País loco, mundo loco


usa-garner-protest-685x342Por: Max J. Castro/Progreso Semanal

“Hombre que estafó a miles es puesto en libertad”
“Muere artista de graffiti que la policía golpeó”

Los titulares precedentes aparecieron el mismo día en The Miami Herald (11 de diciembre de 2014) y en la misma página (3B). La yuxtaposición casual arroja una luz condenatoria sobre el funcionamiento del sistema judicial norteamericano y la estrategia imperante aquí y en muchas otras ciudades del país.

Un joyero latino de 42 años, que estafó $40 millones de gente que confió en él, anda por las calles después de solo 4 años y ½ preso, a pesar de una condena original de diez años.

Un latino de 21 años y piel oscura, Delbert Rodríguez, nunca volverá a andar por las calles por haber pintado paredes con atomizadores. Esto es una locura.

Sabemos que la balanza de la justicia a menudo no arroja un resultado justo. Es más, a veces parece que los ojos de la justicia están cubiertos por escamas impenetrables.

Pero a diferencia de los casos más famosos en Ferguson, Missouri, Nueva York y varias ciudades más, la muerte de Rodríguez no provocó una verdadera investigación, nada de repensar las prácticas policiales, nada de protestas y ninguna atención de los medios nacionales.

Sin embargo, hay tantos elementos de esta tragedia que son idénticos o similares a lo que ha provocado todo eso y más en otras partes. Es más, el tema se ha vuelto nacional. O, como dice el titular del Herald del 5 de noviembre, “Casos de la policía convergen para provocar un debate nacional”.

Este titular distorsiona y minimiza la realidad. No debiera decir “casos de la policía”, sino “muertes por la policía”. Y estos no han provocado simplemente un debate nacional, sino un movimiento nacional tan apasionado, aunque aún no tan masivo, como las protestas de los derechos civiles y las de Vietnam en la década de 1960.

Estos homicidios policiales siguen un patrón. Al igual que los muchos otros muertos, Rodríguez era joven, no estaba armado y no estaba dispuesto a rendirse sumisamente a la policía, aunque en su caso, a diferencia del tiroteo en Ferguson, la magnitud de su rebelión contra la policía consistió sencillamente en huir. Por esa razón, un joven pierde la vida. Locura.

Sin embargo, existe un método en esta locura, a saber, una filosofía imperante que exige tácticas policíacas agresivas hasta en contra de las ofensas más triviales. Es una filosofía que debe producir frecuentes confrontaciones y muertes sin sentido. En Staten Island, Nueva York, Eric Garner perdió la vida porque vendía cigarrillos sueltos, supuestamente sin incluir impuestos.

En otra parte de la ciudad, la actitud agresiva de la policía provocó otra muerte innecesaria: un joven afronorteamericano desarmado fue muerto a tiros por la policía cuando se encontraba con su novia en las escaleras del edificio de apartamentos donde vivía. El agente no había sido llamado. Él y un agente novato estaban realizando “una patrulla vertical de rutina” –una expedición de pesca– en un barrio de viviendas subvencionadas con alta criminalidad. La policía dice que el tiroteo fue “accidental”. Realmente, eso es llevar demasiado lejos el significado de “accidental”. Dicen los expertos que los disparos solo pueden ser accidentales si el policía tiene el dedo en el gatillo. Pero no había una amenaza inminente, así que las reglas de la policía fueron violadas. Esto parece ser más un homicidio por imprudencia que un accidente genuino.

Lo que indigna a la gente aún más que las muertes es la impunidad. La policía y los fiscales trabajan codo a codo, así que los fiscales raras veces llevan estos casos ante un tribunal. También saben que es probable que pierdan, porque los jurados en esta cultura por regla general se ponen de parte del policía, incluso ante la evidencia de un video innegable.

Sin embargo, cuando se trata de impunidad y de falta de compasión, la muerte de Delbert Rodríguez a manos de la policía, también declarada un accidente, las supera a todas. Mientras Rodríguez agonizaba, el jefe de la policía de Miami dijo que si se recuperaba, probablemente sería acusado de vandalismo. Después que murió, anunció que no habría cargos en la agresiva persecución policíaca. La locura al cuadrado.

Pero la locura de esta sociedad de hoy va más allá de la violencia policial. Una pequeña muestra de titulares, muchos de ellos recientes, además de algunas otras pequeñeces seleccionadas de la prensa, lo dicen todo. “Informe Alega Crueldad de la CIA, Mentiras: el informe del Senado describe un salvaje e ineficaz programa”.

“La Florida es testigo de un aumento en la venta de armas de fuego desde el Día de Acción de Gracias”.
“Estudio: Medida de Burger King podría ahorrar $100 mil millones en impuestos federales”.

Y estaba el artículo que decía que los negocios no tenían nada que temer de la próxima cumbre del cambio climático en Lima, porque no se lograría nada allí. Es más, una noticia posterior decía que una propuesta presentada dejaría libres a los países desarrollados. Eso sucedía al mismo tiempo que un ave que pasa parte del año en Miami fue identificada como la primera en el mundo amenazada por el cambio climático.

Esta noticia también me golpeó. En una ciudad con pocos hitos físicos históricos y un condado donde la mitad de la población vive por debajo o justo en el límite de pobreza, un potentado trasladó una mansión construida en 1924 en una isla exclusiva, de manera que él pudiera construir una mansión mucho mayor –de 6 100 metros cuadrados y más cerca del agua.

Violencia policial. Tortura salvaje. La adoración de las armas de fuego. Evitación en masa de los impuestos por parte de grandes compañías. Injusticia medioambiental e inacción acerca del cambio climático. Indignantes niveles de desigualdad. ¿Hace falta más?

Finalmente, hay una última forma de locura –en ambos sentidos de la palabra– que en su persistencia y en su perversidad merece una categoría especial.

“EE.UU. envió en secreto a jóvenes extranjeros en un intento por socavar al régimen cubano”.

“EE.UU. entorpeció pagos a médicos [cubanos] que arriesgan su vida en la lucha contra el ébola en África”.

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