La reunificación alemana: El costo social en el proceso de reunificación de dos culturas distintas (V)


muro-de-berlinPor: MSc. Angel Rodríguez Soler (cubaxdentro@yahoo.es)

En esta quinta entrega sobre la reunificación alemana quisiera comenzar con los datos arrojados por las encuestas realizadas a ciudadanos de ambas partes sobre el impacto social de la caída del Muro de Berlín.

Según estas encuestas, el 80% de los ciudadanos de la RFA y el 68% de los de la RDA se identificaron con la idea de la instauración de una Alemania unificada, vieron en ello, es justo señalarlo, la solución a un problema de separación artificial, sin embargo, aún subyacen dudas en el interior y temores en otros escenarios, nosotros nos formulamos la siguiente interrogante ¿Sigue siendo Alemania un “semiproducto” histórico, o se está amalgamado una unidad?, aspecto este en que no somos los únicos que albergamos dudas y preocupaciones.

Una respuesta más o menos veraz tendría que partir por reconocer que las diferencias sociales en Alemania siguen siendo pronunciadas, y esto no ha conseguido eliminar la existencia de  identidades sociales distintas como resultado de la separación de más de 40 años que vivió el pueblo germano y que provocó una especie de discontinuidad en la vida diaria de una nación, que previo a esto había vivido períodos muy tensos desde el fin de la I Guerra Mundial y que a todas luces anhelaba un segundo aire para restituirse en lo que a estas alturas pretenden ser como nación y ese proyecto pasa, inevitablemente, por la reunificación total de Alemania.

Pero el proceso de reunificación no ha terminado, y parece que no concluirá en el corto plazo, debido a que la reestructuración social ha tenido que enfrentar obstáculos tales como diferencias económicas y desilusión política, aunque no son estos los más abruptos en el proceso. Cuarenta años de separación ha originado también, un distanciamiento mucho mayor de lo que se había supuesto en medio de la euforia de noviembre de 1989. Las diferencias radican no solo en el comportamiento y el modo de vida, sino también en las escalas de valores y su orden de importancia, pero sobre todo en la plataforma ideo-política neoliberal empleada para la reunificación y la actitud contraria al proceso de EE.UU y sus nuevos aliados en la OTAN.

Lo que es más escabroso que los desafíos a los que se tuvieron que enfrentar los Estados del Este como fueron la dura competencia para situar sus producciones en el mercado de occidente, donde eran unos recién llegados; y a la pérdida de sus tradicionales socios comerciales en el Este (CAME), especialmente después de la Unión Monetaria, donde en medio de la apoteosis neoliberal que acompañó a los derrumbes los antiguos contactos entre estos países quedaron prácticamente cortados y el declive del comercio exterior con esos países fue muy acusado, las importaciones cayeron del 65% y las exportaciones del 78% al 52% en 1992, teniendo en cuenta la nueva orientación del comercio hacia los países de la OCDE y, en particular, hacia la UE.

Otro problema que se creó entonces en el Este alemán fue el de ver crecer la alta tasa de desempleo, que llegó hasta el 18,8 % en 2000, el doble superior a la existente en la Alemania Occidental, que también es alta, lo que ha tenido incidencias directas en las estructuras sobre las que se sustenta el Estado Bienestar, que en Alemania se basa sobre cinco pilares:

1- Los seguros públicos contra los riesgos esenciales de la vida.
2- Los subsidios directos e indirectos provenientes de los presupuestos estatales para personas necesitadas.
3-Los gastos obligatorios de las empresas.
4- Educación escolar y universitaria, en gran medida gratuita, a la disposición de todos los ciudadanos residentes.
5- Subsidios y exenciones tributarias para amplias capas de la población.

Sin embargo, desde la reunificación y hasta nuestros días, lo mismo que en el resto del mundo capitalista, el Estado Benefactor Alemán avanza en un claro proceso de descomposición. La crisis económica y la búsqueda de nuevas fuentes de ganancias por parte de la burguesía significó que importantes actividades económicas, que desde la segunda mitad del siglo XX estuvieron en manos del Estado, se hayan privatizado y que el papel del mismo, como entidad reguladora de las relaciones de apropiación y distribución, se hayan reducido considerablemente.

En el caso de los alemanes del Este fue mucho peor este proceso, pues el desmontaje de su Estado socialista se realizó en condiciones de liquidación a per se y en momentos en que la RFA estaba comenzando a reducir las prestaciones que brindaba su sistema de seguridad social, antaño universal y eficiente y en cuyos esquemas ahora tendría que incluir a 17 millones adicionales de personas al tiempo que se aferraban, al menos en el discurso, al reto de no ceder en los estándares de calidad de vida a los que estaban acostumbrados los alemanes del Oeste.

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