Un (dis)gusto caro


Foto: La autora

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Por: Katia Valdés Vallejo (kvallejo@uci.cu)

Llevábamos un año saliendo y nos iba genial, no podía ser mejor. Se acercaba la celebración y planeábamos hacerla única. Valoramos varias opciones y decidimos darnos el lujazo de una noche en un hotel en Varadero.

Ya yo conocía tres hoteles en Holguín –gratas experiencias en parte- y presumiendo que Varadero tenía más fama debían ser mejores las opciones occidentales. Resolvimos la reservación con su hermano –alguien de confianza- pues sabemos del prestigio de que los que reservan suelen solventar su dinerito extra subiendo los precios de las ofertas. Estábamos emocionadísimos pues pagar 80 cuc (40 por cada uno, 2 000 cup total) por una sóla noche para el cubano de a pie es inadmisible, aunque después allí nos dimos cuenta de la cantidad de cubanos que sí podían permitirse semejante gasto como si fuera ir a comer. Llegó el día, nuestras expectativas estaban infladísimas –al nivel del precio-. Ya estábamos en el punto de recogida, el ómnibus llegó con unos minutos de retraso –preocuparse si no hubiese sido así-.

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Ya en Varadero nos recibió una valla que decía ¨Lo que aquí se recauda es para el pueblo¨; se fueron repartiendo a los clientes por cada hotel reservado, el nuestro era uno de los últimos y estábamos muy ansiosos en llegar, planeábamos una velada inolvidable –y no nos equivocamos sólo que invertimos el sentido-. El hotel era pintoresco aunque le faltaba un poco de mantenimiento, los extranjeros -internacionales- tenían prioridad para el cheek in, los nacionales podíamos esperar el turno después de los privilegiados y nos percatamos la diferenciación de edificios a los que nos mandaban a los de moneda nacional. A pesar de eso la habitación estaba confortable, pero queríamos saber qué otros servicios se ofertaban para llenar el monto del precio.

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Existía un snack bar con cerveza dispensada que brindaba servicio también a los trabajadores del hotel, éstos consumían las bebidas y los sándwiches a la par de los clientes. El chef del snack despojaba sus partes íntimas de una curiosa comezón, y como resulta habitual en nuestro país los hombres pueden hacer alarde público de dicha situación muy naturalmente, incluso parece motivo de jactancia, en lo personal censuro el acto y habría que preguntarle al  resto de los turistas internacionales su criterio sobre el hecho. Vimos la piscina, sin que nos llamara mucho la atención.

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Queríamos ir a la playa pero gracias a la esmerada explicación del ¨botones¨ terminamos yendo a un mugre de playa que quedaba en la dirección opuesta a donde debíamos ir. Volvimos a pedir orientación y al fin llegamos a ¨Varadero¨. Preguntamos por las caretas de buceo y las patas de rana, los catamaranes y las bicicletas acuáticas, servicios que son incluidos en los hoteles de Holguín y nos respondieron que allí no era así, o sea, teníamos la playa y nada más. Esperamos la hora de la comida, la ansiada mesa bufet para los cubanos.  Sólo tres ofertas de plato fuerte y de estos uno con buena elaboración, poca variedad de alimentos y del servicio muchas quejas: el personal no estaba atento de cuándo se acababan los alimentos en el salón, los meseros metían las manos tanto para surtir como para llevarse en sus bolsillos, venían otros trabajadores, se servían y se sentaban a comer junto con los clientes.

Pasamos una noche aburrida sin nada más que hacer, no había más entretenimiento que el televisor con la única diferencia de estar con un par de canales extranjeros. La mañana siguiente continuó sin glorias, tan monótona. De osados entramos a la tienda en busca de pasta dental pues no habíamos llevado y tras el horror de encontrarlas en más de 3 cuc decidimos que un buen cepillado no dependía de ese agrego –como siempre me dijeron en la escuela-.

No sé si nos hicimos demasiadas expectativas, o si nos dejamos ilusionar que con el sacrificio que nos costó el pago, nos sería retribuido en alguna medida. Esperábamos una jornada de desconexión, de abstracción de los problemas y de la rutina nacional y obtuvimos un (dis)gusto muy caro.

Lo mejor del cuento –para cerrar con broche de oro- fue a la hora de la recogida cuando teníamos que dejar la habitación a las 12:00, pasada esa hora debíamos pagar recargo, el ómnibus debía recogernos a las 2:00 y de 12 a 2 no teníamos donde dejar los paquetes, teníamos que andar con ellos a cuestas. En ese horario almorzamos y nos sentamos en el lobby a esperar. Y fue larga la espera y la desinformación, a las 4:00 nos dirigimos a la carpeta en búsqueda de respuestas por el atraso y nadie podía ofrecérnosla, y ante nuestro disgusto por la situación nos dijeron que ya su parte del servicio para con nosotros había culminado, pues su responsabilidad era hasta las 12 del mediodía.

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O sea, estábamos en tierra de nadie. A las 6, hambrientos nos dirigimos nuevamente a la carpeta a decirles que por favor si el ómnibus llegaba –sin tener un aproximado de cuándo sería esto, si podía demorar media hora o 2 horas más- que nos avisaran, ya que íbamos a comer, y nos informaron que esa no era su responsabilidad. Acudimos al portero pidiéndole el mismo favor, no sin sentirnos totalmente humillados y lacerados moralmente. En lo que estábamos comiendo llegó la guagua y fueron a avisarnos. Abordamos en conjunto con otros clientes muy molestos que iban expresando su incomodidad. Ya a bordo la guía enfrentó las críticas -justificadas- salvando su responsabilidad y la de la agencia que representaba: Cubanacán, argumentando que toda responsabilidad era de Transtur y que ellos no tenían nada que ver con la demora, que la forma en que se habían expresado algunos clientes (coincidían con que estos iban acompañados de personas mayores y niños pequeños) no había sido la mejor y que estaban hablando sin ¨fundamentos ni conocimientos de causa¨, en fin el mancillado cuento de la ¨culpa es de la vaca¨. La guía agregó que no obstante cualquier queja que la formuláramos oficialmente en la oficina comercial para ellos engavetarla y hacer mención a la ¨vaca¨ –por supuesto esta última parte no salió de su boca-.

Las conclusiones: muchas expectativas, falta de todo lo demás.

2 comentarios en “Un (dis)gusto caro

  1. Amiga Katia muy divertido y triste tu artículo. Te recomiendo que investigues mas del asunto para que veas que es una recurrencia en estos casos, además no hay demanda que se pueda hacer no puedes hacer una crítica, sugiero para que culmines tu obra investigativa si lo vas hacer imprimas el artículo y se lo envías al Hotel por correo o se lo haces llegar
    para que tu veas como son las cosas tal vez hasta te dan días de sosiego por pago retribuido por los problemas presentados.

    • hola y gracias por tu comentario. conozco de otras críticas negativas de este mismo hotel y en las paginas web publicitarias tienen pésimos comentarios. eso de retribuir pago por problemas es otro nuevo reto de buenas practicas a implementar en todas las esferas de prestación de servicios en el país. tenemos que prestarle mayor atención a esta esfera dada la importancia en la economía cubana.

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