La Liberación de Leningrado 71 años después…


2015-01-18 23.22.44_resizedPor: Gonza Fino*

La ciudad camina lenta entre la nieve, sus habitantes cual hojas de otoño sin viento, se desplazan a su leve andar, casi como un espectáculo entretenido de ver y disfrutar. Sin embargo es 22 de enero y el invierno esta en su esplendor, tapando la humanidad de cada transeúnte con gruesos abrigos casi sin poder distinguir unos de otros.

Digo 22 y como quien casi dice 28 de enero, día en que se puso fin a uno de los momentos más crueles y brutales de la humanidad, el cual el mismo 28 de Enero se conmemora y celebra por todo el país el “Día de la Libertad“.

La ciudad se retira a un extremo, el viejo frente de la batalla donde se observan los preparativos, un pequeño ensayo de lo que será la reconstrucción de la batalla “Trueno de Enero” con artillería, tanques y aviones usados en aquel entonces.

Miles de personas estacionan su automóvil y bajan con banderas rusas en sus manos, caminan entre la nieve congelada casi 500 metros hasta que comienzan a oírse disparos, se ven tropas rusas por un frente entre la nieve con sus tanques atacando una morada donde, se pueden ver una bandera nazi como distinción, en ese momento todo se me hace blanco y negro y veo a los soviéticos comenzar a desmoralizar con sus viejos uniformes militares a. . . esperen, un momento! Son los nazis que hace casi 900 días, 29 meses, es decir 3 años casi completos! estaban sitiando la ciudad de Leningrado, sin dejar que esta se abastezca de alimentos y provisiones, haciendo que 1.200.000 de sus 3.000.000 de habitantes mueran con sus constantes bombardeos, cientos de familias mueran de hambre y frío en sus hogares, hasta llegar al extremo mercadeo de cadáveres para sobrevivir.¿Indigno? Así son las guerras.

Esta pequeña reseña es para que comprendan la historia con sus pasajes y porques.

Los rusos leningradenses solo tuvieron por la mayor parte del tiempo del sitio, la responsabilidad de tener que encontrar, hallar la manera de subsistir y alimentarse de la manera que fuera, cocinando sopas de cinturón de cuero, comiendo “animalitos” que rondaban por ahí, ya no había perros, gatos ni cuervos, no volaban palomas ni gorriones, solo quedaba la diaria ración de por persona, 125 grs de pan, claro que el “Pan” era una mezcla de aserrín y algún poco de harina. . .

Casi 900 días eternos, podemos pensar juntos: ¿Cómo se podría caminar sin energías, como se podría tener fe sin fundamentos posibles, como se podría seguir sin rendirse, como podría oírse día a día a los nazis en sus altoparlantes?

“Ríndanse y serán parte de un verdadero gobierno que los cuidará, no como los comunistas llevaron a esto”

¿Cómo se le explicaba a un niño que no había comida, o qué su familia entera murió, cómo se podía auxiliar si no había energía, ni luz, ni agua, ni gas para poder hacerlo?. . . ¿Cómo con -25° se calentarían si ya habían quemado muebles, ropa y libros? Sí, el cómo, es la pregunta clave.

Un verdadero infierno es lo que aquí se vivió en la Segunda Guerra Mundial.

Era el 8 de septiembre del año 1941, cuando las tropas nazis y aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo a lo ordenado por el líder Adolf Hitler, en lo que se llamo “Operación Barbaroja” (Ataque Relámpago), este ordenaba la invasión de las ciudades soviéticas de Moscú, Leningrado (hoy San Petersburgo) y Stalingrado (Volgogrado) para tomar el control de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Hay algo que no estaba del todo bien para los invasores, y es que dos años antes, del inicio de la contienda bélica por los alemanes, durante su terrible ataque e invasión a Polonia en 1939, dejando un saldo de más de un millón de víctimas fatales, habían firmado un pacto de no agresión entre Alemania y Rusia, pese a que el mundo se sorprendió por sus ideologías opuestas y su hostilidad mutua, es la veracidad de la historia. Cosa que Hitler no respetó e inició su “Operación Barbaroja”.

Entonces hoy quisiera hablarles de la ciudad de Leningrado que es donde radico, actualmente llamado San Petersburgo y en sus principios Petrogrado, en honor a su fundador Pedro El Grande, allá por el año 1703.

No me extenderé mucho en este acontecimiento particular, primero porque debería escribir un libro inmenso. . . segundo porque fue de suma importancia a nivel mundial a lo que hoy me referiré, y tercero, hasta es dable mencionar que el efecto mariposa que logró este hecho, sobre los que hoy vemos el mundo, fue decisiva.

Si, la pregunta era “cómo”, y la respuesta es increíble. La ciudad pese a estar casi acabada inició un contraataque y forjó un plan para evitar que fuera tomada por los invasores alemanes, lo que hicieron fue algo valiente y temperamental.

Primeramente en signo a su enorme resistencia, colocaron los habitantes junto al Ejército Rojo, explosivos por toda la ciudad, en caso de ser tomada por los nazis, esta seria volada por los aires, sin dejar un solo edificio en pie.

El frente facista era desde Occidente y Sur, el norte estaba controlado por los finlandeses, que aunque vecinos de Rusia siempre tuvieron una amplia disputa territorial, desde antes del primer conflicto bélico inclusive. Fue así que idearon algo sorprendente, la única ventana que podía dar luz a tanta oscuridad, entonces los habitantes de Leningrado junto con el ejército, emprendieron sobre el gigantesco Lago Ladoga que se halla en el extremo Este de la ciudad, un viaje por encima de sus aguas heladas con la esperanza de poder cruzarlo y así traer alimentos y abrigos para la población y poder emprender el contraataque.

Siguiendo en este plan, camuflaron edificaciones históricas con redes que impedían identificar su perfil, y comenzaron el ataque que hoy mismo se revive en los preparativos de la conmemoración de la “Batalla Trueno de Enero“, quizás la más cruenta manera de supervivencia, y la reacción después de tanto mal y penumbras, donde la ciudad ganó la batalla y se liberó de los nazis, siendo así la libertad de Leningrado y durante la Segunda Guerra Mundial, un punto especial que quizás puso el comienzo del fin a las asesinas intenciones del Fürher y su Tercer Reich.

Sin esta increíble resistencia de película y su reacción contigua, hoy el mundo sería otro seguramente. . .

Es así que mientras camino por sus majestuosas calles y sus bellísimos edificios, como iglesisas ortodoxas, palacios de los zares, museos increíbles y canales repletos de puentes colgantes y levadizos, puedo observar el cambio que dió a esta vida aquella inolvidable acción de guerra. Cuando veo donde plantaban sus coles (repollos) en la plaza de la Catedral de San Isaac, emblema de la ciudad, con la esperanza de poder alimentar al pueblo y que al menos hoy no mueran tantos seres. . . y hoy veo en ese mismo lugar un padre enseñando a su hijo a dar de comer a las palomas, mensajeras de la libertad, miro aquello y resuena en mí una sensación de tranquilidad y fortuna, sentado en un banco pensando en mi interior, sobre como podrían haber sido las cosas sin el suceso mencionado.

Me levanto y respiro profundo, camino algunos metros hasta el Palacio de Invierno y el Museo Hermitage, donde desde lo bello hasta lo tremendo, admiro el precioso entorno que me rodea y en una especie de daltonismo extremo, vuelvo a ver -en blanco y negro como únicos colores- los tanques M-51 soviéticos saliendo por la arcada del Palacio uno tras otro, dirigiéndose a la defensa de la ciudad en sus límites. . .

Una sola pregunta me resta por contestarme: ¿Qué es la guerra?

Es la disputa por el dinero y la adquisición de más poder. Sin importar que, como, ni quienes, se lleva vidas y deja secuelas irreversibles en los que quedan, por ejemplo veo la cara de los rusos que aquí viven y se observan golpes muy profundos que forjaron su carácter, su forma, su actitud, más nunca se vuelve a ser igual luego de lo vivido.

La batalla que salvo a esta ciudad heroíca, el símbolo de la resistencia y el día que cambió al mundo, dando fin a la Segunda Guerra Mundial.

Acá algunas fotografías de ese maravilloso día:

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