La Habana-Miami: apuntes de un buen negocio


sina-visadoPor: Aurelio Pedroso/Progreso Semanal

Hasta tanto no cese el prolongado pulso entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, ambos pueblos no podremos mirarnos con la mayor naturalidad de este mundo.
Entonces volverán, aunque con diferentes matices, aquellos viejos tiempos en que un cubano empleado de tal oficina, se tomaba el ferry hasta Cayo Hueso en cuestión de horas para pasar de compras y paseo el fin de semana, mientras que un gringo se acercaba en avioneta a los afamados baños medicinales de los Lagos de Mayajigua.

Páginas de una historia en que no era muy notable la diferencia entre lo que dejaban los norteamericanos en la isla y los cubanos en EE.UU. a pesar de la desigualdad de habitantes y extensión territorial.

Los alrededores de la funeraria de Calzada y K (antigua Rivero) poseen el abismal contraste entre la vida y la muerte. En la primera, se termina una vida, mientras que en sus aceras y pequeño parque frontal la lucha por ella toma dimensiones incalculables, dignas de formar parte de ese archivo muy bien denominado como lo “real maravilloso”.

En su momento, allá por los 90s una capilla tenía permanentemente un féretro vacío y unos muy singulares dolientes. Por determinado precio en moneda fuerte cuentan que al administrador ofrecía la comodidad de un sillón, servicios sanitarios, aire acondicionado y merienda a quienes debían aguardar no por la carroza fúnebre en horas de la mañana, sino por la fila y el turno para acceder al recinto diplomático.

Excepto los fines de semana, allí en el parquecito y alrededores se congregan cientos de personas para toda una serie de trámites migratorios ante la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, más conocida por sus siglas SINA y también como la “embajada americana” para aquellos que en su cultura, imaginación y deseos ya EE.UU puede tener en la isla una sede diplomática.

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Cubanos frente al la Oficina de Intereses en La Habana

Hoy, uno de cada diez
De los más enterados en todos esos pormenores se encuentran los parqueadores o aparcacoches. Si bien no se las saben todas, hay que reconocer que casi todas. No sólo ofrecen las acostumbradas garantías de seguridad para el vehículo, sino que preguntan a qué viene uno para acto seguido ofrecer una detallada y orientadora explicación con lo cual, a la hora de salida el pago por el servicio de vigilancia deberá llevar un agregado.

No hace más el curioso que penetrar a esa marea humana que se debate entre el nerviosismo, el sol y la sombra, y comienzan a llover las ofertas. Antes, por las aceras lo primero en aparecer son las propuestas de llenados de planillas, proceso que lleva incluida la foto de rigor. Se presentan dos opciones. Una de 10 CUC para salidas definitivas, y 20 CUC si se trata de una temporal. Casi al instante de conversación salta la propuesta de recibir comisión si se le llevan dos o tres casos. Es la respuesta a la competencia.

Este servicio lo prestan no menos de diez casas bajo la legalidad más absoluta y por la que deben aportar al fisco los impuestos correspondientes.

Bajo los almendros del parquecillo frente a la funeraria, una señora extrae del bolso una botella plástica con la etiqueta de Vino Seco y se empina profundo un buche amarillento que no es otra cosa que un refresco casero. Muy doctoral anuncia:

-Hoy están aprobando sólo uno por cada diez que se presentan.

Habla demasiado el cubano. Nadie le cuestiona la fuente, sino que se la enriquecen.

Según la posición que ocupen las personas en el lugar, serán las propuestas. Si ya se está en la prefila de entrada a la SINA serán los sobres transparentes (2 cuc) o meriendas completas que incluyen refresco frío y un bocadillo de jamón y queso.

Como está prohibida la entrada con celulares o artilugios similares, hay quienes brindan seguro resguardo para esos artículos, así como una entradilla al baño para evacuar tensiones a la espera de otras mayores cuando le nieguen o no el visado.

Pastelitos, caramelos, galletas y toda una suerte de confituras son ofrecidas con éxito porque parece ser que la intranquilidad abre el apetito, además de saber los vendedores que allí se congregan gentes que desde la noche anterior han llegado provenientes de provincia. De que hay que comer, lo sabe también la administración de la cafetería y, como pocas de ese giro en la capital, tiene la tablilla de ofertas inundada de opciones alimentarias.

No faltan en esa multitud, que pudiera rayar en las 600 ó 700 personas diariamente, los aficionados a las matemáticas. Son los que multiplican por 160 CUC (el cobro por servicios de la SINA otorguen o no la visa) hasta 500 para exponer que se embolsillan por día hasta 80 mil CUC.

Si al final conceden la visa, pues no pasa nada, pero si no la otorgan se sienten como apuñaleados al perder 160 CUC y de sus bocas no emergen flores ni agradecimientos para con el funcionario que denegó o dijo que no estaba claro ese interés turístico de visitar USA y que por tanto hasta otra ocasión.

Si hablar mal de alguien ocasionara dolores de oídos, la otitis sería crónica entre los funcionarios gringos.

Entre las tantas voces que se escuchan ofertando comodidades, no faltan la de los taxis particulares y pequeños restaurantes con comida caliente. Están tan “empapados” de lo que puede o no puede hacerse que algunos afirman categóricamente:

-Este es el jugo y la galleta que usted puede entrar a la embajada.

Algo que llama la atención entre tanto gentío es la calma y organización que reina en el lugar. Nadie está para discusiones y mucho menos broncas, aunque para evitarlas hay agentes policiales y de protección a sedes diplomáticas atentos al menor desorden.

A fin de cuentas, queda demostrado el carácter emprendedor del cubano y hasta esa picaresca de advertir en el llenado de planilla qué puede tener éxito y qué pude llevar a un rotundo no. Casi todos, bajo la Ley del autoempleo, “luchándola” sin sofocos de inspectores o policías.

Cada cual en lo suyo

Unos ganando y otros perdiendo, así de sencillo y hasta nuevo aviso. A sólo 200 metros de tan peculiar candonga migratoria, el enfrentamiento a la vida continúa. Un hombre joven acude a mi encuentro y sin preámbulo alguno dispara a boca de jarro:

-Pescado, pescado fresco.

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