La reunificación alemana: El costo social en el proceso de reunificación (VI Final)


muro-de-berlinPor: MSc. Angel Rodríguez Soler (cubaxdentro@yahoo.es)

Los conflictos y las dificultades económicas que se sufrieron durante toda la década del noventa en los “nuevos Estados Federados” (los del este) y las estrecheces que alcanzaron a los “antiguos Estados federados”(los del oeste), no solo hicieron mella en la calidad de vida de los ciudadanos de cada uno, sino que contribuyó a aumentar la brecha que separaba a unos y otros y echó por tierra los éxitos del “Milagro Económico Alemán”

Aquí es bueno señalar que culpable de la situación no fue la reunificación, como señalan algunos críticos de ese proceso, a nuestro entender las dificultades mayores se produjeron como resultado de la aplicación de políticas de corte neoliberal y la implementación en el oeste, con su zaga en el este, de modelos consumistas. Luego de esto, la economía se apretó mucho en el oeste, pero en el este sencillamente se ahogó.

Las diferencias oeste-este en los salarios han seguido vigentes, la tasa de desempleo es mayor en los “nuevos Estados” y los “ossis” se sienten aún infravalorados por sus vecinos “wessis”, quienes por su parte, empiezan a declararse abiertamente hartos de las quejas “ossis”, que a su vez se sienten engañados y son presa de una tendencia creciente en los países del bloque de países socialistas: la nostalgia por el sistema socialista.

En el caso alemán esto fue revelado por un estudio de la Fundación Friedrich Ebert, que fuera citado por el dominical “Bild am Sonntag”. En el mismo dos de cada tres “ossis”, pertenecientes a la clase pobre creen que su empleo no es seguro, la mayoría tiene salarios muy bajos, muchas deudas, prácticamente ninguna reserva económica y escaso respaldo del Estado, cuando esto se les garantizaba en la antigua RDA.

Luego de estos elementos se puede asegurar hoy, que aunque no existe ya un gran muro de concreto, después de veinte años Alemania sigue dividida, los trabajadores del Este tienen los salarios más bajos y los índices más altos de desocupación y precariedad, aunque no son los únicos desfavorecidos, la restauración capitalista en el este coincidió y significó una catástrofe social para los trabajadores germanos, que han perdido las conquistas históricas.

Desde 1991 se recauda el denominado “impuesto de solidaridad”, que en la actualidad se eleva al 5,5% sobre el impuesto de renta, el mismo fue instaurado por el gobierno de Helmut Kohl para restaurar la infraestructura a los niveles de los occidentales. En los primeros momentos se dio en un escenario en que había un boom económico, sin embargo en contexto actual se ve afectado por la recesión mundial, y la deuda pública que amenaza la estabilidad de Alemania.

El Pacto de Solidaridad II, que entró en vigor en 2005 y que constituye la base financiera para el adelanto y la promoción especial de la economía de los nuevos Estados federales hasta el 2019, está demostrándose insuficiente y todo hace indicar de que la reconstrucción económica de la Alemania oriental se conseguirá a un plazo mucho más largo de lo que se previó y el PIB per cápita en el Este equivale aún a solo el 70% del Oeste.

En ese sentido, se alega que la RFA en los veinte años últimos ha invertido unos 1,4 billones de euros, una cifra superior que la deuda nacional del Estado Alemán, pero no consigue equiparar la economía de ambos territorios, lo que ha llevado a que algunos economistas aseguren que la causa fundamental de tan magro resultado ha sido la manifiesta debilidad de la economía de la Alemania Oriental al compararla con la de Alemania Occidental, combinado con la conversión del Marco de la RDA al Marco alemán.

Sin embargo, estos mismos economistas eluden explicar las acciones emprendidas por estos inversionistas contra el sector más competitivo, eficiente y rentable de la economía de la RDA, y por motivaciones meramente políticas, esconden como provocaron primero su quiebra para luego proceder al vulgar saqueo de alrededor de unas 85000 que eran propiedad estatal y que fueron privatizadas de forma desregulada y dolosa, como ya se señaló. Sobre el dinero invertido huelga decir que es casi todo capital especulativo que llega, se incrementa y se esfuma hacia las casas matrices en Alemania occidental.

En lo social es quizás donde se aprecie con mayor evidencia los resultados de la unificación. La pornografía y la prostitución, que habían sido consideradas en la RDA, con toda justicia, un signo de decadencia burguesa y eran ilegales, hoy son algo normal y constituye en muchos casos la única opción laboral, pero hasta aquí son discriminados los “ossis”, pues se cree que los alemanes que crecieron durante los años del régimen socialista son sexualmente más inhibidos que sus semejantes los occidentales.

La diferencia demográfica entre ambas partes del país también se ha incrementado en los últimos años y el flujo migratorio hacia el Oeste amenaza con casi despoblar el Este. Hace 20 años había 63 millones de alemanes en la RFA y 17 millones en la RDA. Hoy aproximadamente son 69 millones en el oeste y 13 millones en este. Sajonia es la única región densamente poblada entre los Estados Federados Orientales, por tratarse de un territorio con una larga tradición industrial, donde el triángulo formado por las ciudades de Dresde, Leipzig y Chemnitz fue el corazón productivo de la RDA y las ciudades mayores por su número de habitantes.

Zwickau por otra parte en 2003 fue degradada de su estatus de Ciudad Grande debido a la disminución de la población. La anterior condición le había sido otorgada por el Estado Federal cuando superó la barrera de los 100.000 habitantes, esta ciudad perdió también el 1 de agosto de 2008 el título de ciudad-distrito. La capital Berlín, Dresde y Leipzig, la mayor ciudad de Sajonia y célebre por su feria industrial, perdieron también muchos habitantes en los primeros años tras la reunificación alemana, más que nada debido a la migración interna.

La reunificación de Alemania no sólo ha sido costosa en su aspecto material y social, también la ha sido en su aspecto psicológico. En una encuesta conducida por Harenberg en el año de 1990 se mostró que los ciudadanos de la región oriental se percibían inferiores a los ciudadanos de la occidental en cuestiones de disciplina, independencia, flexibilidad, creatividad, tolerancia, capacidad de solución de problemas, motivación y autoestima. En total, el 75% de la muestra se consideraba “ciudadano de segunda clase” y 5 años después, el 27% de los alemanes sostenían dicha opinión y siguen estando separados por una especie de “muro mental”.

Lo del “muro mental” no es un invento del autor de esta tesis, la revista Deutschland realizó una encuesta que incluía las siguientes preguntas:

Entre los ciudadanos de la RDA y la RFA todavía existe un “muro mental” ¿Está usted de acuerdo o cree que esta afirmación es falsa?

El 51% confirmó la existencia de dicho obstáculo, el 28% la negó y el 21% se mostró indeciso.

¿Cómo ha vivido usted el diálogo con la gente del otro lado del Muro? ¿Cree que es posible entenderse con ellos o cree que es difícil?

El 67% dio, en noviembre de 1991, la siguiente contestación: Nos entendimos bien, mientras que un 17% afirmó lo contrario y el 16% se mostró indeciso. 

Efectivamente, el diálogo y el entendimiento entre ambos “alemanes” se está desarrollando, pero con sus limitantes, de la misma manera también encontramos que la unidad alemana ha llevado a Alemania a estar un poco apartada del ámbito comunitario de la Unión Europea, donde no ha terminado la “esquizofrenia alemana”, que es mucho más que la continua preocupación en la RFA por los 17 millones de compatriotas orientales miembros ya de la UE.

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