Alan Gross, Cuba, táctica política y riesgo.

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Juan Manuel Alvarez Tur (cubaxdentro@yahoo.es)

Ante la muerte de la madre de Alan Gross, el gobierno cubano tuvo dos opciones dada la muy específica iniciativa norteamericana de solicitar un permiso humanitario para que Gross pudiera asistir a los funerales.

Cuba lo denegó de manera clara a través de la Directora General de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores: “ni el sistema penitenciario cubano ni el norteamericano contemplan la posibilidad de que los sancionados internos viajen al exterior, cualesquiera que sean los motivos que se aleguen”.

Esto ya nos sirve para desmontar algo que ha estado circulando (y continuará) en Internet, acusando al gobierno cubano de “no ser recíproco” en franca alusión a los permisos que se le concedieran a René González ante situaciones lamentables como la que acaba de suceder alrededor de Gross. René se encontraba bajo otro régimen penitenciario para entonces, más flexible, ya no era un recluso interno, como sí lo es aún Alan, por lo cual no cabe la comparación en este caso. En cambio la situación por la que pasó Gerardo Hernández Nordelo ante la muerte de su madre sí está directamente conectada con la de Gross, al estar ambos cumpliendo su sanción penal con internamiento.

Ayer martes 18 de junio Jen Psaki, asistente de la portavoz del Departamento de Estado, fue interrogada sobre el asunto y lo que deseo destacar es su respuesta ante la siguiente pregunta: ¿Ustedes (se refiere a la administración Obama) tienen que proveer algunas garantías para asegurar su retorno a Cuba? Psaki respondió tajante: “No entraré en un nivel mayor de detalle en ese punto”. Antes, Psaki decía que la aceptación del permiso humanitario era un gesto (muy político y sentimental término) que el gobierno cubano debía conceder a Gross.

Acá entró a jugar una cuestión puramente táctica para Cuba, y en la cual la estrategia seguida estuvo supeditada a nuestros intereses y también a la historia de traiciones a los gestos positivos que hemos tenido respecto a Estados Unidos desde 1959, que no se conocen del todo. Pero además, ¿por qué Psaki no se refirió a las garantías que debe ofrecer su gobierno? Cuba podía, sí, mover ficha, y esperar que esto tuviera una repercusión positiva en los actores políticos de cara a una normalización de las relaciones, que es más enrevesada de lo que se piensa, porque los objetivos primarios de Estados Unidos para Cuba no han cambiado. Era un riesgo, y soberanamente todo parece indicar que se decidió no correrlo.

Deseamos que el asunto de Gross tenga una solución positiva, pero también tenemos nuestras aspiraciones y el gobierno de los Estados Unidos sabe a quiénes se enlazan ellas cuando hablamos de Gross. Algunos miembros del Congreso lo tienen muy claro. Al menos eso parece indicar esta frase con la que terminó una declaración del senador Patrick Leahy el pasado 8 de Abril al referirse, entre otras cuestiones, a la situación de Alan Gross y la solución a su caso: “Hay un camino para resolverlo, hay un amplio precedente para hacerlo, y es nuestro interés nacional”.

El punto clave está en que Estados Unidos abandone su obcecada postura de exigir desde lo alto. Esa postura también, lo sabe el senador Leahy, tiene un amplio precedente, y está lleno de fracasos.

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