La reunificación alemana: La historia después de los 90 (IV)


muro-de-berlinPor: MSc. Angel Rodríguez Soler (cubaxdentro@yahoo.es)

La reunificación del país y la solución a la “cuestión alemana” no ha sido total. El país se mantiene ocupado por un importante contingente militar de la OTAN, fundamentalmente integrado por efectivos del ejército de los Estados Unidos, los que se asientan en cerca de medio millar de bases y que gozan de un absoluto Estado de impunidad en suelo germano al no estar sometidos a la competencia de las autoridades locales. 

Desde una perspectiva histórica coherente se puede asegurar, que la absorción de la República Democrática Alemana por la Alemania Occidental significó, además, la destrucción de un importante segmento de las fuerzas productivas de la RDA. En este proceso desaparecieron las dos terceras partes del PIB industrial del este alemán y la desocupación, inédita hasta entonces, alcanzó a más del 40% de la población laboralmente activa.

En este aspecto es donde se escuchan la mayor parte de las denuncias de corrupción, ya que la capacidad industrial instalada en la RDA fue privatizada de manera dolosa y esto fue usado por los capitalistas del oeste para amasar enormes beneficios. En este sentido huelga incluir, que las industrias dedicadas a resolver problemas sociales, pero que no generaban ganancias, fueron desmanteladas o reconvertidas.

Todo esto ocurrió muy rápido, pero inmediatamente después de la aprobación del tratado del 18 de mayo de 1990 entre ambas partes, que dio paso a la supuesta unión económica, monetaria y social y que entró en vigor el 1 de julio de 1990.  Este instrumento debía convertir a las “dos Alemanias” en una sola en estos aspectos e iniciar la transición económica y la entrada directa al Este alemán en el proceso de integración europeo en marcha.

Esta unión monetaria, que marcó la primera etapa de la reunificación, estableció un tipo de cambio para la conversión de las dos monedas y se hizo aproximadamente mediante la fórmula de 1×2, es decir, un marco de la RFA por dos marcos de la RDA, incluso, cuando se trataba de los ahorros, la gente podía cambiarlos a una tasa de uno por uno. En comparación con la etapa inmediatamente anterior, se puede asegurar que esto trajo a los germano democráticos algún alivio, pues las tasas de cambio en el mercado negro en 1989, el único al que se podía acceder, llegaban hasta uno por diez, lo que implicaba una sobrevaloración de la divisa oeste alemana.

Al principio, este tipo de cambio impulsó el consumo, pero inmediatamente repercutió en la economía y también hizo que la industria de la región dejara de ser competitiva. Los sindicatos del oeste hicieron presión para que se aumentaran los salarios del este hasta llegar a los niveles de la RFA, lo que provocó que millones de individuos quedaran desempleados.

La justificación para los despidos fue que para poder concurrir a los mercados internacionales, los nuevos Estados debían desprenderse de las antiguas y pesadas estructuras burocráticas heredadas del sistema socialista. De manera que, comenzaron las privatizaciones organizadas por la Treuhand, una administración fiduciaria nombrada por el gobierno, que estaba más interesada en garantizar pingues ganancias al sector oligárquico occidental que recomponer la industria nacional unificada. Por tanto, no lograron atraer al capital local pero sí a los inversores de la Alemania Occidental, que frecuentemente terminaban desmantelando o liquidando los activos a su favor, toda vez que la inversión privada alemana occidental no estaba interesada en relanzar  la economía alemana del este.

La Alemania reunificada pasó a regirse por unos menguados principios de “economía social de mercado”, lo que implicaba el reconocimiento de una serie de principios como era el de la propiedad privada, la competencia, el libre establecimiento de precios, la libre movilidad de trabajadores, bienes y capitales, así como un sistema de seguridad social en línea con estos principios. Lo que en realidad ocurrió fue una absorción voluntaria de la Alemania del Este por la del Oeste, tendiendo a prevalecer las estructuras jurídico–políticas, sociales y económicas de ésta última mediante el desmantelamiento de las similares estructuras de la RDA.

El programa de “reconstrucción del Este”, implementado y financiado desde la RFA, para el cual se destinaron decenas de billones de marcos anuales, no se tradujo en el crecimiento y recomposición de las regiones orientales. El resultado que está a la vista, pasados casi 22 años, no es otro que la explosión de la deuda, el regreso de la inflación, el despilfarro de reservas, el déficit de la balanza de pagos y, finalmente, la recesión, con la consiguiente precarización de la vida de una sociedad que había alcanzado importantes niveles de vida en otra época.

El problema es que aunque para un lado de la nueva Alemania estas inversiones pudieron resultar en un inicio “rentables”, desde el punto de vista político se transformaron en importantes pérdidas, que más tarde tendrían sus correspondientes consecuencias económicas; y por otra parte implica, que la burguesía alemana no puede dar marcha atrás a esta política, aunque le resulte demasiado cara, como efectivamente lo es, ni incluso, ante un peligro de bancarrota, porque los resultados serán impagables y resultarán en un retroceso incontrolable o en una transformación, también indetenible, hacia posiciones políticas difíciles de sostener.

La burguesía alemana calculó mal, a nivel económico, el precio de la reunificación; ha subestimado tanto el coste general como el nivel de degradación de la industria de Alemania del Este. No preveía un hundimiento tan rápido de los mercados de exportación de la ex RDA en el Este. De hecho ha modificado su estrategia y postulado, que el territorio de la ex RDA debe ser transformado en un trampolín para la conquista de los mercados tradicionales de ese país (exCAME) y a continuación articularse con coherencia dentro del resto del sistema alemán.
Sin embargo, ni esto ha sido posible y no lo será, si no consigue una clara ventaja en la competencia con los otros rivales, especialmente los de la Unión Europea. Para conseguirlo se trazaron una estrategia, cuyos tres pilares son los siguientes:

El programa de desarrollo de las infraestructuras del Estado

Fue propuesto en una época en que los métodos de producción y las tecnologías asociadas a ellos son cada vez más uniformes e integrados, por tanto, la infraestructura (transportes, comunicaciones, entre otras) puede proporcionar una ventaja decisiva frente a los competidores. Si a ello sumamos que se tuvo en cuenta hasta el “carácter alemán”, no cabrían dudas sobre la determinación de la burguesía alemana de pretender equipar a los Estados del Este con la infraestructura más moderna del Oeste y de avanzar este programa a toda marcha, pretendiéndose finalizarlo antes de fin de siglo, lo que sometió al capital alemán a extraordinarias tensiones.

El bajo nivel de los salarios

Según los acuerdos firmados, los salarios del Este deberían igualarse muy pronto con los del Oeste. Sin embargo, los industriales pactaron, en condiciones muy ventajosas, un acuerdo no oficial con los sindicatos, por el que mantuvieron el bajo nivel de los salarios en aquellas empresas declaradas insolventes, es decir, el 80% más o menos, lo que les permitió contar con una importantísima fuente de ahorros al deducir capital de los salarios dejados de pagar.

Las inversiones por razones políticas

La anterior política económica hacia el Este partía de la base de que el Estado ponía las infraestructuras y las medidas económicas, mientras que los capitalistas privados ponían las inversiones. El resultado ha sido que nadie ha querido “adquirir” la industria de la RDA que, en lo sustancial, ha desaparecido en la más rápida y espectacular desindustrialización de la historia. Al final deberá ser el Estado quien emprenda las inversiones directas a largo plazo, que los inversores privados han tenido pavor a realizar.

Para muchos la reunificación ha sido también la configuración de un nuevo “mito político”, que va a ocupar un lugar substancial en la formación subjetiva del ciudadano del este. De tal manera, este mito va a venir a sustituir las experiencias históricas de más de 40 años de pasado socialista, para lo que se hizo uso y abuso de la propaganda sobre las supuestas bondades de la nación unificada.

Inicialmente una de las funciones de la reunificación era la restauración de los monumentos nacionales, lo cual significa rescatar la memoria histórica y cultural de la nación, y de paso, borrar cuarenta años de historia del imaginario popular de la antigua RDA. Esto determinó el comportamiento y la orientación política de los nuevos actores sociales en torno a este nuevo “mito político”, conduciéndolos hacia la identificación visual y la legitimando del orden político constituido y a su vez, a la integración de la nueva Alemania en un orden capitalista.

El “mito político” tiene dos componentes importantes: la política simbólica y la memoria colectiva. Según Maurice Halbwachs, la memoria colectiva se despliega a partir del recuerdo, concurre directamente en la relación hombre-hombre, sin estructuras mediadoras, en las sociedades contemporáneas, las que determinan lo que debe ser recordado y olvidado del pasado reciente, una de las limitantes del enfoque de Halbwachs, es que no aborda el problema cultural. La memoria cultural es mediadora y mediática; y a su vez, institucional. Al propio tiempo es el escenario donde los acontecimientos del pasado sirven de cómo elemento simbiótico a la identidad nacional para el logro de un buen funcionamiento del sistema dominante, además da la idea de una hegemonía con bases verdaderamente populares.

La victoria del capitalismo en 1989 bajo la bandera del “fin del comunismo” no ha resuelto los serios problemas sociales ni económicos del Este, tampoco ha logrado la unidad de toda la Alemania. De manera que, veinte años después de la caída del Muro los occidentales pueden celebrar su victoria a medias y lo único que han podido aplicar en la mentalidad alemana es quien controla el pasado, controla el futuro: quien contrala el presente, controla el pasado para esto es que contribuye estas celebraciones de aniversarios.

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