¿Hacia dónde mira Londoño?


Visita-Ernestro-Londoño-53-755x490Por: Milena Recio/Progreso Semanal
Hace pocos días Progreso Semanal publicó la foto de un hombre joven de espaldas, vestido con ropa deportiva, que caminaba por el Paseo del Prado en actitud atlética: era Ernesto Londoño y la imagen la capturó una periodista cubana que lo identificó de lejos y a la que le pareció inspirador verlo transitar como un paisano más.

El caminante, colombiano, es un miembro recién llegado a la mesa editorial en el diario más influyente en Estados Unidos, The New York Times. Él ha sido el principal artífice de una sucesión de seis editoriales que ha publicado recientemente el rotativo durante seis semanas seguidas para abordar, con seis paquetes de argumentos distintos, la petición –acaso podríamos hablar de exigencia-, al gobierno de Obama de que comience de inmediato a “ponerle fin a la era de enemistad con Cuba”.

Se trata de un hecho inédito en más de 50 años de relaciones bilaterales hostiles.

El NYT ha considerado “insensato” el bloqueo contra Cuba; ha calificado como “impresionante” la participación de médicos cubanos en la lucha contra el ébola; ha censurado el uso de acciones encubiertas contra Cuba y ha advertido de los “charlatanes y ladrones” que se imantan tras las partidas de US dólares dedicadas a la subversión interna.

En los editoriales ha criticado a los congresistas de origen cubano que mantienen el anclaje de la política de EE.UU. en ese “curso errado que ha generado tensión en las relaciones de Washington con sus vecinos”; ha propuesto destrabar los obstáculos mediante un canje entre Alan Gross y los tres cubanos del grupo de Los Cinco que han estado preso por más de 16 años allá.

Por último, le ha dado lecciones de ética al gobierno norteamericano: “Hay muchos aspectos condenables de las políticas fallidas de Estados Unidos respecto a Cuba y el embargo que impone a la isla desde hace décadas. Pero el programa que incentiva la migración de personal médico durante asignaciones oficiales en el exterior es particularmente difícil de justificar.”

¡Y todavía hay quien se muestra extrañado por el interés que despierta esta visita de Londoño a Cuba!

Esa perplejidad, impostada y un poco canalla, de un lado y del otro, intenta disimular que no se trata de cualquier reporter. No ha venido aquí a pasar unas vacaciones o a cobrar un tributo al gobierno cubano.

Está en Cuba, según ha declarado, porque habrá más editoriales. “Al principio la idea fue hacer solo un editorial, pero la reacción fue muy interesante y decidimos darle continuidad”, le comentó Londoño a OnCuba.

Aunque también desestimó que hubiera algún lobby poniéndoles el tema y lo enfocó como un mero ejercicio para “atraer más lectores fuera de Estados Unidos”, cualquiera puede suponer que el NYT desea desbrozar el camino para que la opinión pública norteamericana reciba más cómodamente posibles acciones desde el Ejecutivo, con o sin la venia de un Congreso ahora republicanísimo, tal como ha ocurrido recientemente con el tema migratorio.

Aunque son asuntos de diverso gramaje y muy distinta importancia en la actualidad política de EE.UU., Obama está llamado a mover alguna ficha en relación con Cuba antes de abril de 2015 cuando se celebrará la Cumbre de las Américas. El conjunto de los países latinoamericanos que se reunirán en Panamá están expectantes.

A solo dos días de haber llegado a La Habana, Londoño hacía declaraciones para la cadena Ser de España en las que explicaba por qué este es el momento adecuado para mantenerse editorializando sobre el tema Cuba: “No pueden ignorar la realidad de que va a haber un acercamiento por lo menos diplomático respecto a Cuba. Esta es una buena oportunidad para revaluar cuál puede ser una posición más sensata y si puede haber puntos en los que se puede negociar”.

Para ello ¿qué argumentos podría intentar seguir introduciendo el NYT con tal de repasar el problema cubano, desde otro punto de vista y viabilizar con ello un nuevo enfoque de política?

Hacia él, en estos días, muchas miradas se dirigen; todas tratan de identificar hacia dónde él está mirando. ¿Qué captura su interés? ¿Qué lo conmueve? ¿Qué ratifica? ¿Qué repele? ¿Qué descubre? ¿Qué lo seduce? ¿Qué lo contraría?

Aunque no ha llegado con el saco vacío ha aparentado interés por no dar nada por sentado. No da la impresión de que su “guion” de observación sea hostil a priori aunque tampoco hay que esperar que se ponga los lentes de un militante comunista.

Desde su cuenta en Twitter (@londonoe) ha ido dejando su rastro de migas; su bitácora. A pocas horas de estar en aquí visitó la redacción del diario Granma. Pasaron días antes que el diario contara lo que ocurrió allí.

“Tuvimos una charla interesante hoy con el personal de Granma, el periódico del Partido Comunista de Cuba”, tuiteó Londoño inmediatamente. “Fue un diálogo diáfano, aunque se sabe que entre periodistas las conversaciones siempre están acompañadas de esa especie de termómetros personales o instintos, como quieran llamarles, con los que constantemente estamos evaluando a nuestro interlocutor”, dejó escrito Karina Marrón, subdirectora de Granma.

También visitó la “impresionante” oficina de OnCuba en un noveno piso, frente al mar. Le llamó la atención un gran retrato de Obama que encontró allí. Según narró Fernando Ravsberg luego, cuando Londoño preguntó qué debía hacer Estados Unidos para ayudar a Cuba, los jóvenes periodistas le dijeron que nada. Que mejor no se metieran en nada.

Ayer Londoño asistió a reunirse con Randy Alonso, Rosa Miriam Elizalde y el equipo de Cubadebate, en sus oficinas. En la cuenta de Twitter de CD se dejaba leer: “Franco intercambio el de hoy con @londonoe en su visita a @cubadebate.”

Londoño además ha conversado dos veces con el bloguero cubano de los “chirileaks”, Carlos Alberto Pérez, de La Chiringa de Cuba, trabajador de los Joven Club y al mismo tiempo pertinaz crítico de la burocracia, con énfasis en ETECSA. La segunda vez se vieron en su casa y llevó a una fotógrafa del NYT.

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“Un nuevo encuentro con Londoño me hizo sentir más cómodo durante su entrevista esta noche en mi casa. También nos acompaño Alexandra, fotógrafa del New York Times.” Así posteó Carlos Alberto Pérez en su cuenta de Facebook

El fin de semana también pasó unas dos horas con Yoani Sánchez y su anillo de colaboradores cercanos. La reseña sobre este encuentro, aparecida en 14ymedio es, como decimos en cubano, “un poema”.

Londoño se negó a ser fotografiado y advirtió que nada de lo dicho por él podía ser publicado, según relató una de los participantes de ese encuentro que tuvo lugar en el hotel Saratoga. El periodista se disculpó esgrimiendo que tenía que pedir autorización para dar entrevistas. No se puede dejar de pensar que hay algo inusitado en ese comportamiento.

Quizás se protege de interferencias catastróficas para sus intenciones ulteriores. En algún momento pensé que podía tratarse de un acuerdo entre las partes para que el monólogo del equipo de Yoani quedara como el discurso central y consiguiera más visibilidad propulsado sobre el portavión Londoño.

Pero incluso esa hipótesis es dudosa si uno se guía por la descripción contrariada de Miriam Celaya, que estuvo allí: “se había convertido en una cita “clandestina” con cierto sabor a adulterio, una suerte de conspiración mediática destinada a nutrir y diversificar el conocimiento (de él) sobre la realidad cubana, pero sin que divulgáramos sus puntos de vista, sus motivaciones sobre nuestro país o a dónde se dirigía su interés.”

El memorándum en 14ymedio de lo que allí se habló es un torrente de críticas al gobierno cubano, donde predominan dos mensajes. El primero: en Cuba no hay ningún cambio, son solo cosméticos; y el segundo: no nos gusta el “embargo” pero ¡cuidadito! con levantarlo si no es bajo condicionamientos impuestos a La Habana. Ambas posturas contradicen bastante algunas de las tesis del NYT.

No hay que asombrarse de nada cuando la mayoría de la población informada en Cuba saluda los editoriales por lo que representan como una puerta de acceso a un nuevo posible régimen de relaciones bilaterales, mientras que esta disidencia los califica de “casi perversos”.

Hasta ahora, que se sepa, Londoño no ha tenido otros encuentros con miembros de otras organizaciones disidentes. Y aunque el Centro de Prensa Internacional del MinRex está facilitando sus accesos a los diversos lugares, tampoco ha tenido contactos públicos con funcionarios del gobierno. Al parecer le interesa sobre todo conocer de primera mano el discurso de los comunicadores (profesionales o aficionados), que además son opinadores políticos.

Londoño está cosechando matices.

Es muy probable que los temas de la próxima temporada de estos editoriales bilingües (dirigidos también al lector cubano de dentro y fuera de la isla y a los latinoamericanos), ya estén predefinidos. Considerando que el principal interlocutor para estos textos es el gobierno de EE.UU., ¿sobre qué podrán versar los próximos?

Muy pronto podríamos ver aparecer referencias a los cambios paulatinos en el sistema de comunicación en Cuba, en particular en el sistema de la prensa: el ensanchamiento de los límites a la libertad de expresión y el consecuente beneficio para los derechos humanos. Aquí seguramente Londoño se ha fijado en el impacto de algunas publicaciones digitales “alternativas”, y destacará el papel de los blogueros cubanos que como Carlos Alberto Pérez o Paquito el de Cuba han contribuido a diversificar las voces y los enfoques sobre temas antes muy censurados.

Es probable que mencione la reconfiguración del control mediático cada vez menos centralizado y el fenómeno del Paquete Semanal. Todo ello empuja hacia delante a una sociedad civil que va teniendo más posibilidades de articulación y presencia.

La conectividad a Internet desde Cuba podría ser también de su interés. Creo poder asegurar que el NYT le dirá a Obama lo mismo que ya dijo Schmidt, el presidente de Google luego de su visita a La Habana: si no se apuran (ustedes, en el gobierno), llegamos tarde (nosotros, en la empresa). Además de que Internet es una “oportunidad” para que “el mundo se abra a Cuba y Cuba se abra al mundo”, como solicitó Juan Pablo II en una preclara visión a la que las administraciones sucesivas, de 1998 para acá, no le hicieron swing ninguno.

La verdad es que Washington ha mantenido durante décadas la política de obstaculizar el acceso a las redes desde Cuba mientras insiste en convertir ese espacio en campo de batalla en el más puro y duro estilo de la Guerra Fría, mediante operaciones encubiertas y promoción de acciones subversivas. La política de aislamiento es anti natura en un mundo reticular y fluido.

Si hubiera disposición por parte de EE.UU. para facilitar legalmente conectividad para transmisión de voz y datos a precios no sancionados, Cuba tendría que reaccionar. ¿Podría mantenerse el estatus actual de tan baja conectividad en el país, de solo 25 por ciento, según cifras oficiales? Sería trasladar una papa bien caliente a las autoridades de la isla, que tendrían que clarificar más su política respecto al acceso a redes y propiciar una mayor cobertura.

Como Londoño ha coincidido en La Habana con los jóvenes de Semester at the Sea, supongo que se inspirará en la visión de esos muchachos en un país que los recibe con afecto y seguridad. Me imagino que los podría tomar como ejemplo para argumentar que una relación más fluida pueblo a pueblo sería infinitamente valiosa para todos.

Obama ya lo sabe, pero seguramente Londoño encontrará formas nuevas de decirle que los norteamericanos no deberían tener absolutamente ninguna restricción, ni ninguna obligación de pedir permiso para viajar a Cuba todo cuanto quieran. El gobierno cubano antes daba y quitaba esos permisos, y ya superó esa triste etapa. ¿Qué le falta a los ciudadanos norteamericanos para ver reconocidos todos sus derechos de libre movilidad? También podría agregar, en su relato, que Cuba resulta un lugar muy adecuado para vacacionar junto a otros 2 o 3 millones de sus coterráneos que vendrían junto con él anualmente a aprovechar el calorcito.

Supongo que otro tema en el que el NYT encontrará interés debe ser el de la promoción de una economía de mercado en Cuba. Ya que la Gran Nación desde sus orígenes se fundamenta en la fe en el mercado como ordenador social y en la libertad de empresa como garantía suprema, sigue sin poder comprenderse cómo es que no hacen nada legal, a plena luz del día y sin segundas intenciones, para que el mercado avance en Cuba; para que las empresas y los nuevos cooperativistas encuentren partners con capital, tecnología y mercado para invertir en grandes o en pequeños proyectos. Todos ellos, juntos, podrían contribuir a mejorar los estándares de productividad y también de consumo y redistribución de riqueza, que, bien organizada, mejoraría la vida no del gobierno, sino de la gente común con la que Londoño se está encontrando a cada paso en La Habana, en Pinar del Río…

Si no les gusta la economía hiperestatalizada, ¿por qué no lo intentan con los pequeños empresarios emergentes, llamados cuentapropistas? Quizás Obama se anime a dejar de perseguir a bancos extranjeros que se relacionen con Cuba; o a crear un fondo especial de fomento de PYMES en la isla; o uno que promueva la inversión de cubanoamericanos (la nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba lo permitiría).

La lista de iniciativas podría ser mucho más amplia. ¿Qué no podría decirse de la absurda lentitud para asimilar el Heberprot-P como una terapia útil para los más de 20 millones de pacientes diabéticos en Estados Unidos? ¿Cómo no imaginar el atractivo de un mercado, el cubano, que por el momento importa alrededor del 80 por ciento de los alimentos que consume? ¿Qué beneficios no traería para La Florida, el tercer estado más pobre de la Unión, la creación de nuevos empleos enfocados en la creación de bienes y servicios de consumo para la isla?

Parto de suponer que al NYT le importa poco la soberanía de Cuba, asunto que para ellos no está en discusión. Esa es harina del costal cubano.

En política, dicen los que saben, lo más importante no se ve. Pero la dinámica contemporánea es cada vez más dependiente de las planas de los periódicos, las pantallas de la televisión y de los memes en las redes sociales.

Por eso no hay que desestimar ni un ápice la relevancia de esta agenda que está encabezando el NYT y que Londoño ha venido a salpimentar con imágenes de una realidad que se ha mantenido en las tinieblas para el gran público de Estados Unidos, durante décadas.

El NYT no está solo, es parte de un sistema de intereses cada vez más visibles estimulados por el disparo de arrancada que dio Obama en noviembre de 2013 cuando dijo, desde Miami, que era hora de cambiar la vieja política.Solo hay que hacer de vez en cuando el ejercicio de mirar hacia donde ellos están mirando para saber por dónde podrían venir los posibles nuevos derroteros.

Los seis editoriales bilingües sobre Cuba:

Tiempo de acabar el embargo de Cuba – 11 de octubre

La impresionante contribución de Cuba en la lucha contra el ébola – 19 de octubre

Los cambios electorales respecto a Cuba -25 de octubre

Un canje de presos con Cuba – 2 de noviembre

En Cuba, desventuras al intentar derrocar un régimen – 9 de noviembre

La fuga de cerebros en Cuba, cortesía de EE.UU. – 17 de noviembre

Fotos: Ernesto Londoño. Tomadas de su cuenta en Twitter (@londonoe)

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