Televisión Cubana: un problema aún sin resolver

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Por: Anabel Bugallo y Eileén Sanabria

El desarrollo de los medios de comunicación masiva (MCM) ha alcanzado en nuestros días valores antes impensables. La democratización tecnológica ha derivado en una consolidación de la massmediación a través del consumo, lo cual no ha hecho más que legitimar el rol protagónico de los medios en la configuración y reconfiguración simbólica de sus públicos.

En consecuencia, lo que se nos presenta hoy en día son sociedades imaginadas por los medios, los cuales han logrado envestir la vida en apariencias y configurar modos de vida y concepciones del mundo cuyo paradigma representativo es el american way of life y la opción ideológica y cultural de Occidente. Tal como apuntara Debord (1995), la nuestra es una sociedad del espectáculo, donde el espectáculo se confunde con la vida misma; los sujetos viven en el espectáculo y encuentran en él su razón de ser en el mundo. Y es en la televisión donde el espectáculo ha encontrado su más fiel aliada.

Basado en la máxima de que “para hablar al máximo de gente debe reducir las diferencias al mínimo, exigiendo el mínimo de esfuerzo decodificador y chocando mínimamente con los prejuicios socio-culturales de la mayoría”, la esencia de la política televisiva y el secreto de su éxito ha radicado en la homogenización de sus públicos. Como resultado, la televisión se encuentra mediando como nunca antes las relaciones sociales y la configuración sociopsicológica de los sujetos.

A ello se suma su capacidad para entretener e informar a sus públicos, y su rol innegable como agente de socialización, sobre todo de las nuevas generaciones, cuestión que nos coloca ante la necesidad de analizar los consumos audiovisuales de niños/as, adolescentes y jóvenes, así como plantearnos su educación crítica para la recepción como alternativa a los altos consumos televisivos.

En Cuba, el consumo de programación televisiva se encuentra entre las prácticas culturales cotidianas más recurrentes. De esta forma, el 94.3% de la población cubana mayor de 15 años ve televisión al menos una vez por semana; mientras que las cifras de los consumos televisivos diarios de niños/as y adolescentes son un tanto mayores. De hecho, con el desarrollo tecnológico, los niveles de consumo audiovisual diario (1) de la población infantil y adolescente ha ido considerablemente en aumento, de un 80.6% en el 2004 a un 94,6% en el 2014(2).

Si bien el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) se rige por una  política cultural que privilegia la formación de ciudadanos de acuerdo a los principios y valores socialistas, resulta paradójico que el 94% de la programación infantil es de origen foráneo, y de ella un 60% pertenece a producciones realizadas en EE.UU. (UNIAL, 2008), las cuales históricamente se han caracterizado por promover el individualismo, la competencia y el consumismo, esencias que lo alejan de los valores humanistas, comunitarios y solidarios que promueve el proyecto social cubano. En ese sentido, “el gran héroe de las ficciones es el hombre de negocios, y la meta, el ideal de recompensa, es la ascensión social”.

Si hacemos un análisis del contenido de la programación infantil, encontramos que el 72% de los personajes que se exhiben son blancos caucásicos, y los protagonistas viven en su mayoría en condiciones de clase media o alta. De igual modo, la representación de la diversidad étnica solo ocurre desde apariencias externas, y siempre desde un estereotipo de belleza establecido por el mercado. Por otro lado, si profundizamos en el análisis de género, el 80% de los protagonistas son masculinos, y el tratamiento dado a las figuras femeninas son desde estereotipos sexistas En cuanto a la construcción del héroe, son en su mayoría adultos (48.6%).

Sin embargo, este comportamiento no dista mucho del de las producciones nacionales destinadas al público adolescente y juvenil. Una investigación realizada por el Grupo de Estudios sobre Juventud del CIPS (2012), donde se realizaba un análisis de los programas Conexión y Quédate conmigo (3), arrojaba que el 82,8% de las personas invitadas a los programas eran blancas, así como los presentadores del mismo; mientras que sólo el 3% eran de piel negra. Igualmente, el contenido de los programas muchas veces reproducía estereotipos de género.

Asimismo, un análisis del programa humorístico Punto G, que contó con amplia teleaudiencia nacional, arrojó una fuerte presencia de estereotipos de género patriarcal. Así, la mujer es representada como objeto sexual (60%), resaltando su belleza física y el uso de indumentarias como relativo a la feminidad; mientras que al 93.3% los hombres analizados se le da un tratamiento de hombre fuerte y viril. En el 100% de los casos se presenta la pareja heterosexual como la hegemónica, en tanto de los 34 personajes analizados, el 91.2% eran de piel blanca (4).

Si nos movemos hacia el videoclip cubano, las investigaciones apuntan que las representaciones femeninas se hacen igualmente desde los cánones de belleza hegemónicos impuesto por el mercado. El uso de primeros y primerísimos planos para el tratamiento del cuerpo femenino como estrategia para resaltar su sensualidad y belleza, refuerzan la imagen de la mujer como objeto de deseo, mientras que en el caso de la representación masculina, aunque también resulta representativa la exaltación de los valores sexuales, la mirada del lente recae sobre la exaltación de su fortaleza física, privilegiando las partes del cuerpo masculino que dan cuenta de ello. De igual modo es la heterosexual la orientación sexual que predomina.

Por otra parte, la personalización de la violencia en el sujeto masculino, y la victimización del femenino constituyen temas recurrentes en el videoclip cubano. En ese sentido, son el género, lo marginal y la racialidad los ámbitos de representación de la violencia más referidos en los videos clips. Sin embargo, obras como las de X Alfonso y Bilko Cuervo han pluralizado la representación identitaria en el video clip cubano, en la medida que han privilegiado la representación de una otredad encarnada en personajes negros y mestizos, mujeres, adultos mayores en contextos marginales y de pobreza.

En resumen, la programación televisiva de la televisión cubana para niños, adolescentes y jóvenes, suele ser esencialmente de procedencia extranjera, sobre todo norteamericana, en la cual se recurre a la representación de los personajes desde estereotipos de género, raciales, étnicos, generacionales y de clase, y donde la felicidad y bienestar suelen asociarse al consumo y la tenencia de bienes materiales. En el caso de las producciones nacionales que se analizan, la construcción visual de presentadores/as y personajes de ficción sigue los mismos patrones hegemónicos: mujeres y hombres heterosexuales, representados desde estereotipos de género, de piel blanca, en su mayoría jóvenes y/o adultas/os. A ello se le suma que no siempre la programación nacional consta entre la preferencia del consumidor cubano.

Por lo tanto, si la estrategia para el desarrollo de la cultura de masa fue educar a la masa en el consumo, hoy las exigencias son otras. De lo que se trata entonces es de cambiar la relación entre el medio y la masa, de producir una relación dialógica que concilie los gustos y la oferta, pero cuyo primer paso debe estar orientado a la reeducación crítica de los públicos.

Foto: La Jiribilla

Foto: La Jiribilla

En ese sentido, las mediaciones constituyen un primer punto sobre el cual dirigir nuestra mirada, ya que son los distintos agentes mediadores los encargados de contribuir a la configuración y reconfiguración tanto de la interacción que se tenga con el medio, como del sentido alcanzado mediante el mismo.

La familia se comparte entre ser una primera comunidad de sentido y significados sobre el mundo, donde se comienzan a formar los individuos como sujetos sociales, y ser una unidad básica de audiencia televisiva. Esto último ha estado determinado sobre todo porque la televisión no sólo ha comenzado a hablarle desde sus propios códigos, sino que también se ha insertado en los tiempos y rutinas familiares, haciendo del consumo televisivo un ritual dentro de las prácticas familiares cotidianas.

Por lo tanto, consideramos de vital importancia el rol del contexto familiar en la formación de nuevas pautas de relación y consumo con los medios, ya que “mientras más rica y densa es una sociedad en estos grupos significantes, menor es la influencia relativa de la televisión”. En ese sentido, una buena mediación familiar en los públicos infantiles debería incluir el acompañamiento adulto durante la recepción mediática, la selección y discusión activa de los contenidos de la programación,  la organización espacio-temporal de la recepción respecto a los horarios de vida, etc.

Sin embargo, en muchos casos la familia no cuenta con los conocimientos y la preparación suficiente para realizar una mediación satisfactoria y desarrolladora entre sus hijos y lo que ven en la televisión, a lo que se suma que con frecuencia se deposita en la escuela la responsabilidad de la formación cognoscitiva y para la ciudadanía. Pero si de lo que se trata es que las nuevas generaciones desarrollen una nueva mirada y actitud ante los medios audiovisuales, que no es otra cosa que una nueva mirada y actitud hacia la vida, es la educación para la recepción televisiva y para la comunicación la respuesta.

Por lo tanto, la labor educativa estaría encaminada a proveer a los espectadores de los lentes adecuados para aprender a ver, aprender a reconocer y a valorar, y finalmente aprender a hacer, desde lógicas de emancipación social y cultural. De esta forma, no sólo se estaría potenciando la formación de sujetos activos ante el consumo audiovisual, con conciencia críticas de las desigualdades sociales, sino también se estaría intencionando su participación en la reconfiguración de los imaginarios sociales desde la creación audiovisual.

Esto adquiere mayor importancia en nuestros días, donde el desarrollo de la tecnología, y con ella, de la sociedad de información, ha derivado en la emergencia de un nuevo tipo de ciudadanía simbólica, en la que la comunicación global se encuentra pautando la participación social, y donde son las destrezas con el manejo de las nuevas tecnologías las que están definiendo el empoderamiento ciudadano.

Si particularizamos en Cuba, la Educación para la Comunicación no forma parte del contenido curricular de ningún nivel de enseñanza. Todas las prácticas o experiencias realizadas en la actualidad en nuestro país han sido actividades extraescolares o alternativas; y muchas de ellas han tenido una existencia efímera. El equipo UNIAL (5) desde hace 27 años y la Facultad de Comunicación a través de la labor realizada como parte de los trabajos de diploma, se han encargado de generar espacios de capacitación para los públicos infantiles y adolescentes, con el objetivo de potenciar el diálogo de las nuevas generaciones con los nuevos medios de creación audiovisual.

La experiencia de todos estos años ha demostrado que la educación de niños/as y adolescentes en los códigos audiovisuales ha demostrado ser una vía efectiva para su sensibilización y educación en torno a temáticas específicas como la educación ciudadana, los derechos de la niñez, la cultura urbana, la preservación del medio ambiente, la educación para la salud, la sexualidad, la memoria e identidad local, entre otros. Al mismo tiempo, ha facilitado el vuelo de sus potencialidades y capacidades creativas, el desarrollo de habilidades sociales y el discernimiento de problemas de su entorno, y de cómo son afectados por estos.

Por lo tanto, poder articular la educación para la comunicación con políticas concretas y espacios educativos, ya sea en el ámbito escolar,  comunitario o a través de los medios de comunicación masiva, constituye una necesidad y una condición para generar procesos democráticos y de emancipación social y cultural en un mundo cada vez más mediatizado por las lógicas del mercado capitalista mundial.

Tomado de: La Jiribilla

Notas

(1) Obsérvese que no se refiere solamente a los índices de consumo televisivo.

(2) Aunque estas investigaciones fueron realizadas en La Habana, consideremos que los resultados son representativos y extensibles al resto del país.

(3) Un dato importante que arroja la investigación es que ambos programas no se encuentran entre los de mayor preferencia del público joven, siendo superado por los índices de consumo de musicales y series extranjeras. Por lo tanto, no sólo hay una fuerte presencia de programación extranjera en la televisión cubana, sino que se esta última de encuentra entre la preferencia del público.

(4) Estos resultados son aún más alarmante si tomamos en consideración que el 50.8% de la población adulta de más de 15 años tiene a los humorísticos entre sus programas de preferencia, valores que al movernos hacia los adolescentes de 12 a 14 años, representan el 47% (Linares et al, 2010). De igual forma, otra realidad que no podemos pasar por alto es que cada vez más los niños/as están situando entre sus preferencias de consumo a la programación adulta (Sanabria, 2007; Torres, 2008).

(5) La Red Universo Audiovisual de la Niñez Latinoamericana y Caribeña o Red UNIAL nace en 1991 bajo la coordinación Pablo Ramos como resultado de la unión de voluntades y esfuerzos de diversas personas e instituciones que, desde los contextos latinoamericano y caribeño, intentaban impulsar proyectos de educación audiovisual, basados en el respeto de la creatividad, la libertad y la expresividad de niños, niñas y adolescentes latinoamericanos.

Referencias bibliográficas

1. Arregoitía, C.; Sanabria, E. y Sánchez, I. (2014). Las emociones y la televisión. Informe de investigación realizada en colaboración con el International Central Institute for Youth and Educational Televisión de Alemania (IZI).

2. Debord, G. (1995, 3ª Ed.). La sociedad del espectáculo. Chile: Ediciones Naufragio.

3. Domínguez, M.I., Rego, I., García, F. y Moretón, Y. (2012). Los medios de comunicación masiva y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. Su papel en la socialización de adolescentes y jóvenes. Informe de investigación del Grupo de Estudios sobre Juventud del CIPS.

4. Gordillo, L. (2008). Enfoques de género. Una aproximación a la presentación social de la feminidad y la masculinidad en el video clip cubano actual. Tesis de Licenciatura, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

5. Hopenhayn, M. (abril, 2001). Viejas y nuevas formas de la ciudadanía. Revista de la CEPAL 73, pp.117-128.

6. Linares, C., Rivero, Y., Moras, P.E. y Mendoza, Y. (2010). El consumo cultural y sus prácticas en Cuba. La Habana: Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

7. Martín-Barbero, J. (2001, 6ª Ed.) De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. México: Ediciones G. Gili, S.A.

8. Palancar, A. (2007). Otros en pantalla. Representación de la otredad en el video clip cubano para música rap. Tesis de Licenciatura, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

9. Ramos, P. & Poliakov, S. (1989). La educación cinematográfica: un reto. Revista Cine Cubano.

10. Ramos, P. & Sánchez, Y. (2004). Hábitos de Consumo Audiovisual en Niños y Adolescentes de la Ciudad de la Habana. Informe de investigación

11. Rivera, Y. (2006). Punto G: una mirada desde la perspectiva de género. Tesis en opción al grado de máster en Psicología Social y Comunitaria,  Facultad de Psicología, Universidad de La Habana.

12. Sanabria, E. (2007). Estudio de la influencia de las mediaciones familiares  en el impacto psicológico que tiene la recepción de telenovelas en un grupo de niños entre 7 y 9 años. Informe de investigación.

13. Torres, A. (enero-abril, 2008). Infancia, consumo y televisión: en la búsqueda del hilo de Ariadna. Revista Perfiles de la Cultura Cubana, no.01.

14. UNIAL (2008). Análisis de Programas de TV Infantil en 24 Países. Informe de investigación realizada en colaboración con el International Central Institute for Youth and Educational Televisión de Alemania (IZI).

15. Vidal, J.R. (2006). Medios y públicos: un laberinto de relaciones y mediaciones. La Habana: Editorial Pablo de la Torriente.

16. Villamañan, M. (2010). Representación social de la violencia en el videoclip cubano. Tesis en opción al grado de máster en Psicología Social y Comunitaria,  Facultad de Psicología, Universidad de La Habana.

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