La recta final de Obama


obama74-685x342Por: Jesús Arboleya/Progreso Semanal

Obama ha comenzado a correr la recta final de su carrera presidencial y el impulso inicial han sido las decisiones ejecutivas tomadas, con vista a reformar la actual política migratoria, respecto a los inmigrantes ilegales.

Aunque evidentemente no resuelven en lo fundamental este problema, los beneficios de estas medidas abarcan a unos cinco millones de personas y han sido percibidas por muchos, dentro y fuera de Estados Unidos, como un acto valiente, humano e inteligente que sirve para mejorar la maltratada imagen del presidente.

Es también una medida política que podría indicarnos el patrón de gobierno que regirá Estados Unidos en los dos próximos años, donde se enfrenta el poder ejecutivo con una mayoría republicana en ambas cámaras del congreso, que tratará de impedir cualquier iniciativa legislativa de la administración.

Tal grado de polarización va a dificultar en extremo la coherencia de la política norteamericana, tanto en el plano doméstico como en la política exterior, a lo que suma el interés de ambos partidos de posicionar sus candidatos y agendas respectivas de cara a las elecciones presidenciales de 2016.

En tal sentido, las reformas migratorias no son ajenas al interés demócrata de satisfacer los reclamos de un electorado que apoya estas medidas: en primer lugar los propios latinos, que en las últimas elecciones demostraron una vez más su respaldo mayoritario a este partido, así como el de otros sectores de la sociedad norteamericana, que apoyan estas reformas por razones humanitarias, ideológicas, incluso económicas.

Sin duda, las reformas migratorias tendrán un impacto en la política de Estados Unidos hacia América Latina, dadas las inmensas tensiones que implica la emigración ilegal en varios países latinoamericanos, lo que a su vez también repercutirán en la intención del voto latino, debido al creciente interés que demuestran por la política hacia sus respectivos países, en correspondencia con la naturaleza transnacional que ha adquirido esta inmigración.

Visas

El mejor ejemplo de esto es la inmigración cubana. La política hacia Cuba siempre ha sido un tema central en la actitud del electorado cubanoamericano y aunque algunos consideran que ese interés ha disminuido como resultado de los cambios sociales ocurridos en la misma, nadie puede asegurar que le resulta indiferente.

Antes, este interés se expresaba desde las posiciones más hostiles y resultaba un hecho común que cualquier candidato que pretendiera captar este voto, ya fuese republicano o demócrata, local o nacional, endureciera su discurso y prometiera actuar sin miramientos para “acabar con el gobierno de Castro”.

Las cosas ahora son bien distintas. Está demostrado que una mayoría creciente del electorado cubanoamericano apoya un mejoramiento de las relaciones con Cuba y ello ha repercutido en sus preferencias electorales a favor de los demócratas. Así ocurrió con Obama en 2012 e, incluso, en las últimas elecciones en la Florida, a pesar de que los republicanos ganaron la mayor parte de las contiendas.

No es entonces descabellado pensar que si la adopción de las reformas migratorias indica un patrón de conducta del presidente en los próximos dos años, un mejoramiento de las relaciones con Cuba pudiera estar entre sus decisiones. En definitiva lo justificarían las mismas razones:

  • Sería considerado por muchos –entre ellos un segmento relativamente importante del electorado norteamericano– como un acto valiente, inteligente y renovador, que fortalecería la imagen del presidente.
  • Facilitarían las relaciones con América Latina, especialmente ante la incómoda situación que tendrá que enfrentar Estados Unidos en la próxima Cumbre de las Américas, a celebrarse en Panamá en abril de 2015, donde es un hecho que Cuba estará invitada.
  • Incrementaría el potencial de electores cubanoamericanos a favor de su partido, en las elecciones de 2016.

El asunto, por tanto, no radica que analizar la importancia de Cuba para la política norteamericana, sino su valor simbólico, dentro de un conjunto de acciones que tienen el objetivo de expresar la voluntad de una de las tendencias que pujan por gobernar el país.

Claro está que, al igual que ocurre con las reformas migratorias, contra esta política hacia Cuba estarán los enemigos declarados del presidente, los cuales reniegan hasta del color de su piel. Nada de lo que haga alterara esta oposición, por lo que, a no ser que abdique, no tendrá otro remedio que enfrentarlos.

Partir de la lógica para comprender la política norteamericana es siempre un ejercicio intelectual arriesgado, pero resulta evidente que, en este y otros casos, Obama tiene la oportunidad de actuar en lo que paradójicamente resulta su escenario preferido: compulsado por las circunstancias y con riesgos perfectamente calculados.

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