Lluvia de estrellas


noche-calle-obispo-cubacontemporanea-dazra-novakPor Dazra Novak/CubaContemporánea

Dicen que cuando no hay luces en la ciudad, las estrellas se ven mejor. Quizás por eso, y también porque me dije: a mí sí que el apagón no, fue que me subí a la azotea aquella noche –en plenos años 90–, con colcha, sábanas y almohada listas para la aventura. Qué romántica aquella luna tan bonita, ¿verdad? Bajé, a las tres de la madrugada, al no poder aguantar más la mojazón de las colchas, de las sábanas, de toda mi ropa. Bajé, qué dolor… con la garganta cerrada.

Millones de penicilina y millones de bicicletas me asaltaron las noches siguientes, porque yo en esos años, allí donde debía aparecer una ovejita, contaba en su lugar una Forever Bycicle, y otra más, y otra. Cientos, miles, millones de bicicletas rumbo al trabajo, la escuela, la panadería, el agromercado, la playa. La usábamos hasta para ir al doblar de la esquina y la ciudad se llenó de parqueos y chapillas como mismo se nos llenaba el firmamento de…

De camellos, esos monstruos de dos jorobas que tenían una impensable capacidad para tragar decenas de pasajeros, y estremecieron durante un tiempo la ciudad entera y sus más viejas edificaciones. ¿Existía algo peor que quedar ante las mismísimas puertas de un M5 al no poder subir y tener que esperar horas por el siguiente? Sí, peor era que la puerta se cerrara de golpe, mientras intentabas bajar –o subir–, dejando atrás tu brazo, tu pierna, tu mano y el bolso. Esas puertas, sin necesidad de apagón, más de una vez me hicieron ver las estrellas.

Veo que ha sido el tuyo un sendero… estrellado –se burla mi letra, porque claro, a ella le tocó el esplendor de otros tiempos.

¿Acaso no tenemos hoy más que nunca, muchas, infinidad de estrellas? Actores, humoristas, pintores, locutores, escritores… y músicos, porque para los cubanos el ritmo es un don natural. Tan polifacética es nuestra estrella de hoy que tenemos artistas all inclusive, lo mismo cantan una canción, conducen un programa de televisión, escriben un libro (y se publica), que pintan un cuadro… (y se vende). Abren un negocio (y…).

No obstante, nunca olvidaré aquel ensayo social que me dejó varada, por mi fobia a la escuela al campo, ante la posibilidad de elegir escuela al terminar la secundaria, resultando a partir de allí mucho más engorroso y “estrellado” mi camino hacia la universidad. Y es que el camino de las estrellas puede ser doloroso, accidentado o lleno de sorpresas, como suele acontecerle, sobre todo en el mundo de los artistas, a los talentos naturales.

Claro que también está el que un buen día dice “me voy con mi música a otra parte”, y permuta de vida, de profesión, de provincia, de país, para seguir su estrella personal. Porque los sueños –la vida–, bien mirados, se parecen a ese fuego fatuo de un cuerpo celeste muerto, esa es la razón por la que a muchos nos tildan de locos cuando apostamos a una realidad que, dadas las condiciones, no parece posible llevar a hechos.

La misma razón por la que muchos, ahogados en el pesimismo o las malas experiencias, han desistido de encontrar la suya. Pero la cuestión de este lunes no es leer o no leer, la penicilina, la bicicleta, el camello, aquel ensayo social, la genialidad del artista all inclusive o el “me voy con mi música a otra parte”. Hoy pienso en mi estrella, esa que lo mismo me da dolor de garganta, me cierra muchas puertas en la cara o me hace escribir mientras me pregunto, de vez en cuando, cuánto tiempo alumbrará, hasta dónde y a quiénes llegará ahora mismo, pero sobre todo, después de que me haya ido.

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