; en el fondo ha sido incapacidad nuestra. Lo cierto es que mi país ha sido muy igualitario en la historia en un continente cuyo pecado principal es la desigualdad. Por eso siento dolor y siento el peso de la deuda social que tenemos por delante.

Y ha habido años de crecimiento y de notoria mejora, pero nadie puede negar en este mundo, que la riqueza ha crecido enormemente, que hemos suturado bastante la pobreza, pero tal vez nunca ha habido tanta distancia de desigualdad arriba de la Tierra.

Hay gente que tendría que vivir 230 años y gastar un millón de dólares por día para consumir lo que tiene acumulado; pero también sería imposible, porque con una baja rentabilidad de 2%, 3% anual lo que tiene acumulado serían 3 o 4 millones diarios. Es decir, si esperamos que el mercado suture las desigualdades, nos vamos a encontrar exactamente con lo contrario. Y quiero quebrar una lanza a favor de la política, de la política con mayúscula, ¡no de la politiquería!

Y quiero señalar el fenómeno de la corrupción, lo considero natural e inherente, ¿por qué? Porque la gran clave que ha desatado esta civilización, el motor de multiplicación de la riqueza; la clave que nos ha dado este progreso material, científico y tecnológico tan fantástico ha sido el capitalismo. ¿Y qué creemos que es el capitalismo? Cosa contradictoria: capaz de crear mucha riqueza, pero con una enorme pobreza moral en sus entrañas. Y no podemos esperar que, si llevamos en la maleta el capitalismo y no lo enfrentamos desde el punto de vista ético y moral, no tengamos corrupción. Es casi la consecuencia lógica, y hay que esperarlo.

Por eso acompaño la visión de la necesidad de rendir cuentas, ¡pero cuidado que las cuentas no nos rindan a nosotros! Acompaño la política de transparencia, pero no somos de plástico los hombres. Somos lo que somos.
Por lo tanto, confío mucho más en la política, confío mucho más en la necesidad de construir en el largo plazo corrientes políticas que seleccionan a la gente no atrás de un triunfo material, sino atrás de un triunfo moral. Porque en definitiva, una sociedad para caminar desde el punto de vista sano, necesita que el grueso de su división política esté ética y moralmente comprometida; después, si es eficiente, si es más capaz, si técnicamente es más clara, ¡cien veces mejor!

Pero hay una cosa que no tiene precio y que no se puede sustituir, y es precisamente que en la alta política no se debe entrar para hacer negocio ni para vivir mejor, sino para comprometerse con el cariño y con la causa de la gente.

No se le puede pedir a la humanidad entera que razone así. Los hombres van atrás de su pitanza y hay que tener la bonhomía de entenderlo. Pero dentro de la vasta panoplia que significa el género humano, hay que saber elegir como quien elige una madera dura y la separa de una madera blanda. Y esa es la tarea de los partidos.

Y en definitiva, la verdadera sucesión política es la construcción de los partidos. Yo creo que puede haber figuras transcendentes que cambien la historia de la humanidad, pero los largos procesos de transformación de una sociedad necesitan la construcción colectiva de un esfuerzo, y sobre todo el compromiso de una ética.

El problema más grave en nuestro tiempo es que está totalmente confundido… la ética comercial y empresarial suele instalarse adentro del procedimiento político; y entonces, las masas desconfían, nos pasan la boleta, pierden credibilidad en definitiva, y parten de esta idea: “Todo es lo mismo”. Y no todo es lo mismo.

¡Mentira! No creo que todo sea lo mismo, porque he visto hombres y mujeres capaces de entregar la Vida por un sueño; y eso no se compra, porque eso no se vende. Y es precisamente este factor de carácter ético que hay que pelearlo en el campo de la política.

La otra cosa que quiero señalar, y que me parece central de nuestra época… Si una sociedad rica, poseedora de alta tecnología, o un conjunto de Sociedades ricas se arrogan el derecho de, con su tecnología de vanguardia, creer que se puede imponer en el mundo la idea que tengamos de democracia, y caer en la intolerancia, en el aplastamiento, tal vez en nombre de alguna causa milagrosa, la democracia representativa o liberal, en pueblos que no lo entienden, en pueblos que no han evolucionado por sí mismos, lo que vamos a cosechar no es democracia sino fanatismo, y el fanatismo es el peor flagelo, porque el fanatismo en un lado va a acelerar la respuesta fanática.

La xenofobia de hoy que empieza a surgir en algunos países centrales, contra los inmigrantes, contra los sudacas, contra los africanos, no deja de ser otra… y el miedo, el miedo al terror, el terror de los que están enfermos de odio por el aplastamiento y responden con lo único que tienen: la inmolación, nos hace entrar en una lógica de estupidez y de ceguera que constituye hoy uno de los peligros mayores que tenemos por delante.

Está refloreciendo una derecha que no es derecha sino que es fascista, en el corazón de un continente desarrollado como es Europa, y eso tiene que ser una verdadera alarma y una misión de carácter político.

El papel que tiene la tolerancia, el respeto a la autodeterminación y aprender a convivir con lo que es diferente, la política sana de verdadero respeto, y eso se precisa con lo que se discrepa no con lo que se está de acuerdo. Aquí la cuestión, el arte de convivir es respetar con aquellos con los que uno tiene discrepancia; porque de lo contrario este mundo se hace inhabitable, ¡inconvivible!

Nosotros hemos dado un paso en este territorio de paz de América, porque estas cumbres, desde el punto de vista práctico, sirven para cansarnos y sacarnos un montón de fotos. Lo reconozco. Pero tienen un mérito, han creado una amistad, una relación, casi no nos damos cuenta que nos llena de confianza, de intimidad, y podemos convivir pensando distinto, crear y tomar decisiones, y ese es un capital que tiene América.

Vale la pena sacrificarse, sacarse fotos, venir cansados, etc., etc., por el hecho de ver a l@s Compañer@s que están en la misma “viacruz”, que a veces pueden pensar distinto a uno, pero tendemos a construir un nosotros de enorme intimidad, aunque no nos hayamos dado cuenta.

Esto no pasaba en la historia de América Latina, está pasando hoy, y yo he visto gente que tiene claves políticas muy distintas, con un respeto íntimo, y una que vale la pena de todos los sacrificios que puedan significar estos encuentros. Pero esto no está en otras partes del mundo, quiero decir que tenemos que estar en guardia para cultivar esta tolerancia que la está necesitando el mundo. Curiosamente la está necesitando el mundo rico, hay síntomas que asustan, y tenemos que registrarlo a tiempo.

Quiero señalar además, que naturalmente un sistema como el capitalismo con la vastedad de lo que ha desatado en la historia de la humanidad, inequívocamente es generador de una cultura; esa cultura está en nosotros, y entre nosotros, tiene más peso que cualquier ejército, tiene más contundencia en el largo plazo que la potencialidad militar que puede tener cualquier nación, porque es un algo que nos embebe y que nos rodea a todos. ¿Y qué nos pasa? Nos entrevera totalmente las prioridades de nuestros esfuerzos.

Así como un hombre común de la calle antes de solucionar el problema del techo, se mete en cuotas y compra un auto y sigue pagando alquiler, o cambia el televisor cuando está necesitando cambiar las chapas del techo, así nuestros países antes de capitalizarse tienen que importar montañas de autos, renovarlos y de apuros porque hay que estar a tono y así sucesivamente, y buena parte de nuestro esfuerzo y de nuestra capacidad económica no la gastamos con prioridad donde la tenemos que gastar con la enseñanza, y nos desangramos en un consumismo atroz que está por encima de nuestras posibilidades reales.

Y todos sabemos que no es fácil enfrentar esto, esto es algo que está metido culturalmente porque un sistema genera una cultura que tiene que ser funcional. Las culturas no necesariamente son de liberación, las culturas pueden ser de liberación pero pueden ser también de sometimiento.

Queremos consumir como el mundo rico y estamos desesperados por consumir como el mundo rico, pero no nos hemos capitalizado. Y esta ecuación no la arregla ningún gobierno, pero por lo menos lo tenemos que empezar a tener claro y lo tenemos que discutir perfectamente, porque esto es parte de la contracultura que necesitamos a favor; y darle valor a lo que tenemos por delante.

En mi país, pequeño país, tenemos problemas para circular porque se venden 200 autos por día, y la ciudad ya no da paso, y parece que el mundo se viene abajo, porque, ¿cuántas cosas precisamos más importantes que los autos? Tendríamos que pagarles a nuestros profesores mucho más y tendríamos que becarlos para que fueran… ¡pero no, nuestra balanza de pago se desangra!

Y creo que esto les pasa a otros países de América Latina. Cuando miro los planes de enseñanza me doy cuenta lo poco que gastamos en enseñanza tecnológica, y cuánto gastamos en el viru-viru. ¡Cuánto gastamos en un montón de cosas no útiles, y qué poco gastamos en la enseñanza técnica y en la enseñanza científica!

Bien, yo creo que estas son consecuencias larvadas de esa cultura, porque estamos como mirando la fiambrera, estamos mirando la vidriera del mundo altamente desarrollado, y tenemos que adoptar sus hábitos y sus costumbres cuando nuestras prioridades en el fondo son otras.

Este problema no tiene solución sencilla, ¡no la puede tener! Esta es una batalla cultural. Pero nunca te liberarás si padeces las consecuencias de la cultura que te somete. Esta es la cuestión: no alcanza con lo material, lo material es importantísimo y es determinante, pero en definitiva, no hay papel más importante arriba de la Tierra que la cultura que nos conduce por la vida. Y esta batalla cultural, la más dura, la más difícil, porque es mucho más fácil cambiar una realidad material que una realidad cultural. Es el desafío que tiene Nuestra América hacia el porvenir.

Mi agradecimiento a tod@s, mi cariño a tod@s; me siento representado por la lucha de ustedes. No hay ningún triunfo a la vuelta de la esquina, no hay ni un triunfo fácil. Nadie nos va a regalar la prosperidad… la prosperidad hay que ganarla, y la libertad hay que pelearla permanentemente, porque es una lucha por una reconquista de carácter permanente.

Pero vale la pena comprometer la vida en ese esfuerzo, y sobre todo, intentar dejar gente que nos supere con ventajas. En realidad, los mejores dirigentes son aquellos que cuando se van dejan un conjunto de gente que los supera ampliamente. Esta lucha es colectiva, y es de generaciones. Gracias.

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