Veracruz: Reconquistar la cima, ¿tarea del indio para Cuba?


Yuly 2Por: Harold Iglesias Manresa/ CubaContemporánea

De 1926 no recuerdo absolutamente nada, salvo los ecos de aquel arrasador ciclón y que fue el año del nacimiento de mi abuelo Aníbal, “Pipito” según la casi totalidad de sus hijos y nietos.

Puede que para muchos resulte intrascendente, pero no. Pipito prendió en mí la mecha de apasionado al deporte. Me llevó al Latinoamericano aquella tarde de 1986 en la que Agustín Marquetti blandió su bate de aluminio y le desapareció la pelota a Rogelio García. Retumbó el Cerro, buena parte de Cuba festejó y Pipito y yo al compás de otros tantos habaneros vitoreamos al zurdo Marquetti y a los Industriales de Pedro Chávez.

Claro, 1926 marcó igualmente la irrupción de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en el panorama deportivo de la región. Ciudad de México lo atestiguó, con la presencia de 269 concursantes en representación de los anfitriones, Cuba y Guatemala, pugnando en nueve disciplinas deportivas.

Aquella primera cita respondió a la iniciativa promulgada por la Sociedad Olímpica Mexicana en 1924, cuyo propósito era aumentar el nivel competitivo de los atletas de la región, una especie de versión regional de los Juegos Olímpicos. La más añeja, por cierto.

Desde ese lejano 1926 comenzó la rivalidad entre las “rancheras” y “el son” por la cúspide. Entonces los cuates, únicos con presencia en las 21 ediciones precedentes, reinaron, amparados en 25 títulos, 24 platas y 18 bronces, por 14-15-15 de nuestra representación.

Con el tiempo, el establecimiento de la concepción y la práctica del “deporte para todos” a raíz del triunfo de la Revolución cubana en 1959, y el desarrollo progresivo de nuestro movimiento deportivo, logramos asumir el liderazgo del área centrocaribeña -pese a las ausencias en Caracas 1959, San Salvador 2002 y Mayagüez 2010- con botín histórico de 1 629 oros, 823 platas y 614 bronces, por delante de México (1 120-1 109-976), Venezuela (508-703-808), Colombia (381-447-481) y Puerto Rico (308-462-647).

Escenarios y contexto

La de Veracruz, del 14 al 30 de noviembre, será la cuarta ocasión en la que los mexicanos organizan el certamen (anteriormente en 1926, 1954, y 1990, todas en el Distrito Federal).

Se estima acudan 5 700 deportistas en representación de 31 países del área, quienes batallarán en 46 disciplinas deportivas, 12 de ellas con cupos clasificatorios de cara a los Panamericanos de Toronto 2015.

Boca del Río, Xalapa, Tuxpan, Córdoba y Coatzacoalcos fungirán como subsedes en una competición que ha afrontado varias dificultades antes de subirse el telón, relacionadas con el presupuesto, el cumplimiento de los plazos y ejecución de las instalaciones y el alistamiento de la villa, al punto de que el comité organizador de los Juegos decidió que un buen número de los atletas se hospeden en hoteles.

En medio de esa vorágine organizativa, y a falta de poco más de un mes para el silbatazo inicial, los preseleccionados antillanos, que al decir de Norge Marrero, jefe de Alto Rendimiento del INDER, rondarán una cifra superior a los 530, intensifican su preparación para encarar otra cita calendariada de forma sui géneris, luego de los Panamericanos de Guadalajara 2011 (celebrados entre el 16 y el 30 de octubre).

La fecha, en consonancia con la época del año en que las variables climatológicas se comportan de manera más estable en suelo azteca, incidió en el hecho de que nuestros entrenadores y arquitectos tuvieran que rediseñar los planes y períodos de entrenamiento, alargar los ciclos y chequear de forma milimétrica cada una de las etapas, en función de alcanzar la óptima forma en el punto cero, a tono con la condición de compromiso fundamental del deporte cubano en el año y la intención de recuperar la cima, luego de la ausencia en la versión mayagüezana hace cuatro años.

El kid de la cuestión

Nuevo milenio, nuevos escenarios de confrontación, disímiles tácticas y estrategias dibujadas por gurúes de las más insospechadas latitudes al servicio del mejor postor, el fenómeno de la nacionalización que cobra auge a la orden del día.

Cuba no está ajena a ninguna de las perspectivas anteriormente enunciadas. Incluso la sapiencia y el servicio de nuestros entrenadores, sean cuales sean los términos, estarán presentes en muchos de los competidores en Veracruz.

La coyuntura de nuestros exponentes ahora será similar a la de Cartagena de Indias 2006, cuando reinaron con 138 cetros, 86 subtítulos y 61 terceros lugares, por delante de México (107-82-86), Colombia (72-70-77) y Venezuela (49-90-124).

Lo digo porque -al igual que ahora- entonces nos perdimos la versión anterior (entiéndase San Salvador 2002 y Mayagüez 2010).

Eso se traduce en que buena parte de la comitiva antillana patentará su estreno en la lid, con todo lo que la inexperiencia, la presión del debut y los rivales puedan incidir en su posible rendimiento.

Tampoco es un secreto el crecimiento experimentado por aztecas, venezolanos y colombianos, nuevamente en calidad de otros pesos pesados del área. Basta echar un vistazo al medallero de la justa boricua para constatar la paridad: México (127-125-123), Venezuela (116-106-99) y Colombia (104-84-74).

Justamente, próximo a los 120 vellocinos dorados está situado el pronóstico para los nuestros en pos de materializar el retorno a la cúspide centrocaribeña. En la posible materialización del objetivo devendrán cruciales los performances del atletismo, la lucha, el boxeo, el judo, el tiro deportivo, el remo y el canotaje, por solo citar algunas de las disciplinas de notable tradición y poderío.

Claro, no será cuestión de coser y cantar. A la condición de novatos de muchos de nuestros representantes en disciplinas individuales, se suma como realidad innegable la ausencia de roce competitivo de nivel, agudizada en el caso de los deportes colectivos. El Festival Panamericano funcionó en algunos casos como un bálsamo para ellos, sobre todo en aquellas modalidades donde el visado a Toronto 2015 constituyó un aliciente adicional.

Eso sin contar que de antemano habrá siete deportes (boliche, ciclismo BMX, ecuestre, golf, maratón de natación, rugby siete y squash) en los que no concurriremos a Veracruz. De ahí que, sin afirmar que constituirá la “tarea del indio” o una quimera reconquistar la cúspide del músculo en Centroamérica y el Caribe, la meta se antoje mucho más abrupta que en otras ocasiones.

La convergencia de diversas variables en Veracruz hace que la expectativa del pulso aumente, sobre todo con los anfitriones, los morochos y los cafeteros. Claro, cualquier individualidad o título de otra nación representará uno menos posible para los países que exhiben el cartel de contendientes o favoritos.

Los rubros estadísticos históricos indican que la apuesta para llenar las arcas debe ser, en el siguiente orden, para el campo y pista (287-215-160), el levantamiento de pesas (224-36-12), amén de que esta vez tendrán que batirse bien duro en la plataforma, y el tiro deportivo (152-96-60).

Un mes y medio y la mesa estará servida con disímiles manjares deportivos. Confiemos en que el danzón -y no la ranchera, el ballenato o el joropo- se convierta, a la altura del 30 de noviembre, en la música de fondo.

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