#BuenaFe: el amor dentro del amor


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Texto: Roberto Ariel Lamelo/CubaContemporánea

Fotos: Progreso Semanal

Probablemente el señor René Hernández nunca haya ido a un juego de pelota en un estadio. Lo digo como referente. Yo aprendí a contar en la escuela, pero fue en un estadio de pelota donde aprendí a contar del cien pa´ arriba, y confundir 300 o 400 personas con 2500 casi 3000 denota, o poca cultura matemática a la hora de calcular la asistencia de público en una muchedumbre, o un deseo imperioso de mentir. No le quito su mérito: la infladera está de moda.

Probablemente Javier Serrano no sepa que es muy poco probable que un tsunami ocurra en el mar Caribe, o en el Estrecho de la Florida, así que su deseo de que se dé uno y que barra con la isla de Cuba y ahogue a todos los cubanos dentro de ella nunca suceda.

Probablemente ni uno ni el otro sepan que existió alguien llamado José Martí, porque cuando apenas se los mencioné tomaron la tangente, y encauzaron su diálogo hacia el manido discurso del Castro-comunismo, la dictadura en fin, ya lo sabemos.

Lo triste –que también puede ser doloroso si uno se enreda un poco en el discurso de la libertad de expresión– es que nadie entre los asistentes al concierto de Buena Fe ofrecido anoche 18 de septiembre en el Miami Dade Auditorium haya querido darme una declaración acerca del porqué estaban allí. Apenas, de lejos, manifestaron su deseo por la buena música y porque el arte –y el amor– inundara, cual ola de emoción, el aforo.

Política aparte, concierto dentro, veintitrés canciones –sin contar la que vino detrás de los gritos de otra, otra, otra, fueron más que suficientes para demostrar que hay Buena Fe para rato, sea en el lugar que sea, asista el público que asista, llueva –como anoche–, truene, del modo que truene, y caigan rayos y centellas de donde caigan.

No existe –dicen– otro modo mejor para sentar bases en el entendimiento entre los hombres que el arte. Dentro de esta manifestación, la música, una de sus hijas preferidas, lleva la voz cantante. Ya sabemos que los artistas a menudo con decir “pío” convocan más esfuerzos que un gallinero entero.

Buena Fe, anoche, fue el dueño de una parte de Miami. O más bien de toda, aunque por la tarde par de cubanos que me encontré –uno en el supermarket, y otro en una cafetería– no sabían ni hostia de lo que sucedería por la noche. Uno no puede guiarse ni por el tv, ni por las redes sociales. Hay personas, y muchas, dentro de esta ciudad, que apenas tienen ganas, o deseos, o tiempo, de estar detrás de una tv o de una computadora. Pero la proporción me asustó: dos de dos. Incluso, la chica que me sirvió el café en la cafeteria, bien joven y bella por cierto, nacida en Pinar del Río en 1988, tampoco sabía que Buena Fe tocaría anoche para el público de Miami.

No se pregunte usted si lo hicieron bien o mal. Buena Fe siempre toca como ellos saben hacerlo. Dice lo que apenas en este mundo de la letra fácil los autores pueden decir. Incluso, para hacer mejor la noche, hasta un chico le pidió de rodillas matrimonio a su novia mientras Israel y la banda le tocaban un intro. En ese instante de amor, de amor para siempre, jurado y bajo techo, me pregunté: ¿acaso existe algo mejor que esto: que el amor dentro del amor? Porque a Buena Fe puede acusársele de todo. Allá usted como quiera catalogarlos, pero no puede negar que aman a su público y se entregan a él –incluso afónico su voz líder anoche– y que entre ellos, y los sentados, o los de pie; entre cristianos y ateos, entre jóvenes amantes y viejos con titimanía, se establece un recurso de asociación muy difícil de superar y que solo quienes aman pueden descubrir.

Buena Fe entrega su música, ahora con trombones, ahora con imágenes del cine cubano, y la gente se para, aplaude, grita, tararea, grita viva Cuba, tira fotos, llora y, lo mejor de todo: sueña con una Cuba en la cúspide del orgasmo que se va elucubrando en sus neuronas.

Lo demás –por favor– déjelo usted a la historia. Ahora y aquí, lo que nos urge, es amarnos. Y que sea Buena Fe –y con muchísima buena fe– quien nos case.

Fotos del Concierto en el Miami Dade Auditorium

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